La mita, los obrajes y la economía colonial

Cómo funcionó la economía de la Audiencia de Quito: el trabajo forzado de la mita, los obrajes que abastecían Potosí, las demandas de los caciques y el paso al concertaje.

Actualizado el 15 de agosto de 2026Publicado el 11 de agosto de 2026

Introducción

Desde finales del siglo XVI, la Real Audiencia de Quito dejó de ser un territorio recién conquistado para convertirse en una pieza especializada dentro del imperio colonial español: la abastecedora de tejidos y alimentos para los grandes centros mineros de Potosí. Esa especialización definió durante siglo y medio la vida económica del territorio, y con ella la forma concreta que tomó la explotación del trabajo indígena.

Dos instituciones organizaron ese sistema: la mita, un turno de trabajo obligatorio distribuido por la Corona, y el obraje, el taller donde se elaboraban los paños. Cuando la industria textil entró en crisis durante el siglo XVIII, el eje se desplazó hacia la hacienda y apareció el concertaje, una forma de sujeción por deuda que se prolongaría hasta bien entrada la República.

Este artículo examina cómo funcionaban esos mecanismos, quiénes se beneficiaban de ellos y cómo respondieron quienes los soportaban. Buena parte de lo que sabemos procede de los propios documentos que los caciques indígenas dirigieron a las autoridades coloniales, que son a la vez fuente histórica y prueba de que el sistema fue disputado desde dentro.

Ficha técnica

PeríodoFinales del siglo XVI a comienzos del XIX
Institución inicialEncomienda (siglo XVI), suprimida progresivamente
Institución centralLa mita, de origen incaico, reformulada por los colonizadores
Producción principalPaños de lana y algodón; alimentos
DestinoCentros mineros de Potosí y mercado interno virreinal
Zona obrajeraSierra norte y centro; Riobamba, Latacunga, Otavalo, Quito
Reformas claveVirrey Francisco de Toledo (1569-1581); supresión de la mita en obrajes de comunidad (1704)
Fase tardíaRecesión textil, auge del latifundio y del concertaje; cacao costero
Fuentes principalesAyala Mora, Enrique, Resumen de Historia del Ecuador; Miño Grijalva, Manuel, La economía colonial; documentación caciquil de Riobamba, siglo XVIII
Última revisiónAgosto de 2026

Del encomendero al mitayo

La institución del primer siglo colonial fue la encomienda, tratada en el artículo sobre la conquista. Durante el gobierno del virrey Francisco de Toledo en el Perú (1569-1581) se realizaron reformas administrativas y fiscales de fondo que consolidaron el poder colonial en todo el virreinato y en la Audiencia de Quito.

La estrategia española de convertir a América en proveedora de metales preciosos generó una especialización regional dentro del imperio. La Audiencia de Quito emergió como abastecedora de tejidos y alimentos para Potosí. La encomienda fue perdiendo importancia hasta ser suprimida, y se consolidó el mecanismo básico de la nueva organización económica: la mita.

Vista del Cerro Rico de Potosí, en Bolivia, sobre la ciudad, el mayor centro minero de plata del imperio español
El Cerro Rico de Potosí, en la actual Bolivia. La demanda de tejidos y alimentos de sus centros mineros definió la especialización económica de la Audiencia de Quito. Fotografía contemporánea, Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).

Cómo funcionaba la mita

La mita era una institución de origen incaico reformulada por los colonizadores. Consistía en un determinado tiempo de trabajo obligatorio que los indígenas varones adultos tenían que realizar. La Corona distribuía ese tiempo, reservándose parte de los mitayos para obras públicas y entregando los demás a los colonos españoles que requerían mano de obra.

Un rasgo del sistema merece atención porque suele malinterpretarse: aunque el trabajo era forzado, tenía que pagarse un salario. La razón no era protectora sino fiscal. El salario garantizaba al Estado que los indígenas dispusieran de recursos para pagar el tributo. Dicho de otro modo, la Corona necesitaba que el trabajador tuviera dinero precisamente para poder quitárselo después por otra vía.

El acceso a mitayos era, en la práctica, uno de los objetos de negociación más importantes en cada localidad. En el siglo XVIII se llamaba «indios quintos» a los tributarios entregados por quintos -un veinte por ciento del total- por los caciques a los administradores o corregidores, para ser destinados a los españoles y criollos que habían logrado acceder a esa fuerza de trabajo.

Los obrajes

Los mitayos trabajaban principalmente en la producción textil y en la agricultura. Los obrajes -centros de elaboración de paños- se desarrollaron enormemente, de manera especial en la sierra norte y centro. La Audiencia de Quito se transformó así en uno de los polos dinámicos del imperio colonial español, con una actividad productiva y de intercambio especializada.

Esa especialización tuvo un costo que conviene subrayar: hizo a la economía sumamente vulnerable. Depender de un solo sector significaba que cualquier crisis de la demanda minera o cualquier competencia externa se transmitiría directamente a todo el territorio, como efectivamente ocurrió en el siglo XVIII.

El poder económico se concentró en manos de los grandes productores y comerciantes de textiles, que manejaban obrajes propios o alquilaban los de la Corona. Existían obrajes de particulares y obrajes de comunidad, y esa distinción resultaría decisiva: la supresión de la mita en los obrajes de comunidad, en 1704, abrió una crisis económica que se sumó a los vaivenes institucionales del siglo XVIII.

Pintura de 1783 de Vicente Albán que retrata a un indio principal de Quito con traje de gala, rodeado de frutas y plantas de la Audiencia
Indio principal de Quito con traje de gala, por Vicente Albán (1783). Los caciques y principales ocupaban una posición intermedia: eran a la vez autoridades étnicas y engranajes de la recaudación colonial. Museo de América, Madrid, vía Wikimedia Commons (dominio público).

Metrópoli y colonia

Se definió así una relación de explotación entre metrópoli y colonia en la cual las riquezas producidas iban en parte a manos de los grupos dominantes locales y fundamentalmente a alimentar el funcionamiento de la economía española, que a su vez era crecientemente dependiente de los centros más dinámicos de la manufactura y el comercio europeos.

El matiz importa: España no era el destino final de esa riqueza sino un intermediario cada vez más subordinado. La economía de lo que hoy es el Ecuador estaba, ya desde esta época, influida de forma directa por su inserción en la economía internacional, y determinada estructuralmente por el hecho colonial.

La voz de los caciques

Una de las fuentes más reveladoras sobre el funcionamiento real del sistema son las peticiones que los caciques dirigieron a las autoridades. La documentación del corregimiento de Riobamba en el siglo XVIII permite reconstruir con detalle poco habitual las quejas y las demandas concretas.

Los caciques comparaban los bajos salarios indígenas frente a tasas tributarias muy altas: seis pesos para los indios de hacienda y ocho para los pertenecientes a obrajes de las caducas encomiendas, las más elevadas de la Audiencia. Denunciaban que las haciendas retenían a los indígenas hasta treinta años en nombre de los llamados socorros -adelantos que generaban una deuda impagable- y describían situaciones extremas entre los mitayos sometidos a ese régimen.

Sus peticiones eran concretas: elevar el salario de los concertados de quince a veinte pesos; entrega de huasipungos, bueyes, semillas y herramientas; un día de descanso además del domingo; que las haciendas no retuvieran a los indios, sino que estos regresaran a los pueblos para que los caciques pudieran organizarlos; y que los forasteros -que componían alrededor del cincuenta por ciento de la población asentada en Riobamba- entraran también en el sistema de sorteos para igualar las obligaciones de los llactayos.

Y advertían al Estado que, de no atenderse sus peticiones, desertarían de los pueblos, dejarían sus cargos y se ausentarían. Es una amenaza creíble: sin caciques no había recaudación ni reparto de mitayos. La lección que extraían era que con el Estado colonial había que transar políticamente, negociando, presionando y amenazando.

Llactayos, forasteros y la erosión del cacicazgo

Estos documentos revelan una fractura interna dentro de la propia población indígena que la historia general suele pasar por alto. Los llactayos eran los indios originarios de la tierra, pertenecientes a cacicazgos y administrados por caciques de antiguas familias étnicas. Pagaban tributo mediante su inserción en los obrajes y su propia economía familiar, y una parte de ellos había conservado cierto acceso a la tierra pese a que buena porción de su territorio fue apropiada por hacendados y estancieros.

Los forasteros, en cambio, eran población desplazada de sus lugares de origen que negociaba individualmente sus obligaciones: pagaban tres pesos de tributo y en ocasiones nada, y quedaban fuera del sistema de sorteos. Los llamados indios de la Real Corona equivalían, en la segunda mitad del siglo XVIII, a forasteros organizados.

El efecto combinado fue la erosión del poder caciquil: las haciendas restaban autoridad a los caciques al retener a su gente, y los forasteros se adeñaban de tierras de los llactayos mediante distintas estrategias mientras tributaban mucho menos. Huir del pueblo de origen era, para el trabajador indígena, una forma racional de reducir su carga fiscal, aunque desarticulara la comunidad de la que procedía.

Del obraje a la hacienda: el concertaje

Con la recesión de la industria textil a lo largo del siglo XVIII, la explotación agrícola ganó importancia y se aceleró la consolidación del latifundio como eje de la economía serrana, en buena parte a costa de tierras comunitarias compradas de forma forzada o simplemente usurpadas.

Surgió entonces el concertaje: una relación formalmente voluntaria mediante la cual el trabajador indígena, endeudado con anticipos del hacendado, quedaba atado a la propiedad sin posibilidad práctica de abandonarla. El huasipungo -la parcela cedida al concierto para su sustento- formó parte de ese arreglo.

La diferencia con la mita es de forma más que de fondo: donde la mita obligaba por mandato administrativo y por turnos, el concertaje ataba por deuda y de manera indefinida. Esa segunda fórmula resultó más duradera, y sobrevivió a la independencia y a buena parte del siglo XIX republicano.

En la costa, mientras tanto, la segunda mitad del siglo XVIII trajo un notable auge de la producción y exportación de cacao, que insertó a esa región en el mercado mundial de una manera distinta y aceleró su crecimiento demográfico. La divergencia entre una sierra latifundista y una costa exportadora marcaría después buena parte de la vida política republicana.

Cronología

1569-1581Reformas del virrey Francisco de Toledo; consolidación fiscal y administrativa.
Fines del siglo XVIDeclive de la encomienda; consolidación de la mita.
1592-1593Rebelión de las Alcabalas contra un impuesto al comercio local.
Siglo XVIIAuge de los obrajes en la sierra norte y centro.
1704Supresión de la mita en los obrajes de comunidad; inicio de la crisis.
Siglo XVIIIRecesión textil, expansión del latifundio y del concertaje.
Segunda mitad del XVIIIAuge del cacao en la costa; divergencia regional.
1765Rebelión de los Estancos por el monopolio del aguardiente.

Conclusión

La economía colonial de la Audiencia de Quito no fue un sistema estático de opresión uniforme, sino una maquinaria fiscal y productiva que cambió de forma varias veces: encomienda, mita, concertaje. Cada transformación respondió a un ajuste del sistema imperial -la demanda de Potosí, la crisis textil, el auge del cacao- y en cada una la carga recayó sobre la misma población.

Lo que las peticiones caciquiles añaden a ese cuadro es decisivo: los indígenas no fueron solo objeto del sistema. Lo conocían en detalle, calculaban sus tasas, comparaban sus cargas con las de otros grupos y negociaban con el Estado colonial usando la única palanca que tenían, que era su propia indispensabilidad. Leer la economía colonial sin esas voces la convierte en un mecanismo abstracto; leerlas con ellas la devuelve al terreno de un conflicto entre partes desiguales pero activas.

Fuentes y bibliografía

  • Ayala Mora, Enrique. Resumen de Historia del Ecuador. Corporación Editora Nacional, Quito.
  • Miño Grijalva, Manuel. La economía colonial. Relaciones socioeconómicas de la Real Audiencia de Quito. Corporación Editora Nacional, 1984.
  • Borchart de Moreno, Christiana. La Audiencia de Quito. Aspectos económicos y sociales, siglos XVI-XVIII. Banco Central del Ecuador / Abya-Yala, 1998.
  • Moreno Yánez, Segundo. Sublevaciones indígenas en la Audiencia de Quito. PUCE, 3.ª ed., 1985.
  • Powers, Karen Vieira. Prendas con pies. Migraciones indígenas y supervivencia cultural en la Audiencia de Quito. Abya-Yala, Quito, 1994.
  • Ponce Leiva, Pilar (comp.). Relaciones Histórico-Geográficas de la Audiencia de Quito, siglos XVI-XIX. Marka / Abya-Yala, Quito, 1994.
  • Andrien, Kenneth J. The Kingdom of Quito, 1690-1830: The State and Regional Development. Cambridge University Press, 1995.
  • Phelan, John Leddy. El reino de Quito en el siglo XVII. Banco Central del Ecuador, 2005.
  • Estudios sobre los indios de Riobamba y la Revolución de Quito, 1757-1814, en Procesos. Revista Ecuatoriana de Historia, n.º 30, II semestre 2009.
  • Terán Najas, Rosemarie. Los proyectos del Imperio Borbónico en la Real Audiencia de Quito. Tehis / Abya-Yala, 1988.

Fuentes primarias

Las peticiones y memoriales que los caciques del corregimiento de Riobamba dirigieron a las autoridades coloniales durante el siglo XVIII constituyen la base documental de la sección dedicada a sus demandas; contienen tasas tributarias, salarios y condiciones de trabajo expresadas por los propios afectados. La documentación sobre repartos de mita, padrones de tributarios y pleitos por tierras se conserva en el Archivo Nacional del Ecuador y en el Archivo General de Indias, accesible mediante el portal PARES. Las Relaciones Histórico-Geográficas de la Audiencia de Quito aportan descripciones administrativas de obrajes y jurisdicciones.

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