El terremoto de Riobamba de 1797 y el traslado de la ciudad

El sismo más fuerte de la historia del Ecuador continental: la destrucción de Riobamba, la reconstrucción con trabajo indígena, la cesión del llano de Tapi y el camino hacia 1803.

Actualizado el 15 de agosto de 2026Publicado el 12 de agosto de 2026

Introducción

El sábado 4 de febrero de 1797, a las siete y cuarenta y cinco de la mañana, un terremoto destruyó Riobamba y arrasó buena parte de la sierra central. Está catalogado como el sismo más fuerte ocurrido en la historia del Ecuador continental.

La ciudad no se reconstruyó donde estaba: se trasladó quince kilómetros, al llano de Tapi, donde permanece hoy. Ese traslado, y sobre todo quién lo pagó y quién lo construyó, convierte al terremoto en algo más que un desastre natural. Es uno de los episodios que mejor muestran cómo funcionaba realmente el orden colonial de la Audiencia de Quito en sus últimas décadas.

Fachada de la iglesia de Balbanera, en Colta, en la zona de la antigua Riobamba, dañada por el terremoto de 1797
La iglesia de Balbanera, en Colta, en el área de la antigua Riobamba. Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).

Este artículo recorre el sismo y sus efectos, la reconstrucción con trabajo indígena, el reparto desigual de los alivios fiscales, la cesión del llano de Tapi por el cacique Leandro Sefla, y la línea que une el desastre de 1797 con el levantamiento de 1803.

Ficha técnica

FechaSábado 4 de febrero de 1797, 07:45
Epicentro1,43º de latitud sur, 78,55º de longitud oeste
Magnitud8,3 en la escala de Richter, según José Egred
IntensidadXI en la escala MSK
ConsideraciónEl terremoto más fuerte de la historia del Ecuador continental
Área afectadaRiobamba, Latacunga, Ambato y Chimbo
TrasladoLa ciudad se reconstruyó a 15 km, en el llano de Tapi
AutoridadPresidente de la Audiencia, barón Luis Héctor de Carondelet
ConsecuenciaCiclo de levantamientos indígenas que culmina en 1803
Fuentes principalesEgred, El terremoto de Riobamba; Coronel Feijóo, «Los indios de Riobamba y la Revolución de Quito» y «Patrimonialismo, conflicto y poder en la reconstrucción de Riobamba»; Terán, Pazmiño, Gómez y Rueda, La Antigua Riobamba
Última revisiónAgosto de 2026

Un país sísmico

Conviene situar el sismo de 1797 en una serie más larga. El estudio de José Egred señala que en el área macrosísmica de aquel terremoto han ocurrido diez sismos de intensidad igual o mayor a VIII en los cuatrocientos cincuenta y ocho años de historia sísmica documentada del país, entre 1541 y 1999.

Riobamba ya había sufrido un terremoto en 1786. La sierra central es una de las zonas sísmicas más activas del continente, y a ello se suma el volcanismo que ya afectó repetidamente a las poblaciones prehispánicas, como muestra la secuencia de tefras documentada en el valle de Jama. La catastrofe no fue una excepción sino un rasgo recurrente de la vida en este territorio.

El 4 de febrero

Los testimonios de indios y vecinos, recogidos en informes conservados en archivos de Quito, Riobamba y Sevilla, describen el fenómeno con un lenguaje que mezcla la observación y el espanto: desde el centro de la tierra se escucharon estruendos indescriptibles, seguidos de violentos movimientos de ondulación y trepidación.

Los efectos que enumeran son de escala geográfica: cambiaron el curso de los ríos, desbordaron el agua de las lagunas, acuchillaron cerros y nevados, y arrasaron con vecinos y animales. La infraestructura pública y privada de Riobamba y de sus pueblos quedó seriamente dañada.

El sismo, en palabras de la investigación reciente, cambió el quehacer político y económico de la ciudad. No solo destruyó edificios: reordenó las relaciones de poder locales.

Reconstruir con trabajo indígena

Los poderes coloniales -la Audiencia y el Cabildo- emprendieron la reconstrucción sobre una base muy concreta: la fuerza de trabajo indígena. La lista de tareas que la documentación registra da la medida del esfuerzo exigido.

Remoción de escombros, desenterramientos, limpieza, traslado de materiales de la antigua ciudad a la nueva a quince kilómetros de distancia, y después todas las obras públicas del nuevo emplazamiento y de los pueblos afectados: edificios, conventos, iglesias, casas, acequias públicas y privadas, vías de comunicación, infraestructura de las haciendas, obrajes y molinos.

Esa exigencia recayó simultáneamente sobre los indios de hacienda, los indios libres y sus caciques, y se sumó a las cargas que ya soportaban: los estancos de aguardiente y tabaco, las llamadas aduanas -que eran alcabalas sobre víveres, productos artesanales y tejidos-, los diezmos, los tributos y la mita.

Y hubo un agravante decisivo: pese a la magnitud de las obras, la falta de liquidez monetaria y la caída de la producción obrajera y hacendaria, los indígenas seguían pagando las antiguas y elevadas tasas tributarias, que además debían cancelarse en plata por orden del virrey. Trabajar gratis en la reconstrucción no eximía de pagar en metálico.

Quién obtuvo alivio y quién no

Aquí aparece uno de los datos más reveladores del episodio, y contradice la imagen habitual de unos indígenas pasivos frente al Estado colonial.

Por gestión directa del cacique Leandro Sefla y del resto de caciques, los indígenas de Riobamba consiguieron de la Corona un año de gracia sin pagar tributo a causa del terremoto. Los criollos riobambeños -obrajeros y hacendados- no lograron lo mismo: se quejaron de que ni el rey los exoneró del pago de alcabalas ni la Audiencia de Quito los auxilió, porque estaba más interesada en invertir en el camino de Malbucho.

Es decir: en la negociación fiscal posterior al desastre, los caciques indígenas obtuvieron de la Corona lo que las élites criollas no consiguieron. Ese dato obliga a matizar cualquier lectura simple del orden colonial como un bloque compacto frente a una población sometida.

El precio del llano de Tapi

La nueva Riobamba se levantó sobre el llano de Tapi. Ese terreno no estaba vacío ni era de nadie: era de uso multiétnico y servía para el pastoreo de llamingos y para el aprovisionamiento de leña de las comunidades de la zona.

Su entrega la transo el cacique Sefla, y la documentación indica que lo hizo casi a título personal. A cambio, el presidente Carondelet le concedió los títulos de alcalde y gobernador de los indios de Riobamba, en premio tanto por esa cesión como por su empeño en entregar indios para el traslado de la ciudad.

El resultado fue previsible: las relaciones entre el cacique y los indios del común se tensaron hasta el límite. Sefla había obtenido el año de gracia tributaria, pero también había entregado tierras comunales y mano de obra, y había salido personalmente beneficiado.

El desastre como oportunidad

La reconstrucción abrió un espacio de negocio para la élite local que la investigación reciente ha documentado con detalle. El crecimiento de las haciendas se aceleró después del terremoto: muchas se expandieron hacia los suelos de páramo y de los valles, en detrimento de las tierras de comunidad que aún pertenecían a los indios llactayos.

El mecanismo era administrativo. Los hacendados negociaban con las autoridades del Estado y del Cabildo para adjudicarse esas tierras a precios muy bajos, con el pretexto del mal manejo caciquil y de incrementar los ahorros de las Cajas de Comunidad de los indios de Riobamba.

Y hay un dato aún más explícito, documentado a raíz del terremoto: el dinero de esas Cajas de Comunidad se usaba para pagarse favores mutuos entre autoridades centrales y locales. Es lo que Rosario Coronel ha estudiado como patrimonialismo en la reconstrucción de Riobamba.

Las cifras acompañan: para 1804 se calcula que el cincuenta y tres por ciento de los indios estaba sujeto a doscientas veintinueve haciendas. La hacienda crecía y se consolidaba como la estructura dominante del corregimiento.

De 1797 a 1803

La línea que une el terremoto con la rebelión es directa. Seis años de trabajo forzado en la reconstrucción, con las tasas tributarias intactas, sumados al aumento de estancos y aduanas y al despojo de tierras comunales, dejaron a las poblaciones indígenas al límite de sus posibilidades de reproducción y pago.

En ese estado, cualquier imposición adicional podía desequilibrarlo todo. Y en 1803, a catorce días del carnaval, corrió la voz -difundida por el indio Cecilio Taday- de que el papel de las aduanas ya llegaba. Bastó para que estallara el levantamiento de Columbe y Guamote, tratado en el artículo sobre las sublevaciones indígenas.

Es significativo que la rebelión prendiera con más fuerza al sur de Riobamba, entre indios que no tenían cacique. Donde existía mediación caciquil, el descontento se canalizaba en peticiones; donde no la había, en insurrección.

Cronología

1786Terremoto previo en Riobamba.
1778-1784Reformas borbónicas: aumento de estancos y aduanas.
4 de febrero de 1797Terremoto de la sierra central; destrucción de Riobamba.
1797-1799Los caciques obtienen un año de gracia tributaria; los criollos no logran exoneración de alcabalas.
Desde 1797Traslado de la ciudad al llano de Tapi con mano de obra indígena.
1799-1807Presidencia de Carondelet; Sefla recibe los títulos de alcalde y gobernador de los indios.
1803Levantamiento de Columbe y Guamote.
1804El 53 % de los indios del corregimiento está sujeto a 229 haciendas.
1797-1822Período estudiado como el de la reconstrucción y el poder local en Riobamba.

Conclusión

El terremoto de 1797 suele recordarse como una catástrofe natural y como la razón por la que Riobamba está donde está. Es las dos cosas, pero es sobre todo un caso de estudio sobre cómo una sociedad desigual reparte los costos de un desastre.

Quienes habían perdido menos -no tenían casas de dos plantas ni conventos que reconstruir- fueron quienes pusieron el trabajo para levantar la ciudad nueva, cedieron el terreno donde se edificó, y siguieron pagando tributo en plata mientras lo hacían. Al mismo tiempo, sus caciques consiguieron de la Corona un alivio fiscal que las élites criollas no obtuvieron, y uno de ellos salió personalmente premiado por facilitar el proceso.

Esa complejidad -negociación y despojo a la vez, dentro del propio mundo indígena y entre este y la Corona- es lo que hace del episodio algo más interesante que una historia de víctimas y verdugos. Y explica por qué seis años después la región estalló al oír un simple rumor sobre un papel de aduanas.

Fuentes y bibliografía

  • Egred, José. El terremoto de Riobamba. Municipio del cantón Riobamba / Abya-Yala, Quito, 2000.
  • Coronel Feijóo, Rosario. «Los indios de Riobamba y la Revolución de Quito, 1757-1814», Procesos. Revista Ecuatoriana de Historia, n.º 30, II semestre 2009.
  • Coronel Feijóo, Rosario. «Patrimonialismo, conflicto y poder en la reconstrucción de Riobamba, 1797-1822», Procesos, n.º 24, II semestre 2006.
  • Terán, Rosemarie, Rocío Pazmiño, Nidia Gómez y Rocío Rueda. La Antigua Riobamba: historia oculta de una ciudad colonial. Municipio de Riobamba / Abya-Yala, Quito, 2000.
  • Ortiz, Carlos. «Riobamba, el reasentamiento», Revista de la Casa de la Cultura Benjamín Carrión, Núcleo de Chimborazo, n.º 21, febrero de 2002.
  • Moreno Yánez, Segundo. Sublevaciones indígenas en la Audiencia de Quito. PUCE, Quito, 1995.
  • Ayala Mora, Enrique. Resumen de Historia del Ecuador. Corporación Editora Nacional, Quito.
  • Terán Najas, Rosemarie. Los proyectos del Imperio Borbónico en la Real Audiencia de Quito. Tehis / Abya-Yala, 1988.

Fuentes primarias

Los informes de las autoridades de la época sobre el terremoto y la ruina del corregimiento se conservan en archivos de Quito, Riobamba y Sevilla, e incluyen tanto la descripción de los efectos materiales como la búsqueda de causas telúricas. La documentación sobre las Cajas de Comunidad de los indios de Riobamba y sobre las adjudicaciones de tierras posteriores al sismo permite reconstruir el mecanismo de despojo. Las peticiones y gestiones de los caciques ante la Corona, encabezadas por Leandro Sefla, documentan la negociación del año de gracia tributaria y la cesión del llano de Tapi.

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