La Real Audiencia de Quito

La institución que gobernó el actual Ecuador durante casi tres siglos: su fundación en 1563, la mita y los obrajes, la Escuela Quiteña y la crisis que abrió paso a la independencia.

Actualizado el 16 de agosto de 2026Publicado el 10 de agosto de 2026

Introducción

La Real Audiencia de Quito fue la institución que gobernó el actual territorio ecuatoriano, junto con partes del sur de Colombia y el norte de Perú, durante casi tres siglos de dominio español. Creada por real cédula de Felipe II el 29 de agosto de 1563, funcionó como tribunal de justicia y como gobierno político, militar y religioso hasta su disolución en 1822, cuando el territorio pasó a formar parte de la Gran Colombia.

La Audiencia no fue un reino independiente ni una nación en formación, aunque el jesuita Juan de Velasco la llamara más tarde «Reino de Quito» en su historia del siglo XVIII. Era una instancia judicial y administrativa subordinada, primero al virreinato del Perú y después, con interrupciones, al de Nueva Granada. Sin embargo, su lejanía de Lima y de Bogotá le dio en la práctica un grado considerable de autonomía: el presidente de la Audiencia y los funcionarios bajo su mando administraron el territorio con escasa supervisión directa del virrey durante buena parte de su historia.

Este artículo recorre la fundación de la Audiencia, su organización territorial y administrativa, la sociedad y la economía coloniales, el papel de la Iglesia y el arte religioso conocido como Escuela Quiteña, los conflictos que sacudieron el orden colonial y las reformas borbónicas que precipitaron su crisis final a comienzos del siglo XIX.

Ficha técnica

PeríodoColonial (1534–1822)
CreaciónReal cédula del 29 de agosto de 1563, Felipe II
Disolución1822, incorporación a la Gran Colombia
Primer presidenteHernando de Santillán (1564–1571)
SedeQuito
Jurisdicción virreinalVirreinato del Perú (1563–1717 y 1723–1739); Virreinato de Nueva Granada (1717–1723 y 1739–1822)
Territorio actualEcuador, sur de Colombia, norte de Perú
Base económicaTextiles de obraje, agricultura de hacienda, cacao costero, astilleros de Guayaquil
Fuentes principalesArchivo General de Indias (PARES); Ayala Mora, Enrique, Resumen de Historia del Ecuador; Andrien, Kenneth J., The Kingdom of Quito; Phelan, John Leddy, El Reino de Quito en el siglo XVII
Última revisiónAgosto de 2026

La conquista y la fundación de las primeras ciudades

Tras la ejecución de Atahualpa en Cajamarca en 1533, las huestes españolas avanzaron hacia el norte del antiguo Tahuantinsuyo. Sebastián de Belalcázar fundó Santiago de Quito cerca de la actual Riobamba el 15 de agosto de 1534, mientras Rumiñahui organizaba una resistencia que fue finalmente vencida. El 6 de diciembre de ese mismo año, Belalcázar ocupó el asentamiento de Quito y refundó la ciudad en su ubicación definitiva.

En los años siguientes se fundaron las principales ciudades hispánicas del territorio: Portoviejo y Guayaquil en 1535, Loja en 1548, Zaruma y Zamora en 1550, Cuenca en 1557. Cada una recibió un cabildo, institución de gobierno local que representaba los intereses de los vecinos españoles y que, en el caso de Quito, también fue sede del gobernador nombrado por el rey. Junto a las nuevas fundaciones se conservaron numerosos asientos indígenas, gobernados por sus propios caciques bajo supervisión española, lo que dio origen a la división colonial entre la llamada República de blancos y la República de indios.

La organización religiosa avanzó en paralelo. La diócesis de Quito se creó en 1545, con jurisdicción sobre un territorio que hoy corresponde al Ecuador, el sur de Colombia y el norte de Perú. Su primer obispo, García Díaz Arias, se posesó en 1550. Esta estructura eclesiástica precedió a la administrativa y, en buena medida, la Audiencia se organizó sobre un territorio muy similar al de la diócesis ya existente.

La creación de la Real Audiencia (1563)

La administración legal y política del territorio adquirió su forma definitiva el 29 de agosto de 1563, cuando Felipe II firmó en Guadalajara la real cédula que creaba la Real Audiencia y Chancillería de Quito. El decreto establecía un presidente, cuatro oidores que actuaban también como alcaldes del crimen, un fiscal, un alguacil mayor y el resto de oficiales necesarios, con sede en la ciudad de Quito.

El distrito asignado era extenso: partió de la provincia de Quito y se extendió a lo largo de la costa hasta el puerto de Paita, hacia el interior hasta Piura, Cajamarca, Chachapoyas y Moyobamba, e incluyó las poblaciones de Jaén, Valladolid, Loja, Zamora, Cuenca y Guayaquil. Hacia el norte llegó hasta Buenaventura, Pasto, Popayán, Cali y Buga, mientras que sus límites orientales quedaron abiertos hacia territorios entonces «no descubiertos» en la región amazónica. El primer presidente fue el licenciado Hernando de Santillán, quien se posesó en 1564.

La Audiencia funcionó formalmente subordinada al Virreinato del Perú, pero la distancia hasta Lima -varias semanas de viaje- le dio en la práctica un margen amplio de autogobierno. El presidente de la Audiencia concentraba funciones judiciales, administrativas y militares, y respondía ante la Corona con una autonomía de facto que el propio virrey no podía supervisar de cerca.

Mapa de la Real Audiencia de Quito trazado por Francisco Requena en 1779, con el territorio jurisdiccional que abarcaba desde la costa hasta el Marañón
Mapa que comprende todo el distrito de la Audiencia de Quito, construido por Francisco Requena en 1779 por orden del presidente José García de León y Pizarro. Dominio público, vía Wikimedia Commons.

Cronología

1534Fundación española de Quito.
1545Creación de la diócesis de Quito.
1563Real cédula que crea la Real Audiencia de Quito.
1592–1593Rebelión de las Alcabalas contra un nuevo impuesto al comercio.
1600–1730Auge de los obrajes textiles y consolidación de la mita.
1717Supresión de la Audiencia; su territorio pasa al nuevo Virreinato de Nueva Granada.
1720Restablecimiento de la Audiencia, otra vez bajo el Virreinato del Perú.
1739La Audiencia queda definitivamente bajo el Virreinato de Nueva Granada.
1765Rebelión de los Estancos contra el monopolio del aguardiente.
1767Expulsión de la Compañía de Jesús de los dominios españoles.
1778–1784Implantación del régimen de intendencias.
1809Primera Junta Suprema de Quito, el 10 de agosto.
1822Batalla de Pichincha; disolución de la Audiencia e incorporación a la Gran Colombia.

Esta cronología resume los hitos institucionales del período. Para el proceso específico de independencia, véase el artículo dedicado a la Primera Junta Suprema de Quito.

La sociedad colonial

Al cabo del primer siglo de dominio español, la sociedad de la Audiencia estaba organizada en una estructura fuertemente jerarquizada. En la cúspide se ubicaban los blancos, especialmente los peninsulares que ocupaban la burocracia civil y eclesiástica, los encomenderos, los obrajeros y los grandes comerciantes: ellos controlaban la producción, la circulación de bienes y el poder político tanto en la Audiencia como en los cabildos.

En la base se encontraban los pueblos indígenas, organizados legalmente en la llamada República de indios, que conservó elementos comunitarios propios y sus propias autoridades étnicas -los caciques- aunque asimiladas a la burocracia colonial para efectos de gobierno y recaudación de tributos. La defensa de las tierras comunales frente al avance de las propiedades españolas fue una de las luchas más constantes de estas comunidades a lo largo de todo el período colonial.

Entre ambos extremos se fue consolidando una población mestiza cada vez más numerosa, producto de las uniones entre españoles e indígenas, que ocupó oficios artesanales, religiosos y administrativos intermedios. Documentos de archivo conservados en el Archivo General de Indias registran además categorías como los «indios forasteros» -población desplazada de sus lugares de origen que negociaba individualmente sus obligaciones tributarias- y los «indios de la Real Corona», administrativamente organizados fuera de las encomiendas particulares.

Pintura de 1783 de Vicente Albán que retrata a un indio principal de Quito con traje de gala, rodeado de frutas y plantas de la Audiencia
Indio principal de Quito con traje de gala. La serie que Vicente Albán pintó en 1783 documenta los tipos sociales de la Audiencia y la flora de su territorio. Museo de América, Madrid, vía Wikimedia Commons (dominio público).

Economía colonial

La mita y los obrajes textiles

Desde finales del siglo XVI, la estrategia española de convertir a América en proveedora de metales preciosos generó una especialización regional dentro del imperio colonial. La Audiencia de Quito emergió como abastecedora de tejidos y alimentos para los grandes centros mineros de Potosí. La encomienda -el reparto de tributarios indígenas a un español- fue perdiendo peso hasta desaparecer, mientras se consolidaba la mita, institución de origen incaico reformulada por los colonizadores: un período de trabajo obligatorio que los indios varones adultos debían prestar, distribuido por la Corona entre obras públicas y particulares que requerían mano de obra.

Los mitayos trabajaron sobre todo en la producción textil y agrícola. Los obrajes -centros de elaboración de paños- se multiplicaron en la sierra norte y centro, convirtiendo a la Audiencia en uno de los polos productivos del imperio, aunque también en una economía vulnerable por su dependencia de un solo sector. El poder económico se concentró en manos de los grandes productores y comerciantes textiles, propietarios o arrendatarios de obrajes de la Corona.

El latifundio y el concertaje

Con la recesión de la industria textil a lo largo del siglo XVIII, la explotación agrícola ganó importancia y se aceleró la consolidación del latifundio como eje de la economía serrana, en buena parte a costa de tierras comunitarias compradas de forma forzada o simplemente usurpadas. Surgió entonces el concertaje: una relación formalmente voluntaria mediante la cual el trabajador indígena, endeudado con anticipos del hacendado, quedaba atado a la propiedad sin posibilidad práctica de abandonarla.

En la costa, en cambio, la segunda mitad del siglo XVIII trajo un notable auge de la producción y exportación de cacao, que insertó a la región en el mercado mundial de manera distinta a la sierra y comenzó a acelerar su crecimiento poblacional. Esta diferenciación regional entre una sierra latifundista y textil y una costa cacaotera y exportadora marcaría, ya en la República, buena parte de la vida política del país.

La Iglesia y la evangelización

La Iglesia estuvo firmemente integrada al aparato estatal colonial y ejerció un virtual monopolio sobre la vida ideológica de la sociedad. La burocracia eclesiástica no solo evangelizaba a la población indígena y educaba a los colonizadores, sino que, al imponer su cosmovisión como horizonte único, sirvió de fundamento ideológico al llamado «derecho de conquista». Con el tiempo, la Iglesia acumuló tanto poder económico que llegó a convertirse en el principal terrateniente de la Audiencia.

Fue también la institución con más recursos para promover la vida cultural. Entre los intelectuales más notables del período colonial se contaron clérigos y algunas religiosas, y las manifestaciones artísticas se desarrollaron bajo el patrocinio de los conventos, que demandaban obras de tema religioso destinadas a la evangelización.

Arte y cultura: la Escuela Quiteña

Entre el siglo XVII y bien entrado el XVIII, Quito y su jurisdicción se convirtieron en uno de los centros artísticos más importantes de América colonial, conocido hoy como Escuela Quiteña. Su desarrollo se apoyó en la mano de obra artesanal mestiza e indígena, que no se limitó a copiar modelos europeos sino que introdujo elementos propios en la pintura, la escultura y la arquitectura religiosas.

La imaginería en madera policromada alcanzó un desarrollo particularmente notable: entre sus figuras más reconocidas se cuenta el escultor Manuel Chili, conocido como Caspicara, activo en Quito a lo largo del siglo XVIII, cuyas obras se conservan hoy en la Catedral de Quito y en la iglesia de San Francisco. La producción de este período -pinturas, tallas, retablos y edificios conventuales- constituye uno de los legados más reconocibles de la sociedad colonial quiteña.

Interior barroco de la iglesia de San Francisco de Quito, con retablos dorados y artesonado, ejemplo del arte de la Escuela Quiteña
Interior de la iglesia de San Francisco de Quito, uno de los conjuntos donde mejor se aprecia la producción de la Escuela Quiteña. Fotografía de Diego Delso, 2015. Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).

Conflictos y rebeliones

El orden colonial no estuvo exento de tensiones abiertas. En 1592 y 1593, la Rebelión de las Alcabalas enfrentó a la población de Quito con la Corona por la aplicación de un nuevo impuesto al comercio local; el conflicto coincidió con un enfrentamiento entre el presidente de la Audiencia, Manuel Barros, de posturas más favorables a los indígenas, y un cabildo defensor de los intereses de los vecinos blancos.

Casi dos siglos después, en 1765, el establecimiento definitivo del estanco o monopolio de aguardientes, junto con un nuevo impuesto de aduana, provocó la Rebelión de los Estancos: un alzamiento de los barrios populares de Quito con actos de violencia contra las autoridades.

El protagonismo de los sectores urbanos populares en este episodio conmovió a la sociedad colonial, que en las mismas décadas fue sacudida además por una larga secuencia de levantamientos indígenas motivados por los impuestos y los abusos de las autoridades y los colonos. Las élites criollas y las autoridades españolas reprimieron estos movimientos con especial dureza, temerosas de que pudieran alcanzar las proporciones de las rebeliones lideradas por Túpac Amaru y Túpac Katari en el Perú y el Alto Perú.

Las reformas borbónicas y la crisis del siglo XVIII

El siglo XVIII se abrió en Quito con las noticias del cambio de dinastía en España y con enfrentamientos entre funcionarios de la Audiencia. En 1717, buscando ahorro y centralización administrativa, la Corona suprimió el tribunal de la Audiencia de Quito y adscribió su territorio al recién creado Virreinato de Nueva Granada. La medida abrió una etapa de inestabilidad: el nuevo virreinato fue suprimido pocos años después, la Audiencia se restableció en 1720 bajo el Virreinato del Perú, y finalmente quedó adscrita de forma definitiva a Santa Fe de Bogotá desde 1739.

La crisis económica que siguió a la supresión de la mita en los obrajes de comunidad en 1704, sumada a los vaivenes institucionales, generó un ambiente de descrédito de la autoridad que se agravó con los conflictos entre el poder civil y el eclesiástico. Entre 1728 y 1736 gobernó la Audiencia el presidente Dionisio Alcedo y Herrera, funcionario borbónico que intentó reformar la administración.

nnnn

Durante su gestión, hacia 1736, llegó a Quito la Misión Geodésica de la Academia Francesa, que venía a medir un meridiano terrestre y que, además de sus trabajos científicos, contribuyó a difundir ideas ilustradas entre la élite quiteña; el sabio riobambeño Pedro Vicente Maldonado colaboró estrechamente con ella.

En 1767 el presidente José Diguja ejecutó la orden real de expulsión de la Compañía de Jesús, que había acumulado inmensas riquezas y cuyos bienes pasaron a la Corona para luego venderse a particulares, reforzando el latifundio criollo. Bajo el presidente José García de León y Pizarro se implantó además el régimen de intendencias, que limitó las autonomías locales al concentrar el poder en funcionarios que respondían directamente a la Corona, aunque con el tiempo estas mismas intendencias perdieron fuerza frente al poder local.

La Ilustración quiteña: Velasco y Espejo

La segunda mitad del siglo XVIII trajo también una intensa agitación intelectual. El jesuita riobambeño Juan de Velasco, exiliado tras la expulsión de su orden, escribió su Historia del Reyno de Quito, obra que sentó las bases de una conciencia histórica propia y de la búsqueda de una identidad quiteña diferenciada de la española.

La figura más destacada de este despertar fue Eugenio de Santa Cruz y Espejo (1747-1795), hijo de un indígena y una mulata que logró superar las barreras de la sociedad colonial hasta doctorarse en Medicina y licenciarse en Jurisprudencia y Derecho Canónico en la Universidad de Quito.

Médico, escritor y editor del periódico Primicias de la Cultura de Quito, sostuvo que el conocimiento propio era «el origen de nuestra felicidad» y defendió el talento y la capacidad creativa de los artesanos quiteños frente al menosprecio con que a menudo se los describía desde Europa. Sus ideas y su activismo le costaron persecución, destierro y prisión; murió relativamente joven, poco antes del cambio de siglo.

Retrato de Eugenio de Santa Cruz y Espejo, médico y escritor quiteño de la Ilustración, detalle de un cuadro de José Cortés de Alcocer
Eugenio de Santa Cruz y Espejo (1747-1795), la figura central de la Ilustración quiteña. Detalle de un cuadro de José Cortés de Alcocer, según Luciano Andrade Marín. Wikimedia Commons (CC BY 4.0).

Velasco y Espejo representan un momento de definición inicial de la conciencia criolla quiteña: descendientes de españoles que ocupaban un espacio cada vez más dominante en la economía de la Audiencia, pero que seguían excluidos del poder político superior, reservado a funcionarios peninsulares.

Hacia la disolución de la Audiencia

Desde finales del siglo XVIII gobernó el barón Luis Héctor de Carondelet (1799-1807), que llevó adelante una política favorable a los criollos y encabezó gestiones para ampliar la autonomía de Quito, incluida la propuesta de crear una Capitanía General propia. Para comienzos del siglo XIX, las tendencias autonomistas eran evidentes: los criollos habían ampliado de forma considerable su poder económico, en especial mediante el latifundio, pero seguían excluidos del acceso al poder político superior.

La invasión napoleónica de la península ibérica en 1808 convirtió a las autoridades coloniales en representantes de un usurpador a ojos de buena parte de la élite criolla, lo que alimentó la idea de sustituirlas por juntas de gobierno propias. En Quito, un primer intento fue descubierto en 1808; un segundo esfuerzo culminó el 10 de agosto de 1809 con la instalación de la primera Junta Suprema, presidida por el marqués de Selva Alegre. Aquel episodio, sus antecedentes y su desenlace se desarrollan con detalle en el artículo dedicado a la Primera Junta Suprema de Quito.

La Audiencia sobrevivió aún más de una década bajo control español, hasta que la campaña libertadora culminó en la Batalla de Pichincha, el 24 de mayo de 1822. Con la victoria de las fuerzas patriotas, el territorio de la Audiencia se incorporó a la República de la Gran Colombia, poniendo fin formal a casi tres siglos de administración colonial española.

Conclusión

Durante casi tres siglos, la Real Audiencia de Quito fue la institución que dio forma administrativa, jurídica y territorial a lo que hoy es el Ecuador. Su historia no fue la de un gobierno uniforme ni estático: pasó de la conquista militar a la organización de cabildos y diócesis; conoció el auge y la crisis de su economía textil; sostuvo una sociedad profundamente desigual entre la República de blancos y la República de indios; vivió rebeliones populares e indígenas, la supresión y el restablecimiento de su propio tribunal, y finalmente una crisis de legitimidad que, tras la invasión napoleónica de España, abrió el camino hacia la independencia.

Comprender la Audiencia como institución -y no solo como escenario de los grandes episodios de 1809 y 1822- permite entender por qué el Ecuador republicano heredó tensiones regionales, sociales y económicas que venían gestándose desde el siglo XVI.

Fuentes y bibliografía

  • Ayala Mora, Enrique (coord.). Resumen de Historia del Ecuador. Corporación Editora Nacional, Quito.
  • Andrien, Kenneth J. The Kingdom of Quito, 1690-1830: The State and Regional Development. Cambridge University Press, 1995.
  • Phelan, John Leddy. El reino de Quito en el siglo XVII: la política en el imperio español. Banco Central del Ecuador, 2005.
  • Borchart de Moreno, Christiana. «Las reformas borbónicas en la Audiencia de Quito», en La Audiencia de Quito. Aspectos económicos y sociales (siglos XVI-XVIII). Banco Central del Ecuador / Abya-Yala, 1998.
  • Miño Grijalva, Manuel. La economía colonial. Relaciones socioeconómicas de la Real Audiencia de Quito. Corporación Editora Nacional, 1984.
  • Moreno Yánez, Segundo. Sublevaciones indígenas en la Audiencia de Quito: desde comienzos del siglo XVIII hasta finales de la Colonia. PUCE, 3.ª ed., 1985.
  • Lavallé, Bernard. «La Rebelión de las Alcabalas. Ensayo de interpretación», Cultura, revista del Banco Central del Ecuador, n.º 26.
  • Terán Najas, Rosemarie. Los proyectos del Imperio Borbónico en la Real Audiencia de Quito. Tehis / Abya-Yala, 1988.
  • Kennedy Troya, Alexandra (ed.). Arte de la Real Audiencia de Quito, siglos XVII-XIX. Patronos, corporaciones y comunidades. Nerea, Madrid, 1995.
  • Elliott, John H. «España y América de 1492 a 1808», en América Latina en la época colonial. Crítica, Barcelona, 2003.

Fuentes primarias

La reconstrucción de la vida institucional de la Audiencia se apoya en documentación de archivo conservada en el Archivo General de Indias (Sevilla), accesible a través del portal PARES (Portal de Archivos Españoles), entre ella expedientes del fondo QUITO relativos a informes de los presidentes de la Audiencia sobre asuntos de gobierno. La real cédula fundacional de 1563 está recogida en la Recopilación de Leyes de Indias (Libro II, Título XV, Ley 10).

Ver también

Seguir leyendo

Si esto te interesó, hay más

Avisamos por correo cuando sale una entrada nueva. Nada más: sin boletines semanales ni relleno.