El Distrito del Sur en la Gran Colombia (1822-1830)

Ocho años como tres departamentos de una república gobernada desde Bogotá: la anexión forzada de Guayaquil, el costo de las guerras, Tarqui y las tres razones distintas de la ruptura.

Actualizado el 18 de agosto de 2026Publicado el 12 de agosto de 2026

Introducción

Entre la batalla de Pichincha en 1822 y la separación de mayo de 1830, el territorio de lo que hoy es el Ecuador no fue un país. Fue el Distrito del Sur de la República de Colombia: tres departamentos -Ecuador, Guayaquil y Azuay, con capitales en Quito, Guayaquil y Cuenca- dentro de un Estado cuya capital estaba en Bogotá.

Esos ocho años suelen contarse de pasada, como un paréntesis entre la independencia y la fundación de la República. Conviene lo contrario: fue el período en que estas poblaciones aprendieron a ser republicanas, en que se decidió quién pagaba las guerras del continente, y en que se gestaron las rivalidades regionales que definirían el siglo siguiente.

Mapa de la República de Colombia levantado en 1825, con la división en departamentos incluido el Distrito del Sur
Carta corográfica de la República de Colombia, 1825. El actual Ecuador aparece aquí como tres departamentos del extremo meridional de un Estado que iba del Caribe al Marañón. Wikimedia Commons (dominio público).

Este artículo cuenta ese período desde dentro de la Gran Colombia: cómo se produjo la anexión, cómo se gobernaba, qué costaron las guerras, por qué las élites regionales fueron rompiendo con Bogotá y qué dejó la experiencia colombiana en el país que vino después.

Ficha técnica

DenominaciónDistrito del Sur de la República de Colombia
Período1822-1830
DepartamentosEcuador (Quito), Guayaquil (Guayas) y Azuay (Cuenca)
RepúblicaColombia, fundada en 1819 por el Congreso de Angostura; capital en Bogotá
PresidenteSimón Bolívar; en la práctica gobernó el vicepresidente Francisco de Paula Santander
AnexionesCuenca y Quito en 1822 por decisión de sus notables; Guayaquil el 26 de julio de 1822, mediante el uso de la fuerza
Marco legalConstitución de Cúcuta (1821); Ley de División Territorial (1824)
ConflictosCampaña del Perú hasta Ayacucho (1824); guerra con el Perú (1828-1829), batalla de Tarqui
Fin13 de mayo de 1830, pronunciamiento del Departamento de Quito
Fuentes principalesAyala Mora, Resumen de Historia del Ecuador; Maiguashca, «República», en Nueva Historia del Ecuador; Cartas de Simón Bolívar a Juan José Flores
Última revisiónAgosto de 2026

El proyecto colombiano

La República de Colombia se había fundado en 1819, en plena guerra independentista, como unión de Venezuela y Nueva Granada, con la expectativa expresa de que Quito se sumara cuando fuera liberada. No era una federación improvisada sino un intento deliberado de crear un gran país que sirviera de referente continental.

Bolívar fue elegido presidente, pero las urgencias de la campaña le impidieron ejercer el mando. Este quedó en manos del vicepresidente Francisco de Paula Santander, que imprimió a su administración un sesgo claramente liberal: organizó juntas de protección de la agricultura y el comercio, impulsó una política librecambista, declaró ilegal el trabajo gratuito de los indígenas, estableció un salario mínimo e impuestos directos, y promovió seriamente la abolición del tributo indígena.

Retrato al óleo de Simón Bolívar, presidente de la República de Colombia
Simón Bolívar, presidente de la República de Colombia. Óleo del siglo XIX. Wikimedia Commons (dominio público).

Ese programa lo enfrentó con los grandes latifundistas, y con el tiempo también con Bolívar. Conviene retener el dato porque explica buena parte de lo que ocurrió en el sur: el Distrito no se definió frente a un gobierno abstracto, sino ante políticas concretas que beneficiaban a unos y perjudicaban a otros.

Tres anexiones distintas

La incorporación del sur no fue un acto único ni unánime, y las diferencias entre los tres casos anticipan todo lo que vendría.

Cuenca se anexó semanas antes de Pichincha. Tras la victoria del 24 de mayo de 1822, los notables quiteños resolvieron la anexión del distrito a Colombia. En Guayaquil, en cambio, hubo resistencia, y Bolívar tuvo que usar la fuerza para conseguirlo: la ciudad quedó incorporada el 26 de julio de 1822, el mismo día de su entrevista con José de San Martín.

Detalle del hemiciclo de La Rotonda, en Guayaquil, que conmemora la entrevista entre Bolívar y San Martín
La Rotonda, en Guayaquil, conmemora la entrevista de Bolívar y San Martín del 26 de julio de 1822. El monumento celebra el encuentro; la anexión forzada de la ciudad ese mismo día rara vez se recuerda con él. Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0).

Conviene subrayar que la comisión de gestionar esa anexión no fue posterior al triunfo militar: Sucre la traía desde antes, junto con su encargo de dirigir las operaciones, y la resistencia local había obligado a postergarla. La incorporación del puerto era un objetivo político previo, no una consecuencia improvisada de la victoria.

El territorio quedó organizado en tres departamentos que seguían las antiguas unidades regionales coloniales. Esa continuidad importa: la Gran Colombia no inventó las divisiones del sur, heredó las de la Real Audiencia y las convirtió en unidades administrativas republicanas.

El costo de las guerras

La etapa grancolombiana fue de enorme agitación para el Distrito del Sur, y el motivo principal fue económico. La guerra de emancipación del Perú absorbió una cantidad extraordinaria de sus recursos hasta la campaña de Ayacucho en 1824.

La cifra que ofrece la historiografía ecuatoriana es contundente: el actual Ecuador llegó a pagar por esa guerra tres veces más que el resto de Colombia. Financiaba una campaña que se libraba fuera de su territorio, decidida en otra capital.

La correspondencia de la época deja ver el mecanismo concreto. En una carta a Juan José Flores, Bolívar explica que decretó en Cuenca una exacción de treinta mil pesos distribuida entre los departamentos del Sur, dejando al Gobierno la clasificación y a las autoridades locales el reparto según los haberes de los contribuyentes. Ese era el procedimiento: la orden venía de arriba, el cobro lo hacían las autoridades del lugar, y el descontento se acumulaba abajo.

La guerra con el Perú y Tarqui

En 1828 estalló la guerra entre Colombia y el Perú por un diferendo limitrofe. La flota peruana bombardeó Guayaquil. La ciudad se defendió con escasos recursos; los cañones emplazados en el puerto impidieron el abordaje y en una de las acciones murió el almirante Guise, jefe de la flota peruana. Tras un asedio prolongado, sin embargo, Guayaquil tuvo que capitular.

El 27 de febrero de 1829, el ejército de Colombia dirigido por Sucre derrotó a las fuerzas peruanas en Tarqui, cerca de Cuenca. Se firmaron acuerdos de paz y más tarde un tratado con delimitación de fronteras, pero el conflicto territorial quedó pendiente: reaparecería durante más de un siglo. También en esta guerra los departamentos del Sur soportaron la carga más pesada del esfuerzo bélico.

La correspondencia de Bolívar revela un estado de ánimo que contrasta con el relato heroico habitual. En octubre de 1828, al enviar sesenta mil pesos a Flores y comunicarle que nombraba a Sucre para mandar el ejército, escribe que no le priva de gloria alguna porque no hay ninguna que ganar «en el miserable estado de las cosas», y añade: «ni en Colombia ni en Perú se puede hacer nada bueno: ni aún el prestigio de mi nombre vale ya; todo ha desaparecido para siempre». La carta es anterior a Tarqui.

Sucre, por su parte, rechazó repetidamente la jefatura del ejército, y Flores tuvo que insistirle en vano. Era contrario a la guerra fratricida y sostenía que debían agotarse todos los recursos antes de un choque armado.

Por qué se rompió: tres razones distintas

La ruptura no obedeció a un sentimiento nacional compartido. Cada región llegó a ella por motivos propios, y en algunos casos contradictorios entre sí.

Los latifundistas quiteños resistieron desde el principio las políticas de Santander: el librecambismo perjudicaba su producción textil, y las reformas igualitarias amenazaban la estructura jerárquica y corporativa de la sociedad serrana. Por eso los notables de Quito recibieron con entusiasmo la idea de una dictadura de Bolívar.

En Guayaquil ocurrió lo contrario. Los terratenientes y comerciantes del puerto, reticentes en principio a la anexión, descubrieron que las políticas de Santander los favorecían, y mantuvieron su lealtad a Colombia mientras Quito se agitaba. Sus tendencias autonomistas renacieron solo cuando cayeron las exportaciones al final de los años veinte y se reactivaron los vínculos comerciales con Lima. Las rebeliones de esclavos les hicieron pensar, además, en la necesidad de mayor represión.

Cuenca siguió su propio camino: también experimentó una reactivación del comercio con el Perú, lo que reafirmó sus reivindicaciones de autonomía.

La síntesis es incomoda pero necesaria: por motivaciones diversas y hasta contradictorias, las élites regionales del Distrito del Sur fueron llegando por separado al rompimiento con Colombia. No hubo un despertar nacional, sino una convergencia de intereses locales.

Mayo de 1830: tres pronunciamientos

El 13 de mayo de 1830, los representantes y padres de familia del Departamento de Quito se pronunciaron, en ejercicio de su soberanía, por construir un Estado libre e independiente «con los pueblos comprendidos en el Distrito del Sur y los más que quieran incorporarse, mediante las relaciones de naturaleza y de recíproca conveniencia».

Días más tarde hicieron lo propio Guayas y Azuay, y sus textos revelan qué temían. Guayaquil pidió una convención de los tres departamentos con «una representación igual, sea cual fuere su población». Azuay fue más explícito y exigió que los tres formaran un Estado «con perfecta unión entre sí, en igualdad de derechos y por lo mismo ninguno aspire a superioridad respecto de los demás».

Es decir: buscaban unirse, pero cada uno quería garantías de que los otros dos no lo dominaran. Esa desconfianza fundacional quedó escrita en las actas antes de que existiera el país.

La lucidez sobre el problema fue contemporánea. Años después, el periódico El Quiteño Libre describía que el pequeño Estado del Ecuador, con su medio millón de habitantes, parecía constar de otros tres estaditos independientes, cada uno con todo el aparato, todo el gasto y las rivalidades de tres naciones separadas.

Cuando se reunió la Constituyente que daría la Constitución de 1830, el representante guayaquileño Francisco Marcos lo planteó con claridad: roto el pacto social que antes reunía a los pueblos de Colombia, era indispensable ligarlos por nuevas y expresas estipulaciones. Señaló dos razones: el estado de disociación de la República y el espíritu de discordia que amenazaba dividirlos.

Una experiencia formativa

Juan Maiguashca ha propuesto una lectura que corrige la idea del paréntesis. Aunque breve, sostiene, la experiencia colombiana fue formativa: durante esos años los pueblos de la antigua Audiencia se familiarizaron con los lenguajes del pacto social que la Gran Colombia empleaba para constituirse en república moderna.

Aprendieron a reconocer las falencias de la monarquía, a distinguir tipos de republicanismo -aristocrático o democrático-, a separar Estados unitarios de federales y sus arreglos centralistas o descentralizados, y a dar espacio a una sociedad corporativa donde los municipios alcanzaron una preeminencia decisiva. Todos esos lenguajes reaparecerían en la etapa siguiente.

El vehículo principal fue la Gaceta de Colombia, periódico oficial del gobierno, distribuido y leído en Quito y Guayaquil desde 1822. En su primera etapa dio a conocer las iniciativas del gobierno y buscó respaldo; en la segunda lo defendió en un contexto de crisis. El Distrito del Sur fue objeto de su atención primero como nueva adhesión territorial y después por su disidencia.

Un testimonio del entusiasmo inicial lo dejó Vicente Rocafuerte, que en 1823 publicó en Nueva York un Ensayo político sosteniendo que el sistema colombiano, popular, electivo y representativo, era el que más convenia a la América independiente. Ocho años después, Quito, Guayaquil y Cuenca concluirían que su importancia política no había sido reconocida, que sus intereses económicos habían sufrido y que la seguridad mutua prometida era precaria.

Cronología

1819El Congreso de Angostura funda la República de Colombia.
24 de mayo de 1822Batalla de Pichincha; Quito se anexa a Colombia.
26 de julio de 1822Entrevista de Bolívar y San Martín; Guayaquil queda anexada.
17 de julio de 1823Bolívar derrota en Ibarra a las tropas de Agualongo.
1824Ley de División Territorial de Colombia; campaña de Ayacucho.
1826Se establece definitivamente la Universidad Central en Quito.
1828Bolívar asume la dictadura; atentado del 25 de septiembre en Bogotá; guerra con el Perú y bombardeo de Guayaquil.
27 de febrero de 1829Sucre vence a las fuerzas peruanas en Tarqui; Tratados de Guayaquil.
1830El «Congreso Admirable» fracasa; Bolívar deja el mando.
13 de mayo de 1830Pronunciamiento del Departamento de Quito; se inicia la separación.
4 de junio de 1830Asesinato del mariscal Sucre en Berruecos.
17 de diciembre de 1830Muerte de Bolívar camino al exilio.
1834Se distribuye la deuda colombiana entre Venezuela, Nueva Granada y Ecuador.

Conclusión

Situar estos ocho años dentro de la Gran Colombia, y no como antesala del Ecuador, cambia el relato en tres puntos.

Primero, la separación de 1830 no fue la culminación de un anhelo nacional sino el resultado de cálculos regionales divergentes: Quito rompió con el liberalismo de Santander, Guayaquil con la caída de sus exportaciones, Cuenca con el reacomodo de su comercio hacia el Perú.

Segundo, lo que se heredó fue considerable: divisiones administrativas, una deuda que se repartiría en 1834, un conflicto fronterizo con el Perú sin resolver, y una cultura política republicana que estos pueblos aprendieron siendo colombianos.

Y tercero, la desconfianza entre las tres regiones estaba escrita en los propios documentos fundacionales. Azuay exigió en 1830 que ninguno aspirara a superioridad sobre los demás. Que esa condición se incumpliera repetidamente durante el siglo XIX no fue un accidente: fue el problema que el nuevo país no supo resolver, y que ya se había manifestado dentro de la Gran Colombia.

Fuentes y bibliografía

  • Ayala Mora, Enrique. Resumen de Historia del Ecuador. Corporación Editora Nacional, Quito.
  • Maiguashca, Juan. «República», en Nueva Historia del Ecuador. Corporación Editora Nacional, Quito.
  • Núñez Sánchez, Jorge. «El Ecuador en Colombia», en Nueva Historia del Ecuador, vol. 6, 1989.
  • Cabrera Hanna, Santiago. «Un volcán de municipalidades».
  • Rocafuerte, Vicente. Ensayo político. El sistema colombiano, popular, electivo y representativo, es el que más conviene a la América independiente. Imprenta de A. Paul, Nueva York, 1823.
  • Le Gouhir y Rodas, José María. Historia de la República del Ecuador, tomo I. Imprenta del Clero, Quito, 1938.
  • Van Aken, Mark. «The lingering death of Indian tribute in Ecuador», The Hispanic American Historical Review 61(3), 1981.
  • Villarreal, Milagros. Elecciones en Ecuador (1830-1845). Tesis doctoral, Universidad Andina Simón Bolívar, 2025.
  • De la Barra, Felipe. La Campaña de Quito (1820-1822).
  • O’Leary, Daniel F. Gran Colombia y España (1819-1822).

Fuentes primarias

Las Cartas de Simón Bolívar a Juan José Flores, conservadas en la Biblioteca Nacional del Ecuador «Eugenio Espejo», documentan desde dentro la administración del Distrito del Sur, las exacciones para financiar la guerra y el estado de ánimo del Libertador en vísperas de Tarqui. La Gaceta de Colombia, periódico oficial del gobierno entre 1821 y 1831, es la fuente central sobre la vida política de la República y sobre cómo Bogotá veía al Distrito del Sur.

Las actas de los pronunciamientos de mayo de 1830 de los departamentos de Quito, Guayas y Azuay recogen sus condiciones para formar el nuevo Estado. El Ensayo político de Rocafuerte (1823) documenta el entusiasmo inicial por el modelo colombiano.

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