Actualizado el 15 de agosto de 2026Publicado el 12 de agosto de 2026
Introducción
El 4 de junio de 1830, el mariscal Antonio José de Sucre fue asesinado en la montaña de Berruecos, cerca de Pasto, cuando regresaba a Quito para reunirse con su familia. Tenía treinta y cinco años. Era el vencedor de Pichincha, de Ayacucho y de Tarqui, y el sucesor natural de Bolívar.
El crimen ocurrió tres semanas después de que el Distrito del Sur se separara de Colombia y seis meses antes de la muerte de Bolívar. No fue un hecho aislado: fue el episodio que marcó el final de la Gran Colombia y, según la historiografía ecuatoriana, el primero de una larga secuencia de crímenes políticos en la república naciente.

Este artículo expone el contexto político del crimen, lo que las fuentes documentan, y sobre todo la disputa historiográfica que lo rodea. Porque casi doscientos años después sigue sin haber una versión única sobre quién ordenó la muerte de Sucre, y las versiones en pugna han servido a intereses políticos muy concretos.
Índice de contenidos
Ficha técnica
| Víctima | Antonio José de Sucre, gran mariscal de Ayacucho |
| Fecha | 4 de junio de 1830 |
| Lugar | Montaña de Berruecos, cerca de Pasto |
| Circunstancia | Regresaba de Bogotá a Quito para reunirse con su familia |
| Ejecutor confeso | Apolinar Morillo, que declaró ante el pelotón de fusilamiento |
| Principal señalado | General José María Obando |
| También acusado | General Juan José Flores |
| Contexto | Disolución de la Gran Colombia; enfrentamiento entre bolivarianos y liberales |
| Fuentes principales | Cartas de Simón Bolívar a Juan José Flores; Ayala Mora, «Los muertos del floreanismo», Procesos n.º 27 |
| Última revisión | Agosto de 2026 |
Una república que se deshacía
Para entender el crimen hay que situarlo en el derrumbe de la Gran Colombia. Bolívar había asumido la dictadura en 1828 y sobrevivido en septiembre de ese año a un atentado en Bogotá, del que escapó por una ventana con ayuda de Manuela Sáenz. Santander, que no participó directamente pero fue señalado como instigador, fue condenado a muerte y después desterrado.
En enero de 1830 se reunió en Bogotá el llamado Congreso Admirable, presidido por el propio Sucre, en un último intento de mantener la unidad. Fracasó. Bolívar dejó el mando y anunció su expatriación; el Congreso designó presidente constitucional a Joaquín Mosquera.
La correspondencia de Bolívar de aquellos meses es sombría. El 2 de agosto de 1830 escribió a Flores que a principios del año siguiente la República se habría disuelto «de hecho y de derecho», y le advertía: «prepárese Ud. para ver los mayores horrores». En otra carta, tras la separación del Sur, dejó escrita su frase más conocida y más desesperada: «la América es ingobernable para nosotros».
En ese escenario, Sucre representaba algo muy concreto: derrumbado el poder bolivariano, era quien quedaba con prestigio y cualidades suficientes para servir de símbolo en caso de reacción. Ese era su peligro.
Un crimen anunciado
Un rasgo llamativo del caso es que la muerte de Sucre se predijo en público. El periódico liberal El Demócrata, tras llenarlo de improperios, publicó una frase que quedó grabada: que quizá Obando haría con Sucre lo que ellos no hicieron con Bolívar.
El historiador González Suárez, en un discurso pronunciado en la Catedral de Quito, subrayó precisamente ese punto: el asesinato fue «previsto y sabido por todos y anunciado públicamente con anticipación», y coincidió con la aparición de los partidos políticos, es decir, del odio, en Colombia. Su conclusión era que ese crimen fue el resultado de cálculos políticos.
Existe además un testimonio diplomático inquietante. El ministro británico en Bogotá informó a su gobierno que Pedro José de Arteta, diputado del Sur y amigo de Sucre, fue informado del asesinato por un miembro del partido liberal doce días antes de que se conociera en Bogotá.
El escritor español Salvador de Madariaga -a quien la propia fuente ecuatoriana califica de muy parcializado contra Bolívar, aunque bien documentado- recogió una versión aún más explícita: una junta liberal que solía reunirse en casa de Pancho Montoya, frente a la Catedral, habría decidido la muerte de Sucre por considerarlo el apoyo más firme de Bolívar, y mandó instrucciones a tres personas según la ruta que el mariscal tomara: a Obando si pasaba por Pasto, a Murgueitio si iba por mar y a Herrera si iba por Panamá.
El proceso y sus interrupciones
Cuando el general Urdaneta se hizo con el gobierno en Bogotá, uno de sus primeros pasos fue iniciar proceso y acusar públicamente a Obando y al general José Hilario López de ser los asesinos del mariscal. Ambos respondieron sublevándose en el Cauca.

La pieza más citada del proceso es la declaración de Apolinar Morillo, uno de los principales cómplices, que reconoció ante el pelotón de fusilamiento haber sido instrumento del crimen por disposiciones de Obando.
El proceso, sin embargo, nunca llegó a término. Se interrumpió y acabó liquidándose por los altibajos de la revolución, los cambios de frente interno, la muerte de Bolívar y, sobre todo, por el triunfo político de Obando y su ascenso al gobierno. Ese es un dato central: el principal acusado terminó presidiendo el país donde se le juzgaba.
La acusación cruzada contra Flores
Desde muy pronto circuló una segunda versión: que el autor intelectual habría sido Juan José Flores, entonces recién instalado al frente del Estado del Ecuador.
El historiador Restrepo señaló que Obando, desde los primeros días del asesinato, procuró hacer recaer las sospechas sobre Flores. El venezolano Baralt aportó un detalle que considera revelador: Obando escribió el mismo día cartas contradictorias al prefecto del Cauca y a Flores, y envió comisionados al presidente del Ecuador para justificarse antes de tener certeza de que sería acusado. Baralt lo interpreta como propensión de culpables: alejar de sí las sospechas haciéndolas recaer sobre otros.
Pedro Fermín Cevallos, tras un examen de los documentos, concluyó de forma tajante que Obando fue el único asesino del mariscal de Ayacucho. La fuente que recoge esta correspondencia enumera además una lista de historiadores -Pérez y Soto, Torres Caicedo, Caro, Restrepo, Baralt, Larrazábal, Villanueva, Cevallos y otros- que exoneraron a Flores de toda responsabilidad.
Una disputa con usos políticos
Conviene ser explícito sobre algo: la pregunta de quién mató a Sucre nunca fue solo histórica. Sirvió a intereses partidistas a ambos lados de la frontera durante más de un siglo.
La propia fuente ecuatoriana que defiende a Flores lo reconoce con claridad al señalar que, triunfante en el Ecuador, Eloy Alfaro «mandara a estampar en los textos de enseñanza que Flores fue el asesino de Sucre», en solidaridad con la línea del liberalismo. Y sostiene que esa acusación recogía a su vez «una contrapartida de los liberales de Colombia que intentan exonerar a Obando y sus seguidores».
Es decir: los liberales colombianos tenían motivos para desviar la culpa hacia Flores, y los liberales ecuatorianos tenían motivos para aceptarla, porque desacreditaba al fundador conservador de la República. La verdad histórica quedó atrapada entre dos conveniencias.
Dónde está hoy la discusión
Este sitio no está en condiciones de resolver un caso que la historiografía lleva casi dos siglos discutiendo, y no pretende hacerlo. Sí puede señalar dónde hay acuerdo y dónde no.
Hay acuerdo amplio en que el crimen fue político y no casual; en que se anunció públicamente antes de cometerse; en que Obando estuvo implicado, con la confesión de Morillo como pieza principal; y en que el proceso judicial se frustró por razones políticas.
No hay acuerdo sobre el alcance exacto de la responsabilidad de Flores. Buena parte de la historiografía ecuatoriana tradicional lo exonera; la lectura liberal lo acusó durante décadas. Enrique Ayala Mora, sin resolver la autoría, sitúa el asesinato de Sucre como el inicio de la secuencia de crímenes políticos que caracterizó al período floreano, junto con la matanza de los redactores de El Quiteño Libre en 1833 y el asesinato de Sáenz y Zaldumbide en 1834. Su tesis no es que Flores matara a Sucre, sino que el crimen político fue un «vicio de nacimiento» de la república.
Una advertencia sobre las fuentes de este artículo. Buena parte del detalle procede de una compilación de la correspondencia de Bolívar a Flores cuyo editor defiende explícitamente a este último y considera la acusación contra él una consigna que «compromete el honor nacional». No es una fuente neutral, y conviene leerla sabiéndolo: aporta documentos valiosos dentro de un argumento de parte.
Cronología
| 25 de septiembre de 1828 | Atentado contra Bolívar en Bogotá; Manuela Sáenz lo ayuda a escapar. |
| 27 de febrero de 1829 | Sucre vence en Tarqui. |
| 20 de enero de 1830 | Se reúne el Congreso Admirable, presidido por Sucre. |
| Abril-mayo de 1830 | Bolívar deja el mando; Mosquera es nombrado presidente constitucional. |
| 13 de mayo de 1830 | El Distrito del Sur se separa de Colombia. |
| 4 de junio de 1830 | Sucre es asesinado en Berruecos. |
| 2 de agosto de 1830 | Bolívar advierte a Flores que la República se disolverá y que vendrán «los mayores horrores». |
| 17 de diciembre de 1830 | Muere Bolívar camino al exilio. |
| 1831 | El gobierno de Urdaneta acusa a Obando y a José Hilario López; ambos se sublevan en el Cauca. |
| Décadas siguientes | El proceso se frustra; Obando llega a presidir la Nueva Granada. |
Conclusión
La muerte de Sucre cierra el ciclo grancolombiano de forma casi simbólica. En apenas siete meses de 1830 se separó el Sur, fue asesinado el hombre llamado a suceder a Bolívar, y murió el propio Bolívar camino al destierro. La república que había unido Venezuela, Nueva Granada y Quito dejó de existir.
Para la historia ecuatoriana, el episodio tiene un valor añadido y menos cómodo. Muestra que la violencia política no llegó después de la fundación del país sino que la acompañó desde el primer año, y que la eliminación del adversario se consideró desde el principio un recurso legítimo del enfrentamiento político.
Y muestra también cómo se construye un relato histórico. Que durante décadas los textos escolares ecuatorianos enseñaran una versión u otra según quién gobernara dice menos sobre lo ocurrido en Berruecos que sobre los usos políticos de la historia. Presentar la disputa, en lugar de zanjarla en silencio, es probablemente lo más honesto que puede hacerse con este caso.
Fuentes y bibliografía
- Cartas de Simón Bolívar a Juan José Flores. Biblioteca Nacional del Ecuador «Eugenio Espejo».
- Ayala Mora, Enrique. «Los muertos del floreanismo», Procesos. Revista Ecuatoriana de Historia, n.º 27, I semestre 2008.
- Cevallos, Pedro Fermín. Resumen de la Historia del Ecuador, tomo XII.
- González Suárez, Federico. Discurso pronunciado en la Catedral de Quito sobre el asesinato de Sucre.
- Restrepo, José Manuel. Historia de la Revolución de la República de Colombia.
- Baralt, Rafael María. Historia de Venezuela.
- Madariaga, Salvador de. Bolívar.
- Rumazo González, Alfonso. Sucre, gran Mariscal de Ayacucho. Aguilar, Madrid, 1963.
- Andrade Reimers, Luis. Sucre en el Ecuador. Corporación Editora Nacional / UASB, Quito, 1995.
- Van Aken, Mark. El rey de la noche. Juan José Flores y el Ecuador, 1824-1864. Banco Central del Ecuador, Quito, 1994.
- Moncayo, Pedro. El Ecuador de 1825 a 1875.
Fuentes primarias
La correspondencia de Simón Bolívar con Juan José Flores en 1830, conservada en la Biblioteca Nacional del Ecuador «Eugenio Espejo», documenta la reacción del Libertador ante la separación del Sur y la noticia del asesinato. La declaración de Apolinar Morillo ante el pelotón de fusilamiento es la pieza judicial central del caso. Los informes del ministro británico en Bogotá a su gobierno registran que el crimen se conoció en círculos liberales antes de producirse la noticia oficial. El periódico El Demócrata conserva el anuncio público previo al hecho.
Ver también
- El Distrito del Sur en la Gran Colombia (1822-1830)
- La guerra con el Perú y la batalla de Tarqui
- Flores y Rocafuerte: los primeros gobiernos de la República
- La campaña de Flores sobre Pasto y la guerra del Cauca
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