La Rebelión de los Estancos (1765): la mayor revuelta urbana del siglo XVIII

En junio de 1765, un baile callejero terminó en la insurrección urbana más grande de la América española del siglo XVIII. Durante meses, los barrios populares de Quito gobernaron la ciudad, mientras las autoridades reales permanecían escondidas.

Actualizado el 7 de septiembre de 2026Publicado el 29 de agosto de 2026

Introducción

La llamada Rebelión de los Estancos, o Guerra de los Barrios, fue, según ha documentado el historiador británico Anthony McFarlane, la insurrección urbana más grande, más significativa y de mayor duración registrada en toda la América española durante el siglo XVIII. Estalló en Quito en junio de 1765, y durante meses el gobierno real quedó prácticamente suspendido, reemplazado por una administración informal en manos de los propios habitantes de los barrios populares.

El detonante inmediato fue tan pequeño como revelador: un baile callejero, una mujer azotada por bailar con quien no debía, y una noche de disparos que encendió una ciudad entera. Detrás de esa chispa había una tensión mucho más profunda, generada por una reforma fiscal que amenazaba el negocio más lucrativo de Quito: el aguardiente.

Este artículo recorre el origen fiscal del conflicto, la noche en que estalló, los meses de gobierno popular que siguieron, y las consecuencias que la rebelión dejó tanto en el terreno militar como en el debate historiográfico sobre sus vínculos con la independencia.

Ficha técnica

Fecha centralJunio de 1765
Nombre alternativoGuerra de los Barrios de Quito
Causa fiscal inmediataAdministración directa del estanco de aguardiente y las alcabalas, ordenada por el virrey Pedro Messía de la Cerda en 1764
Funcionario blanco de las protestasEl fiscal José de Cistué
Duración del gobierno informal de los barriosVarios meses, en la segunda mitad de 1765
Consecuencia militarPrimera guarnición militar profesional permanente en la región
Fuentes principalesFreile, La Revolución de los Estancos; Rodríguez, «La Rebelión de los Barrios», Procesos, Universidad Andina Simón Bolívar
Última revisiónAgosto de 2026

El estanco del aguardiente: la chispa fiscal

En 1764, el virrey de Santa Fe, Pedro Messía de la Cerda, decidió que el rendimiento fiscal de Quito era demasiado bajo, y ordenó convertir en administración directa —fiscal— el cobro de las alcabalas y del estanco de aguardiente, hasta entonces arrendado a particulares. Envió a un funcionario español radicado en Santa Fe, Juan Díaz de Herrera, para hacerse cargo de la nueva administración.

El aguardiente era, en efecto, el negocio más rentable de la ciudad: había alambiques en casi todas las haciendas e innumerables pulperías donde se vendía. Los productores locales, afectados directamente por la reforma, lanzaron el rumor de que el aguardiente administrado por el Estado estaba envenenado, y promovieron el descontento entre los barrios populares.

Fachada de la iglesia de la Compañía de Jesús en Quito, cuyo colegio sirvió de resguardo para caudales durante la Rebelión de los Estancos de 1765
La iglesia de la Compañía de Jesús, Quito. Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).

La noche del baile

La chispa que encendió la rebelión fue, en apariencia, un incidente menor. La noche del 24 de junio de 1765, un grupo de mestizos organizó un baile callejero en la calle del Mesón, la actual calle Maldonado, con guitarras y vihuelas, como era costumbre ante la falta de locales dedicados a ese fin. Entre ellos bailaba una mujer blanca de condición humilde.

Una ronda española que patrullaba la zona consideró intolerable que una mujer blanca bailara con mestizos, y procedió a azotarla en el mismo lugar. La indignación fue inmediata: el cronista Pedro Fermín Cevallos dudaba de que hubiera existido siquiera una razón legítima para el castigo. Los presentes protestaron, los españoles dispararon contra la multitud, y esa misma noche comenzaron los incendios que arrasarían la casa de la aduana.

Semanas sin gobierno real

Lo que comenzó como un tumulto callejero escaló, en los meses siguientes, hacia algo mucho mayor. Miles de habitantes de los barrios populares tomaron las calles, atacando tanto la propiedad real como a los funcionarios encargados de administrarla. El fiscal Cistué, señalado como principal responsable de la reforma, puso a resguardo tres mil libras de plata en el colegio de la Compañía de Jesús, convencido de que ningún amotinado se atrevería a atacar a los jesuitas.

Durante la segunda mitad de 1765, el gobierno real quedó virtualmente suspendido: las autoridades de la Real Audiencia permanecieron escondidas, y el control efectivo de la ciudad pasó a manos de una administración informal organizada por los propios habitantes de los barrios. Fue, según describe McFarlane, un episodio sin precedentes en la América colonial del siglo XVIII: una ciudad entera gobernándose a sí misma durante meses, al margen de la Corona.

Plaza de San Francisco en el centro histórico de Quito, escenario del Quito colonial de la época de la Rebelión de los Estancos
La Plaza de San Francisco, en el centro histórico de Quito. Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0).

Las exigencias y la rendición de la Audiencia

Los amotinados no se limitaron a la violencia: articularon exigencias concretas, entre ellas la supresión del estanco de aguardiente y el perdón general para todos los sublevados. Los oidores, todavía escondidos, aceptaron esas condiciones, y el virrey de Santa Fe terminó por confirmarlas. El estanco fue suprimido; las alcabalas, sin embargo, se mantuvieron, y con ellas la animadversión latente entre criollos y peninsulares.

El propio virrey llegó a proponer una medida drástica: extinguir la Real Audiencia de Quito y convertirla en un gobierno militar dependiente directamente de Santa Fe, ante la evidente incapacidad de sus autoridades para controlar la situación. La propuesta no prosperó, pero anticipaba, de forma sorprendente, el proceso de desmembramiento territorial que décadas después documentarían las reformas borbónicas de finales de siglo.

La Rebelión de los Estancos: un antecedente disputado de la independencia

La rebelión dejó una consecuencia militar concreta: por primera vez, la Corona se vio obligada a mantener en la región un cuerpo de ejército profesional permanente, en lugar de las milicias decorativas que hasta entonces habían bastado para mantener el orden. Los historiadores discuten todavía si el episodio fue, además, un antecedente genuino del proceso independentista de 1809: algunos ven en él la primera fisura permanente dentro del bloque colonial, que uniría más tarde a fracciones criollas con las clases populares; otros lo consideran un estallido fiscal aislado, sin conexión directa con los sucesos de dos generaciones después.

Lo que ningún historiador discute es su escala. Fue, durante casi un siglo, el mayor desafío que una ciudad colonial española planteó a la autoridad real sin llegar a romper formalmente con la Corona.

Cronología

1760Pedro Messía de la Cerda asume como virrey de Santa Fe.
1764El virrey ordena la administración fiscal directa del estanco de aguardiente y las alcabalas en Quito.
Junio de 1765Un incidente en un baile callejero desata la rebelión; se incendia la casa de la aduana.
Segunda mitad de 1765Los barrios populares controlan la ciudad; las autoridades reales permanecen escondidas.
1765Los oidores aceptan suprimir el estanco y perdonar a los sublevados; el virrey confirma el acuerdo.
1767Cartas y festejos documentan el restablecimiento de la paz en la ciudad.
Décadas despuésLa rebelión se convierte en objeto de debate historiográfico sobre su relación con la independencia de 1809.

Conclusión

La Rebelión de los Estancos suele quedar eclipsada, en los relatos generales sobre la Colonia, por episodios posteriores más conocidos, como la propia independencia de 1809. Pero durante varios meses de 1765, una ciudad entera de la América española dejó de obedecer a la Corona sin que nadie proclamara todavía la independencia: los barrios de Quito se gobernaron a sí mismos, impusieron sus condiciones a una Audiencia escondida, y obligaron a España a militarizar de forma permanente un territorio que hasta entonces había confiado en milicias de adorno.

Sea o no un antecedente directo de 1809, la rebelión demuestra algo que las fechas oficiales de la independencia tienden a ocultar: la autoridad colonial española en Quito ya se había puesto a prueba, y había fallado, más de cuatro décadas antes de que la ciudad proclamara formalmente su ruptura con España.

Fuentes y bibliografía

  • Freile, Carlos. La Revolución de los Estancos. Cuadernos de Divulgación Cívica.
  • Rodríguez, Anna María. «La Rebelión de los Barrios», Procesos. Revista Ecuatoriana de Historia, n.º 34, Universidad Andina Simón Bolívar, II semestre de 2011, pp. 95-120.
  • McFarlane, Anthony. Insurrección popular y rebelión de masas en la América colonial. Universidad de Warwick.
  • Velasco, Juan de. Historia del Reino de Quito, vol. II. Cajica, Puebla, 1961 [1789].
  • Minchom, Martin. The People of Quito, 1690-1810. Westview Press, Boulder, 1994.
  • González Suárez, Federico. Historia general de la República del Ecuador, tomo II.

Fuentes primarias

Los documentos del Archivo General de Indias, sección Quito, incluyendo la correspondencia del oidor decano Manuel Rubio de Arévalo con el virrey de Santa Fe, el informe del presidente Zelaya sobre la administración de aguardientes de 1767, y la representación de los propios participantes en la Guerra de los Barrios dirigida al virrey en 1765, documentan de manera directa el desarrollo del conflicto. La crónica de Pedro Fermín Cevallos, contemporánea a la generación siguiente de los hechos, es la fuente narrativa más detallada sobre la noche del incidente que desató la rebelión.

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Sobre quien escribe

Jefferson

Soy docente en Ciencias de la Educación, con mención en Ciencias Sociales, y ejerzo la docencia desde 2020 tanto en el sector público como privado. La historia universal ha sido una pasión constante en mi vida, y de ahí nació la inquietud detrás de este proyecto: en años de investigar y recopilar información sobre la historiografía de mi país, me encontré una y otra vez con datos dispersos, imprecisos o directamente erróneos circulando en la red.

Ecuador en la Historia nace de esa necesidad —reunir en un solo espacio una historiografía rigurosa, verificable y bien fundamentada— y también de dos pasiones que confluyen aquí: mi fascinación por un pasado que encuentro tan misterioso y mitológico como desafiante, y mi interés por el futuro: la tecnología y las nuevas metodologías para investigar, organizar y compartir el conocimiento histórico.

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