La campaña de Flores sobre Pasto y la guerra del Cauca (1832)

El primer intento del Ecuador de anexar Pasto, Popayán y Buenaventura: la guerra del Cauca, la derrota de Flores, el Tratado de Pasto y la resistencia de los propios pastusos.

Actualizado el 15 de agosto de 2026Publicado el 12 de agosto de 2026

Introducción

Apenas fundado el Estado del Ecuador en 1830, su primer presidente, el general venezolano Juan José Flores, intentó incorporar por la fuerza las provincias de Pasto, Popayán y Buenaventura, que habían pertenecido al Distrito del Sur de la Gran Colombia pero que la Nueva Granada reclamaba como propias. El conflicto se conoce en Colombia como la guerra del Cauca y terminó en una derrota ecuatoriana.

El episodio suele despacharse en una línea en los manuales ecuatorianos: «dos guerras con Nueva Granada». Merece más atención, por dos razones. La primera es que fijó la frontera norte del país en el río Carchi, donde sigue estando. La segunda es que no fue un hecho aislado sino el eslabón de una cadena: Quito llevaba intentando anexar Pasto desde 1809, y volvería a intentarlo en 1840 y en 1863.

Retrato de Juan José Flores, general venezolano y primer presidente del Estado del Ecuador
Juan José Flores. La campaña sobre Pasto fue una de las primeras decisiones de su gobierno, tomada antes incluso de haber podido ocupar establemente la silla presidencial. Arturo Santana, 1921. CSIC, vía Wikimedia Commons (dominio público).

Este artículo recorre esa historia larga, el desarrollo de la guerra de 1832, el Tratado de Pasto que la cerró y los intentos posteriores, y presta atención a un actor que la historiografía ecuatoriana suele omitir: los propios pastusos.

Ficha técnica

DenominaciónGuerra del Cauca; en el Ecuador, primera guerra con Nueva Granada
Fechas7 de febrero – 8 de diciembre de 1832
Territorios en disputaProvincias de Pasto, Popayán y Buenaventura
Comandante ecuatorianoGeneral Juan José Flores
Comandante neogranadinoGeneral José María Obando; sublevación previa de José Hilario López en Popayán
ResultadoDerrota ecuatoriana; restitución de los territorios
TratadoTratado de Pasto, 8 de diciembre de 1832
PlenipotenciariosPedro José de Arteta (Ecuador) y Joaquín Posada Gutiérrez (Nueva Granada)
Frontera establecidaRío Carchi, entre las provincias de Pasto e Imbabura
RatificaciónNueva Granada, finales de diciembre de 1832; Ecuador, 19 de enero de 1835
Fuentes principalesAyala Mora, Resumen de Historia del Ecuador y «Los muertos del floreanismo»; Bastidas Urresty, La Vendée americana. Las guerras de Pasto
Última revisiónAgosto de 2026

Una ambición que venía de 1809

El interés quiteño por Pasto no nació con Flores. La propia Junta Suprema de Quito de 1809 envió un mensaje al Cabildo de Pasto invitándolo a unirse. Sus argumentos merecen leerse: invocaba las relaciones comerciales de las que Pasto no podía prescindir, el aprecio por sus habitantes, y la dificultad de que una provincia pequeña conservara la independencia «en medio de dos reinos superiores en fuerza y recursos».

El mensaje admitía además la necesidad de que Quito arreglara sus límites «proporcionándose una posición fronteriza» situada más allá de esa ciudad, y ofrecía dos mil pesos anuales al representante que Pasto enviara. La respuesta pastusa llegó en forma de combate, en Funes, el 16 de octubre de 1809.

Tres años después, en 1812, el coronel Joaquín Sánchez de Orellana escribía al Cabildo pastuso anunciando que entraría pacíficamente en la tenencia de los Pastos -Túquerres, Ipiales, Cumbal- «a menos que los mandones de Pasto se opongan a la ocupación de aquel territorio perteneciente al gobierno de Quito, en cuyo caso, sin faltar a nuestra amistad, usaré de la fuerza de las armas para sujetarlos». La reclamación sobre media provincia estaba planteada desde el comienzo.

1830: la separación y el territorio en disputa

Cuando el Distrito del Sur se separó de la Gran Colombia en mayo de 1830 y adoptó el nombre de Estado del Ecuador, quedó abierta una cuestión de fondo: qué territorios le correspondían. La Constitución de 1830 definió el suyo con una fórmula colonial imprecisa -«en los límites del antiguo reino de Quito»- que abría la puerta a reclamaciones extensas.

La posición neogranadina era la contraria y jurídicamente más precisa: el Ecuador era un desprendimiento de la República de Colombia y debía atenerse a los límites internos fijados por la Ley de División Territorial del 25 de junio de 1824, mientras formó parte de ella. Según esa ley, Pasto, Popayán y Buenaventura no pertenecían al Departamento del Ecuador.

El propio Flores describió al Congreso de 1831 la situación con una frase reveladora: «Vuestro ciudadano Presidente, empeñado en luchar contra el infortunio para dar nueva vida al Estado, no ha tenido ni tiempo para ocupar la silla del Gobierno». Entre la revuelta de Urdaneta, que reclamaba el retorno de Bolívar al poder, y el conflicto por Pasto y Popayán, la primera administración floreana nació en guerra.

El 22 de julio de 1831, el gobierno de la Nueva Granada exigió formalmente la devolución del territorio. El Ecuador se negó, y la disputa diplomática se convirtió en enfrentamiento militar.

La guerra del Cauca (1832)

El general José Hilario López se sublevó en Popayán a favor de la Nueva Granada, y el mando de las operaciones recayó en el general José María Obando. El primer encuentro armado se produjo a mediados de febrero de 1832.

Retrato del general neogranadino José María Obando, comandante de las fuerzas de la Nueva Granada en la guerra del Cauca
José María Obando, comandante neogranadino. Sobre él pesaba además la acusación de haber participado en el asesinato del mariscal Sucre en 1830, un cargo que reaparecería en la política de ambos países durante décadas. Wikimedia Commons (CC BY 3.0).

Las fuerzas ecuatorianas obtuvieron algunos triunfos parciales, pero la campaña se deshizo por razones que tenían poco que ver con el campo de batalla. El frente interno se debilitó: estallaron levantamientos en Ambato y Latacunga contra el gobierno de Flores, y más tarde se sublevó la guarnición de Guayaquil. En el propio ejército de operaciones se produjo la sublevación del batallón Quito.

A ello se sumó un factor decisivo y poco mencionado: el desabastecimiento y la hostilidad de la población pastusa. Cuando Obando avanzó sobre Pasto para recuperar el territorio, las tropas ecuatorianas ya se habían retirado, sin víveres y sin apoyo local. La ciudad cayó en manos neogranadinas.

Vista del río Pasto, en el departamento de Nariño, en el territorio disputado durante la guerra del Cauca
El río Pasto. La geografía de la región -los precipicios del Guáitara al sur y del Juanambú al norte- convirtió durante décadas a Pasto en una plaza difícil de tomar. Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).

Obando ofreció entonces la paz a cambio de la restitución de las provincias en disputa. Flores aceptó, presionado además por la sublevación de sus tropas en Guayaquil: no podía sostener a la vez una guerra exterior y una crisis interna.

El Tratado de Pasto

El 8 de diciembre de 1832 se firmó en la ciudad de Pasto el tratado de paz, amistad y alianza entre la Nueva Granada y el Ecuador. Lo suscribieron Pedro José de Arteta por el Ecuador y Joaquín Posada Gutiérrez por la Nueva Granada.

Su contenido esencial fue la fijación del río Carchi -que separa las provincias de Pasto e Imbabura- como línea fronteriza entre ambos Estados. Quedó pendiente la decisión sobre los puertos de La Tola y Tumaco, en la provincia de Buenaventura. El Ecuador renunciaba, en la práctica, a Pasto, Popayán y Buenaventura.

Vista de la ciudad de San Juan de Pasto, capital del departamento de Nariño
San Juan de Pasto, hoy capital del departamento colombiano de Nariño. En esta ciudad se firmó el tratado que fijó la frontera norte del Ecuador. Wikimedia Commons (dominio público).

La ratificación revela el pulso político interno. La Nueva Granada lo adoptó a finales de ese mismo diciembre; la convención nacional ecuatoriana tardó más de dos años, hasta el 19 de enero de 1835, ya en el contexto de la Constituyente de Ambato y del relevo de Flores por Rocafuerte.

Los pastusos, el actor ausente

La historiografía ecuatoriana suele contar este episodio como un pleito entre dos Estados. La historiografía pastusa lo cuenta de otro modo, y conviene escucharla. El historiador nariñense Edgar Bastidas Urresty, en La Vendée americana, formula la tesis con claridad: a lo largo de un siglo, Quito trató de hacer suya la provincia de Pasto -a través de Flores, de García Moreno y del propio Obando- y el pueblo de Pasto se resistió persistentemente a ello.

El matiz importante de esa lectura es que la resistencia pastusa no equivalía a entusiasmo por Bogotá. Bastidas señala que tampoco se advierte mayor apego al gobierno de la capital neogranadina. Pasto tenía vínculos económicos y eclesiásticos más estrechos con Quito que con Santa Fe -su comercio se hacía sobre todo con Quito, sus pleitos iban en última instancia al tribunal quiteño, y el gobierno eclesiástico recaia de hecho en el obispo de Quito pese a depender nominalmente de Popayán-, y aun así rechazó la anexión.

Conviene declarar la procedencia de esa fuente: Bastidas Urresty escribe desde Pasto y desde la perspectiva de la comunidad invadida. Eso no la invalida, la sitúa. Este sitio la incorpora precisamente porque el relato ecuatoriano del episodio tiende a omitir que en el territorio disputado vivía gente con opinión propia, y que esa opinión fue uno de los factores que hicieron fracasar la campaña.

El título mismo de la obra -«la Vendée americana», por la región francesa que resistió a la Revolución en nombre del rey- resume la reputación que Pasto se ganó durante la independencia: la de un bastión realista que combatió a los patriotas de Quito, de Cali y de Bogotá por igual.

Los intentos posteriores

El Tratado de Pasto no cerró el asunto. En 1840, durante su segunda presidencia, Flores volvió sobre el objetivo por vía indirecta: proporcionó apoyo militar al gobierno de Bogotá para combatir la rebelión de Obando, en el marco de la llamada Guerra de los Supremos, a cambio de la transferencia de Pasto y Popayán. Tenía además motivos personales: sobre Obando pesaba la acusación de haber participado en el asesinato de Sucre, un crimen en el que el propio Flores fue también señalado.

El trato no se cumplió. El Ecuador puso tropas y no recibió territorio, y el episodio tuvo un alto costo político para Flores, que apenas tres años después impondría la Carta de Esclavitud y en 1845 sería expulsado del país.

El último intento llegó muy tarde. En 1863, ya bajo el gobierno de García Moreno y tras la ruptura de relaciones con la Nueva Granada, un ejército ecuatoriano al mando de Flores invadió territorio neogranadino y fue derrotado por el general Tomás Cipriano de Mosquera en Cuaspud. Fue la última campaña del caudillo, que moriría al año siguiente.

Cronología

1809La Junta Suprema de Quito invita al Cabildo de Pasto a unirse; Pasto responde con el combate de Funes.
1812Sánchez de Orellana anuncia la ocupación de la tenencia de los Pastos por Quito.
1822-1824Campaña de Pasto de la Gran Colombia; Flores participa en las operaciones.
Mayo de 1830Separación del Distrito del Sur; nace el Estado del Ecuador.
22 de julio de 1831La Nueva Granada exige la devolución del territorio; el Ecuador se niega.
7 de febrero de 1832Comienza la guerra del Cauca.
Mediados de febrero de 1832Primer encuentro armado entre Flores y Obando.
1832Levantamientos de Ambato y Latacunga; sublevación del batallón Quito; caída de Pasto.
8 de diciembre de 1832Firma del Tratado de Pasto; el río Carchi queda como frontera.
19 de enero de 1835La convención nacional ecuatoriana ratifica el tratado.
1840Flores apoya a Bogotá contra Obando a cambio de Pasto y Popayán; el trato no se cumple.
1863Derrota de Flores ante Mosquera en Cuaspud.

Conclusión

La campaña de Flores sobre Pasto fracasó por una combinación de factores que dice mucho sobre el Ecuador de 1832: un ejército que se sublevaba, provincias que se levantaban contra el gobierno mientras este hacía la guerra fuera, y un Estado sin recursos para sostener una ocupación. La derrota no se decidió tanto en el campo de batalla como en la incapacidad de la nueva república para sostener nada durante mucho tiempo.

Su resultado, en cambio, resultó duradero. El río Carchi sigue siendo la frontera norte del Ecuador, y la fórmula constitucional de 1830 sobre «los límites del antiguo reino de Quito» quedó desmentida en su primera prueba práctica. La historia territorial del país durante el siglo siguiente sería, en buena medida, la de sucesivas reducciones de aquella reclamación inicial.

Queda por último la lección que aporta la mirada pastusa. Durante más de un siglo, tres gobiernos quiteños distintos intentaron anexar un territorio cuyos habitantes no lo querían. Contar el episodio únicamente como una disputa de fronteras entre dos capitales deja fuera precisamente a quienes vivían en la frontera.

Fuentes y bibliografía

  • Ayala Mora, Enrique. Resumen de Historia del Ecuador. Corporación Editora Nacional, Quito.
  • Ayala Mora, Enrique. «Los muertos del floreanismo», Procesos. Revista Ecuatoriana de Historia, n.º 27, I semestre 2008.
  • Bastidas Urresty, Edgar. La Vendée americana I. Las guerras de Pasto.
  • Van Aken, Mark. El rey de la noche. Juan José Flores y el Ecuador, 1824-1864. Banco Central del Ecuador, Quito, 1994.
  • Vega, Silvia. Ecuador: crisis políticas y Estado en los inicios de la República. FLACSO / Abya-Yala, Quito, 1991.
  • Maiguashca, Juan. «República», en Nueva Historia del Ecuador. Corporación Editora Nacional, Quito.
  • Pareja Diezcanseco, Alfredo. Historia de la República. Ariel, Guayaquil, 1974.
  • Posada Gutiérrez, Joaquín. Memorias histórico-políticas. Bogotá.
  • Ortiz, Sergio Elías. Estudios sobre la historia de Pasto y del sur de la Nueva Granada.

Fuentes primarias

El «Mensaje al Congreso de 1831» de Juan José Flores, recogido en la Recopilación de mensajes dirigidos por los presidentes y vicepresidentes de la República compilada por A. Novoa (Guayaquil, 1900), contiene la descripción que el propio presidente hizo del momento. El texto del Tratado de Pasto de 1832 fija la frontera del Carchi y deja pendientes La Tola y Tumaco. La correspondencia del Cabildo de Pasto con la Junta Suprema de Quito (1809) y con el coronel Sánchez de Orellana (1812), reproducida por Bastidas Urresty, documenta las primeras pretensiones quiteñas sobre el territorio. Las Memorias histórico-políticas de Joaquín Posada Gutiérrez ofrecen el testimonio de uno de los firmantes.

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