Juan José Flores: el general venezolano que fundó la República del Ecuador

El general venezolano Juan José Flores fue el primer presidente del Ecuador. Su biografía completa: de soldado de Páez a fundador de la República y conspirador monarquico en el exilio.

Actualizado el 2 de octubre de 2026

Ningún nombre resume mejor la ambigüedad fundacional del Ecuador que el de Juan José Flores. El hombre que presidió el Congreso Constituyente de Riobamba en 1830 y que, por tanto, lleva el título formal de primer presidente de la República, no nació en Quito, ni en Guayaquil, ni en Cuenca: nació en Puerto Cabello, Venezuela, hijo natural de un comerciante español y una mujer del pueblo, y llegó a estas tierras como un militar extranjero al mando de tropas extranjeras.

A diferencia de Simón Bolívar o de Antonio José de Sucre, cuya estatura histórica se mide casi exclusivamente en clave continental, Flores gobernó el país que fundó durante casi quince años, en tres períodos presidenciales, y siguió interviniendo en su política armada hasta el día de su muerte en 1864. Esa permanencia produjo una paradoja que la historiografía ecuatoriana todavía discute: el mismo general al que la Asamblea de 1835 declaró «primer ciudadano del Ecuador» y «fundador, defensor y conservador de la República» es también el que ordenó reprimir a un periódico opositor hasta la violencia, el que gobernó rodeado casi por completo de oficiales extranjeros, y el que, ya derrocado, dedicó más de una década a organizar una expedición para reconquistar el país que había fundado.

Esta entrada reconstruye esa trayectoria completa: el soldado adolescente de los llanos venezolanos, el jefe del Distrito del Sur que se asentó en Quito, el presidente fundador y el exiliado que, paradójicamente, murió defendiendo al gobierno de Gabriel García Moreno contra el mismo caudillismo militar que él mismo había inaugurado.

NombreJuan José Flores
Nacimiento19 de julio de 1800, Puerto Cabello, Venezuela
Muerte1 de octubre de 1864, Guayaquil, Ecuador
CargoPrimer presidente del Ecuador (1830-1834, 1839-1843, 1843-1845)
CónyugeMercedes Jijón de Vivanco
Campañas destacadasBomboná (1822), Tarqui (1829), Miñarica (1834)
Exilio y retorno1845-1860 (Europa y Perú); regresa al Ecuador en 1860

De Puerto Cabello a los llanos venezolanos: la formación de un soldado

Juan José Flores nació en Puerto Cabello, en la costa venezolana, el 19 de julio de 1800. No provenía de la aristocracia criolla que dominó buena parte de los mandos de la independencia: era hijo natural de un comerciante español acomodado y de una mujer nativa del propio Puerto Cabello, «que solo se recomendaba por las dotes que había recibido de la naturaleza», según la propia noticia biográfica que Flores dictó en su vejez. Su padre abandonó América al estallar la revolución y murió en España sin volver a verlo, dejándole como única herencia dos casas y algunos esclavos. Flores fue, por tanto, autodidacta: aprendió a leer y escribir en la escuela de un maestro canario local y completó el resto de su educación con el tiempo, hasta llegar a redactar con soltura cartas y manifiestos de gobierno.

Monumento a Juan José Flores en Puerto Cabello, Venezuela, su ciudad natal
Monumento a Juan José Flores en Puerto Cabello, Venezuela. Guillermo Ramos Flamerich, CC BY 3.0, vía Wikimedia Commons.

Se incorporó a las filas patriotas siendo apenas un adolescente. Capturado por los realistas en el sitio de Valencia y asignado al cuerpo de sanidad militar, huyó a los pocos días y se presentó voluntariamente ante José Antonio Páez, el caudillo de los llaneros venezolanos, quien lo recordaría después en sus memorias como «el joven Juan José Flores» entre los fugitivos que se le unieron en las orillas del río Casanare. Fue nombrado cadete abanderado en 1814, cuando apenas contaba catorce años, y sirvió en la caballería llanera bajo las órdenes directas de Páez. En el combate de Cogedes, en 1818, sufrió una herida casi mortal en el pecho defendiendo una trinchera ya perdida; según el testimonio de un contemporáneo, permaneció doce horas sin recibir agua ni atención médica antes de poder retirarse. Bolívar lo ascendió a capitán ese mismo año y le concedió la Cruz de los Libertadores.

De Bomboná al Distrito del Sur: la llegada a Quito

Flores formó parte de la columna que Bolívar llevó personalmente hacia el sur para apoyar la campaña de Sucre sobre Quito, y combatió en la sangrienta batalla de Bomboná, en mayo de 1822, cuyo objetivo era impedir que los realistas de Pasto acudieran en auxilio de los defensores de la Audiencia. Participó también en la posterior campaña de Pasto y, años después, en la guerra con el Perú que culminó en Tarqui (1829), cuya correspondencia con Bolívar —rescatada décadas más tarde del archivo familiar en Niza— es hoy una de las fuentes primarias más citadas sobre esa campaña.

Al consolidarse la victoria sobre la Real Audiencia de Quito, Flores fue nombrado jefe militar del «Distrito del Sur» de la Gran Colombia y se radicó definitivamente en Quito. Allí se entroncó con la aristocracia latifundista local al casarse con Mercedes Jijón de Vivanco, y amasó una considerable fortuna en tierras durante el ejercicio de sus funciones militares y administrativas. El historiador Enrique Ayala Mora resume el contexto que permitió ese ascenso: en una sociedad desarticulada regionalmente, con un poder central débil, el ejército —integrado en su mayoría por veteranos extranjeros de la independencia— se convirtió en árbitro de la política, y sus jefes, en caudillos de influencia decisiva. En 1830, de los quince generales en servicio en el país, doce eran extranjeros.

El primer presidente: la fundación del Estado del Ecuador (1830)

Cuando la Gran Colombia comenzó a disolverse a comienzos de 1830, Flores encabezó el movimiento que separó el Distrito del Sur y lo proclamó Estado independiente. Fue designado jefe de la Administración del Estado del Sur el 13 de mayo de 1830 y presidente provisional el 14 de agosto; el Congreso Constituyente reunido en Riobamba lo eligió presidente constitucional el 22 de septiembre de ese año, cargo que ejerció hasta el 10 de septiembre de 1834. Fue, en ese sentido estrictamente formal, el primer presidente del Ecuador, aunque —como ha señalado la historiografía reciente— esa misma formalidad oculta que la nueva república nacía bajo el mando de un general que ni era nativo del país ni respondía a un proyecto político propiamente ecuatoriano, sino a la lógica de las repúblicas sucesoras de Bolívar repartiéndose su legado territorial.

El gobierno de Flores enfrentó de inmediato la inestabilidad regional que marcaría buena parte del siglo. En 1831 intentó anexar la provincia colombiana del Cauca al territorio ecuatoriano, pero fue derrotado en el campo por el general colombiano José María Obando y debió renunciar a esa ambición, mientras sofocaba revueltas internas que cuestionaban su autoridad. La correspondencia de Flores con comerciantes y hacendados de la época muestra a un gobernante preocupado, principalmente, por consolidar su propia hegemonía militar antes que por construir instituciones republicanas duraderas.

El Quiteño Libre y la represión de la prensa opositora (1833)

El episodio más oscuro del primer gobierno de Flores tiene nombre de periódico. El Quiteño Libre, fundado en 1833 por una sociedad de jóvenes quiteños, publicó treinta y seis números semanales en los que acusaba al presidente de gobernar para sí mismo y sus allegados, sin respetar la Constitución, y de rodearse de una oficialidad extranjera que, denunciaba uno de sus números, controlaba prácticamente todas las comandancias militares del país. El periódico no proponía un programa republicano alternativo explícito, pero sus debates —según el análisis más reciente sobre la publicación— permiten reconstruir una idea de república distinta de la que Flores estaba construyendo en la práctica.

La tensión entre el periódico y el gobierno terminó en violencia la noche del 19 de octubre de 1833, cuando un enfrentamiento entre las autoridades armadas y miembros de la sociedad editora dejó muertos entre los redactores. La historiografía liberal tradicional atribuyó esas muertes directamente a una orden de Flores; otros autores matizan esa responsabilidad directa, pero coinciden en que el gobierno aprovechó el episodio para endurecer, pocos días después, la ley de imprenta vigente. Fuera cual fuera el grado exacto de responsabilidad personal del presidente, el episodio se convirtió en el símbolo que la oposición antifloreanista invocaría durante el resto del siglo para describir el régimen fundacional como una dictadura militar disfrazada de república.

Miñarica, Rocafuerte y el regreso al poder (1834-1845)

Poco antes de que concluyera su primer período, un pronunciamiento encabezado por José Félix Valdivieso tomó Quito y proclamó una jefatura suprema. En vez de aplastar militarmente a su rival —aunque sus tropas lo derrotaron de forma decisiva en la batalla de Miñarica, cerca de Ambato—, Flores optó por negociar: se retiró del mando el 10 de septiembre de 1834 y respaldó la proclamación de Vicente Rocafuerte, su más notable adversario político, como jefe supremo en Guayaquil. La Asamblea Constituyente reunida en Ambato en 1835 lo declaró, en un gesto que resume bien la ambigüedad de su figura, «primer ciudadano del Ecuador» y «fundador, defensor y conservador de la República», reconociéndole en exclusiva el grado de General en Jefe.

Durante la presidencia de Rocafuerte (1835-1839), Flores colaboró lealmente como senador y hombre fuerte del gobierno, pese a algunos roces con los comerciantes guayaquileños. En 1839 fue elegido presidente por segunda vez, y en 1843 por tercera. Fue precisamente esta tercera presidencia la que erosionó de modo irreparable su legitimidad: la nueva Constitución de 1843, apodada por sus críticos la «Carta de Esclavitud», extendía el período presidencial y concentraba aún más poder en el Ejecutivo. A la resistencia política se sumaron un impuesto personal profundamente impopular —que generó asonadas bajo el grito de «mueran los tres pesos»— y la protesta del clero, excluido por la nueva carta de los cargos públicos.

La Revolución Marcista y el exilio de Juan José Flores (1845)

El 6 de marzo de 1845, un pronunciamiento en Guayaquil —encabezado por José Joaquín de Olmedo, Vicente Ramón Roca y Diego Noboa, autoproclamados «Gobierno Provisorio»— desconoció a Flores. El movimiento, que adoptó el nombre de Revolución Marcista, apeló deliberadamente a un sentido nacionalista: sustituyó el tricolor colombiano heredado de la Gran Colombia por la bandera de octubre de 1820 como símbolo del país, y propuso contar los años desde 1845 como «el primero de la libertad», en clara reacción contra el dominio militar extranjero que encarnaba Flores.

Grabado de la hacienda La Elvira, propiedad de Juan José Flores en la costa ecuatoriana
Grabado de la hacienda La Elvira (1852), cuartel general de las tropas floreanas durante la Revolución Marcista. Gleason’s Pictorial, dominio público, vía Wikimedia Commons.

Durante varios meses, las tropas leales a Flores resistieron desde su hacienda La Elvira, en la costa, convertida en cuartel general, rechazando repetidos ataques de las fuerzas marcistas por tierra y por río. Pero Flores comprendió que no podía ganar y conservar el poder de forma sostenible, y prefirió la transacción: suscribió con sus adversarios los acuerdos de La Virginia, por los cuales se retiraba del mando a cambio de garantías para sus oficiales y soldados, el pago de sueldos atrasados y una pensión para subsistir en Europa durante dos años, al cabo de los cuales podría regresar libremente. Fue la última vez que Flores dejaría el poder por la vía pactada.

La tentativa monárquica y los años de exilio (1845-1860)

El acuerdo de exilio no fue respetado por ninguna de las dos partes. La persecución contra los partidarios de Flores comenzó pocos meses después de su partida, y el propio general, instalado en Europa, inició la organización de una expedición armada para recuperar el poder: compró barcos en Inglaterra y reclutó «colonos» con ofertas de tierras en el Ecuador, mientras buscaba el respaldo de la corte española para lo que presentó ante sus funcionarios como un proyecto de restauración monárquica, con un príncipe español como monarca de un reino andino.

La naturaleza exacta de ese proyecto sigue discutida. La historiadora española Ana Gimeno, en el estudio más documentado sobre el episodio, sostiene que no cabe duda de que la llamada «expedición floreana» perseguía una restauración monárquica en la que el propio Flores ocuparía una posición preponderante, respaldada por el gobierno español de la época como parte de una política más amplia de intervención en sus antiguas colonias. Otros historiadores, como el padre Jorge Villalba, han insistido en la inocencia del general, sosteniendo que solo buscaba hacer valer sus derechos como presidente constitucional depuesto, sin intención real de coronar a nadie. Lo cierto es que el proyecto se mantuvo vivo durante varios años, que los gobiernos ecuatorianos declararon «pirata» a Flores y dedicaron recursos considerables a prepararse ante una invasión, y que los países vecinos llegaron a plantear una «Confederación del Pacífico» de defensa mutua ante esa amenaza. Las gestiones de comerciantes ingleses lograron finalmente el embargo de los barcos destinados a la expedición, que terminó fracasando, aunque Flores mantuvo sus intentos desde el Perú durante años más.

El regreso y la alianza con García Moreno (1860-1864)

En 1860, casi quince años después de su caída, Flores logró finalmente regresar al Ecuador, en circunstancias muy distintas de las que había imaginado durante su exilio: no como invasor, sino como aliado del hombre fuerte emergente de la política ecuatoriana, Gabriel García Moreno, que buscaba reunificar un país fragmentado entre gobiernos regionales rivales. Flores presidió la Asamblea Constituyente de 1861 y asumió diversas tareas como jefe militar del nuevo gobierno, cerrando el círculo de una carrera que había comenzado exactamente de la misma forma: como el general extranjero que las facciones ecuatorianas necesitaban para imponerse sobre sus rivales internos.

Tumba de Juan José Flores en la Catedral Metropolitana de Quito
Tumba de Juan José Flores, Catedral Metropolitana de Quito. CC0, vía Wikimedia Commons.

En 1864, cuando dirigía personalmente una operación militar contra un levantamiento encabezado por José María Urvina y sus partidarios en la costa sur —en defensa, una vez más, del gobierno de turno—, Flores encontró la muerte en Guayaquil el 1 de octubre de ese año, en plena campaña. El soldado que había llegado a Quito cuarenta y dos años antes como oficial de un ejército extranjero murió, en los hechos, exactamente como había vivido: con las armas en la mano, defendiendo a un gobierno ecuatoriano frente a otro caudillo militar.

El legado contradictorio del fundador

La muerte de Bolívar en Santa Marta y la de Sucre en Berruecos dejaron a ambos fuera del largo y turbio desarrollo político que siguió a la independencia, lo que facilitó su conversión en símbolos relativamente consensuados. Flores no tuvo esa suerte ni esa ausencia: gobernó, fue derrocado, conspiró desde el exilio, regresó y murió en combate interno treinta y cuatro años después de fundar el país, dejando tras de sí una división política —el floreanismo y el antifloreanismo— que algunos historiadores consideran la primera gran fractura partidaria de la vida republicana ecuatoriana, antes incluso de que existieran partidos formalmente organizados.

Su influencia personal se prolongó, además, más allá de su propia vida: su hijo Antonio Flores Jijón llegaría a ser presidente del Ecuador entre 1888 y 1892, y la familia Flores-Jijón mantuvo participación política activa durante más de un siglo. El Ecuador contemporáneo conserva de Flores un título formal —primer presidente— que pocos discuten y una valoración de fondo que la historiografía sigue sin resolver: ¿fue, en lo esencial, el militar extranjero que impuso por la fuerza una independencia que la región no había pedido con una sola voz, o el estadista pragmático que, a falta de alternativas mejores, logró sostener sobre sus hombros un Estado que ninguna otra figura disponible en 1830 habría podido fundar?

Cronología

19 jul 1800Nace en Puerto Cabello, Venezuela.
1814Se incorpora como cadete abanderado a las fuerzas patriotas venezolanas.
1818Herido en el combate de Cogedes; Bolívar lo asciende a capitán.
1822Combate en Bomboná, apoyando la campaña de Sucre sobre Quito; se radica luego como jefe del Distrito del Sur.
22 sep 1830El Congreso de Riobamba lo elige primer presidente del Ecuador.
19 oct 1833Represión violenta contra la sociedad editora de El Quiteño Libre.
10 sep 1834Se retira del mando tras Miñarica y respalda a Rocafuerte.
1839-1845Segunda y tercera presidencia; la Constitución de 1843 («Carta de Esclavitud») erosiona su legitimidad.
6 mar 1845Revolución Marcista; acuerdos de La Virginia y exilio en Europa.
1846-1859Organiza la «expedición floreana» para reconquistar el Ecuador.
1860Regresa al Ecuador y se alía con Gabriel García Moreno.
1 oct 1864Muere en Guayaquil combatiendo el levantamiento de José María Urvina.

Conclusión

Juan José Flores encarna, mejor que ningún otro personaje de la historia ecuatoriana temprana, la distancia entre el relato fundacional oficial y la realidad concreta de cómo se construyó el Estado. Su biografía no admite una lectura simple: fue, a la vez, el soldado autodidacta que se ganó cada grado en el campo de batalla, el presidente que institucionalizó la represión de la prensa opositora, el conspirador monárquico que negoció con una corte extranjera su propio regreso al poder, y el anciano general que murió defendiendo —por tercera vez en su vida— a un gobierno ecuatoriano contra otro caudillo militar.

Comprender esa complejidad, antes que reducirla a una estatua o a una acusación, es lo que permite entender por qué el Ecuador decimonónico pasó sus primeras décadas definiéndose, una y otra vez, en relación con la figura de su propio fundador.

Fuentes y bibliografía

  • Enrique Ayala Mora, «Los muertos del floreanismo», Procesos. Revista Ecuatoriana de Historia, n.º 27 (enero-junio 2008).
  • Rocío Castro, «Debates sobre la república en El Quiteño Libre (1833-1834)», Procesos. Revista Ecuatoriana de Historia, n.º 56 (julio-diciembre 2022).
  • «Cartas de Simón Bolívar al general Juan José Flores», con introducción biográfica, Biblioteca Nacional del Ecuador «Eugenio Espejo».
  • Deidán de la Torre, «Federalismo», en estudios sobre la organización territorial del Ecuador decimonónico (sobre el proyecto monárquico federal de Flores y Ana Gimeno, Una tentativa monárquica en América: el caso ecuatoriano, Quito, Banco Central del Ecuador, 1988).
  • Juan Maiguashca, «República», en estudios sobre el Ecuador del siglo XIX.
  • Nota sobre fuentes externas: para los datos biográficos precisos (fecha exacta de nacimiento y muerte), se complementó el corpus con el artículo académico publicado en el Boletín de la Academia Nacional de la Historia (Caracas), disponible en el repositorio institucional de la UNAM (biblat.unam.mx), que data su nacimiento el 19 de julio de 1800 en Puerto Cabello y su muerte el 1 de octubre de 1864 en Guayaquil. Una compilación de cartas de Bolívar a Flores conservada en la Biblioteca Nacional del Ecuador ofrece fechas distintas (1801 y 1865) que no coinciden con el resto de la historiografía consultada ni con la cronología interna de los hechos narrados; se adoptaron aquí las fechas convergentes entre las demás fuentes académicas.

Fuentes primarias

La correspondencia de Simón Bolívar al general Juan José Flores, conservada originalmente en el archivo familiar en Niza y Marsella y recuperada por la Universidad Católica del Ecuador, documenta en primera persona la campaña del Perú que culminó en Tarqui. Los números de El Quiteño Libre (1833-1834), con sus acusaciones directas contra el gobierno de Flores y sus llamados a la libertad de imprenta, constituyen la fuente primaria de oposición más citada sobre su primer gobierno. El propio manifiesto de renuncia de Flores, firmado en Guayaquil el 10 de septiembre de 1834, resume en sus propias palabras cómo entendía su retiro del poder tras Miñarica.

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Sobre quien escribe

Jefferson

Soy docente en Ciencias de la Educación, con mención en Ciencias Sociales, y ejerzo la docencia desde 2020 tanto en el sector público como privado. La historia universal ha sido una pasión constante en mi vida, y de ahí nació la inquietud detrás de este proyecto: en años de investigar y recopilar información sobre la historiografía de mi país, me encontré una y otra vez con datos dispersos, imprecisos o directamente erróneos circulando en la red.

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