Las reformas borbónicas y el desmembramiento de Quito

Las reformas borbónicas del siglo XVIII beneficiaron a Guayaquil y hundieron a Quito, y despojaron a la Audiencia de su autoridad sobre Cuenca, Maynas y finalmente sobre el propio puerto que la conectaba con el mundo.

Actualizado el 7 de septiembre de 2026Publicado el 23 de agosto de 2026

Introducción

Durante el siglo XVIII, la nueva dinastía Borbón que gobernaba España impulsó un conjunto de reformas administrativas, militares y fiscales destinadas a reforzar la autoridad real y lograr lo que los historiadores llaman la «reconquista económica» de América. En la Audiencia de Quito, esas reformas produjeron un resultado que sus propios autores no habían previsto: fragmentaron un territorio que hasta entonces se había gobernado como una unidad.

El proceso no fue uniforme. Las mismas medidas que hundieron a la economía textil serrana beneficiaron a Guayaquil, y las reorganizaciones administrativas sucesivas fueron despojando a Quito de autoridad sobre porciones cada vez mayores de su propio territorio, hasta culminar, apenas unos años antes de la independencia, en la pérdida de su puerto más próspero.

Este artículo recorre las reorganizaciones virreinales del siglo XVIII, el impacto desigual del libre comercio, el desmembramiento territorial de la Audiencia, y la negociación forzada entre la Corona y las élites locales que estas reformas exigieron.

Ficha técnica

PeríodoSiglo XVIII, con mayor intensidad desde 1778
Dinastía impulsoraLa casa de Borbón, tras la Guerra de Sucesión Española (1700-1714)
Reforma comercial claveEl Reglamento de Libre Comercio, decretado el 12 de octubre de 1778
Presidentes reformistasDionisio Alcedo y Herrera (1728-1736); García de León y Pizarro (1778-1783)
Pérdidas territoriales de QuitoEl Obispado de Cuenca (1779), la Gobernación de Maynas (1802) y la autoridad sobre Guayaquil (1803)
Fuentes principalesRivera Garrido, «El marco de las reformas en la Audiencia de Quito (1768-1810)»; Terán Najas, Los proyectos del Imperio Borbónico en la Real Audiencia de Quito
Última revisiónAgosto de 2026

Un siglo de vaivenes virreinales

El nuevo siglo llegó a Quito con el cambio de dinastía en España y con serios enfrentamientos entre funcionarios de la Audiencia. En 1717, una Real Cédula de Felipe V creó el Virreinato de Nueva Granada y suprimió la Audiencia de Quito, subordinándola a la nueva capital virreinal. Ante las quejas y reclamos, el rey decidió en 1720 restablecer la Audiencia y reincorporarla al Virreinato del Perú.

Poco después, el Virreinato de Nueva Granada fue anulado y vuelto a restablecer, hasta quedar definitivamente fijado en 1739, con la Audiencia de Quito subordinada a Santa Fe de Bogotá. Estos vaivenes generaron un vacío de poder en los primeros tiempos, situación que solo empezaron a revertir presidentes reformistas como Dionisio Alcedo y Herrera, entre 1728 y 1736, y más tarde García de León y Pizarro, entre 1778 y 1783, encargado de implementar la mayor parte de las reformas fiscales y de gobierno.

Retrato del rey Carlos III de España, que decretó la expulsión de la Compañía de Jesús de sus dominios
Carlos III. El Reglamento de Libre Comercio de 1778 fue una de las reformas más decisivas de su reinado. Museo del Prado, vía Wikimedia Commons (dominio público).

El libre comercio y sus efectos desiguales

La medida económica más determinante llegó el 12 de octubre de 1778, cuando la Corona decretó el Reglamento de Libre Comercio. Sus efectos se sintieron de forma radicalmente distinta según la región de la Audiencia, y ese contraste explica buena parte de las tensiones regionales que este sitio ya ha documentado en otros artículos.

Para Quito y la Sierra centro-norte, la apertura comercial fue una catástrofe. La introducción de paños europeos a precios más bajos que los de los obrajes quiteños significó la pérdida del mercado norperuano, la salida tradicional de la producción textil serrana. A esa pérdida se sumó la exigencia de remitir exclusivamente en moneda el situado de Cartagena —el aporte anual que Quito destinaba a las fortalezas de Cartagena y Santa Marta—, lo que provocó una iliquidez total en la región.

Para Guayaquil, en cambio, el mismo reglamento significó prosperidad. La apertura de un comercio activo con otras regiones de la América española impulsó formidablemente la producción y exportación de cacao, y las construcciones y reparaciones navales en el astillero guayaquileño. El establecimiento de la Real Fábrica de Aguardientes en el puerto impulsó además grandes plantaciones de caña. Cuenca y Loja experimentaron una bonanza semejante, gracias al comercio de textiles a precios más bajos que los de la Sierra centro-norte.

A ese comercio se sumó, en el caso de Loja, la explotación de la cascarilla o quina: la corteza recogida en las estribaciones andinas abastecía buena parte de la demanda europea de remedios contra las fiebres palúdicas, y sostuvo una economía regional que, a diferencia de la textil quiteña, no dependía de la mano de obra organizada por la mita.

El desmembramiento territorial

Mientras zonas antiguamente periféricas del imperio, como Buenos Aires y Caracas, obtenían su autonomía convirtiéndose en virreinato y capitanía general, Quito experimentaba el proceso inverso: perdía, una tras otra, la autoridad eclesiástica, jurídica, financiera y militar sobre sus propias provincias.

La primera gran pérdida llegó en 1779, con la fundación del Obispado de Cuenca, que asumió autoridad sobre Guayaquil, Loja, Portoviejo, Zaruma y Alausí. Quito dejó de ser, por primera vez, la única diócesis de su territorio. En 1802, la Gobernación de Maynas se convirtió en un obispado que respondía directamente al virrey del Perú, aunque mantuvo cierta subordinación a Quito en materia jurídica.

Interior de la Catedral Vieja de Cuenca, sede episcopal desde 1786 y centro del poder eclesiástico durante la resistencia realista de 1809 a 1811
La Catedral Vieja de Cuenca, sede del obispado fundado en 1779 con autoridad sobre buena parte del sur de la Audiencia. Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).

El golpe más fuerte: la pérdida de Guayaquil

El golpe definitivo llegó en 1803, cuando Quito perdió su autoridad militar y comercial sobre Guayaquil, su provincia más próspera, en favor del virreinato del Perú. Fue, en términos administrativos, la culminación lógica de dos décadas de divergencia económica: la región que las reformas habían hecho florecer terminó administrativamente separada de la región a la que esas mismas reformas habían empobrecido.

Ese desmembramiento territorial, apenas seis años antes de la Junta Suprema de Quito de 1809, dejó a la Audiencia debilitada justo en el momento en que debía enfrentar la crisis que llevaría a la independencia. No es casual que Guayaquil, separada administrativamente de Quito desde 1803, proclamara su propia independencia en 1820 sin coordinarse con la capital.

Las reformas borbónicas: negociadas, no impuestas

Conviene matizar la imagen de unas reformas aplicadas de arriba hacia abajo sin resistencia. Tras la Rebelión de los Estancos de 1765, ya documentada en el artículo sobre la Real Audiencia de Quito, y las numerosas revueltas indígenas contra las nuevas medidas fiscales de esa década, García de León y Pizarro se vio obligado a negociar directamente con las élites locales.

Esa negociación tuvo un costo concreto: el presidente sacrificó buena parte de la reorganización administrativa y judicial del territorio a cambio del apoyo de las élites a la reforma de los impuestos. Las reformas borbónicas, en otras palabras, no se impusieron limpiamente sobre un territorio pasivo, sino que se negociaron, con concesiones en ambas direcciones, entre el poder central y un poder local que conservaba capacidad real de resistencia.

Ese mismo patrón de reacomodo alcanzó a las autoridades indígenas. En el corregimiento de Riobamba, la reorganización de los caciques efectuada por Bernardo Darquea afectó directamente a figuras como Leandro Sefla y Oro, cuya trayectoria posterior —incluida su gestión tras el terremoto de 1797, ya documentada en este sitio— no puede entenderse sin ese reacomodo previo impuesto por las reformas del siglo.

Cronología

1700-1714Guerra de Sucesión Española; llega al trono la dinastía Borbón.
1717Real Cédula de Felipe V crea el Virreinato de Nueva Granada y suprime la Audiencia de Quito.
1720Se restablece la Audiencia, reincorporada al Virreinato del Perú.
1728-1736Presidencia reformista de Dionisio Alcedo y Herrera.
1739Se fija definitivamente la subordinación de Quito a Santa Fe de Bogotá.
1757Primeras peticiones caciquiles de Riobamba ante la Audiencia.
1763El Corregimiento de Guayaquil se convierte en Gobernación.
1765Rebelión de los Estancos; comienza la negociación forzada entre la Corona y las élites locales.
12 de octubre de 1778Se decreta el Reglamento de Libre Comercio.
1778-1783Presidencia reformista de García de León y Pizarro.
1779Se funda el Obispado de Cuenca, con autoridad sobre Guayaquil, Loja, Portoviejo, Zaruma y Alausí.
1802La Gobernación de Maynas se convierte en obispado subordinado al virrey del Perú.
1803Quito pierde su autoridad militar y comercial sobre Guayaquil.

Conclusión

Las reformas borbónicas del siglo XVIII suelen presentarse como un capítulo técnico de la historia colonial, una sucesión de reglamentos y virreinatos que interesa en especial a los especialistas en administración. Vistas de cerca, cuentan una historia distinta: la de un territorio que, en apenas un siglo, pasó de gobernarse como una unidad relativamente integrada a fragmentarse en piezas cada vez más autónomas entre sí.

Ese proceso no fue neutral ni parejo. Benefició a la costa y perjudicó a la sierra, benefició a Guayaquil y perjudicó a Quito, y dejó a la capital de la Audiencia, para 1809, gobernando un territorio mucho más pequeño y mucho más débil que el que había administrado un siglo antes. Cuando la Junta Suprema se proclamó ese año, lo hizo sobre las ruinas administrativas de un desmembramiento que las propias reformas de la Corona habían iniciado.

Fuentes y bibliografía

  • Rivera Garrido, Águeda. «El marco de las reformas en la Audiencia de Quito (1768-1810)», en Historia y Espacio. Anuario de la Sección Académica de Historia y Geografía, n.º 2, Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, 2003, pp. 169-200.
  • Terán Najas, Rosemarie. Los proyectos del Imperio Borbónico en la Real Audiencia de Quito. Tehis / Abya-Yala, Quito, 1988.
  • Coronel Feijóo, Rosario. «Los indios de Riobamba y la Revolución de Quito, 1757-1814», Procesos. Revista Ecuatoriana de Historia, n.º 30, II semestre de 2009.
  • Porras, María Elena. La Gobernación y el Obispado de Mainas. Tehis / Abya-Yala, Quito, 1987.
  • Andrien, Kenneth J. The Kingdom of Quito, 1690-1830: The State and Regional Development. Cambridge University Press, Cambridge, 1995.
  • Estupiñán Viteri, Tamara. El mercado interno de la Audiencia de Quito. Banco Central del Ecuador, Quito, 1997.
  • Brading, David. «La España de los Borbones y su imperio americano», en Leslie Bethel (ed.), Historia de América Latina 2. América Latina en la época colonial: Europa y América en los siglos XVI, XVII, XVIII. Crítica, Barcelona, 1998, pp. 85-126.

Fuentes primarias

Las peticiones caciquiles presentadas a la Audiencia de Quito desde 1757, y la documentación sobre el reacomodo de las autoridades indígenas de Riobamba efectuado por Bernardo Darquea, conservadas en archivos de Riobamba y Quito, documentan el impacto directo de las reformas sobre la población indígena. El texto del Reglamento de Libre Comercio de 1778 es la fuente normativa central sobre la apertura comercial que dividió a las regiones de la Audiencia.

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Sobre quien escribe

Jefferson

Soy docente en Ciencias de la Educación, con mención en Ciencias Sociales, y ejerzo la docencia desde 2020 tanto en el sector público como privado. La historia universal ha sido una pasión constante en mi vida, y de ahí nació la inquietud detrás de este proyecto: en años de investigar y recopilar información sobre la historiografía de mi país, me encontré una y otra vez con datos dispersos, imprecisos o directamente erróneos circulando en la red.

Ecuador en la Historia nace de esa necesidad —reunir en un solo espacio una historiografía rigurosa, verificable y bien fundamentada— y también de dos pasiones que confluyen aquí: mi fascinación por un pasado que encuentro tan misterioso y mitológico como desafiante, y mi interés por el futuro: la tecnología y las nuevas metodologías para investigar, organizar y compartir el conocimiento histórico.

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