Flores y Rocafuerte: los primeros gobiernos de la República (1830-1845)

Quince años de caudillismo y pactos: el floreanismo, la represión de El Quiteño Libre, la guerra civil de 1835, el gobierno de Rocafuerte, la Carta de Esclavitud y la Revolución Marcista.

Actualizado el 15 de agosto de 2026Publicado el 11 de agosto de 2026

Introducción

Los quince años que siguieron a la Constitución de 1830 definieron el carácter del Estado ecuatoriano naciente. Fueron años de revuelta permanente, guerras con Nueva Granada, dos constituciones sucesivas y un pulso constante entre el poder militar y los intentos de organización civil. Dos nombres los ocupan casi por completo: el general venezolano Juan José Flores y el político guayaquileño Vicente Rocafuerte.

Flores controló el gobierno, directa o indirectamente, entre 1830 y 1845. Rocafuerte, su adversario más notable, llegó a la presidencia en 1835 mediante un pacto con él y gobernó cuatro años con un esfuerzo organizador reconocido, aunque sin poder desbordar ni el carácter terrateniente del Estado ni el poder del floreanismo que lo sostenía. El ciclo se cerró en marzo de 1845, cuando una revuelta encabezada por la oligarquía guayaquileña expulsó a Flores del país.

Este artículo recorre ese período: la primera administración floreana y el peso del ejército extranjero, la represión de El Quiteño Libre, la guerra civil de 1834-1835, el gobierno de Rocafuerte, la llamada Carta de Esclavitud de 1843 y la Revolución Marcista.

Ficha técnica

Período1830-1845
Flores, primera presidencia22 de septiembre de 1830 – 10 de septiembre de 1834
Guerra civil1834-1835; batalla de Miñarica, cerca de Ambato
Rocafuerte, presidencia8 de agosto de 1835 – 31 de enero de 1839
Flores, segunda presidencia1 de febrero de 1839 – 15 de enero de 1843
Flores, tercera presidencia1 de abril de 1843 – 6 de marzo de 1845
ConstitucionesAmbato (1835) y Quito (1843, «Carta de Esclavitud»)
Fin del cicloRevolución Marcista, 6 de marzo de 1845; tratados de La Virginia
Fuentes principalesAyala Mora, Enrique, «Los muertos del floreanismo», Procesos n.º 27; Maiguashca, Juan, «República», en Nueva Historia del Ecuador; Pareja Diezcanseco, Alfredo, Historia de la República
Última revisiónAgosto de 2026

El floreanismo

Juan José Flores había sido partidario de Bolívar y se identificaba con la vertiente conservadora del bolivarianismo. Su fuerza no provenía de un programa, sino del control firme del ejército y de una red de lealtades personales que la época llamó floreanismo: una clientela caudillista que recogió la tradición conservadora del período colombiano y que le dio presencia determinante en el poder durante quince años.

Retrato de Juan José Flores, general venezolano elegido primer presidente del Estado del Ecuador
Juan José Flores (1800-1864). Controló el gobierno de forma directa o indirecta entre 1830 y 1845. Arturo Santana, 1921. CSIC, vía Wikimedia Commons (dominio público).

Un rasgo del período explica buena parte de su impopularidad posterior: el peso de los militares extranjeros. Los oficiales y soldados venezolanos y granadinos que habían hecho la campaña libertadora permanecieron en el país como columna del nuevo ejército. Las requisas de ganado y productos, las contribuciones forzosas y los abusos de la tropa hicieron que fueran percibidos como extranjeros peligrosos, y la reacción contra ese militarismo no se limitó a los altos mandos: alcanzó también a la soldadesca.

En 1832, durante su primera administración, el Ecuador tomó posesión oficial del archipiélago de Galápagos, incorporándolo al territorio nacional. Es una de las pocas decisiones del período cuyos efectos siguen siendo visibles hoy.

Carta náutica del Almirantazgo británico con las islas Galápagos, levantada por Robert FitzRoy y los oficiales del HMS Beagle en 1836
Carta del Almirantazgo británico n.º 1375, con las Galápagos levantadas por Robert FitzRoy y los oficiales del HMS Beagle en 1836, cuatro años después de la incorporación del archipiélago al Ecuador. Publicada en 1841. Royal Museums Greenwich, vía Wikimedia Commons (dominio público).

El Quiteño Libre y la represión de 1833

En 1833 apareció en Quito El Quiteño Libre, periódico de oposición que se convirtió en el foco de la crítica al gobierno. Sus páginas discutieron, entre otras cosas, el problema que atravesaría todo el siglo: el regionalismo. Uno de sus artículos describía con crudeza que cada departamento veía los asuntos públicos solo por el lado que tocaba sus intereses locales, y que en cada crisis política volvía a oírse que Guayaquil se separaba o se unía al Perú, o que Cuenca no quería pertenecer al Ecuador.

En septiembre de 1833, tras un debate parlamentario en el que solo seis diputados votaron en contra, el Congreso concedió a Flores facultades extraordinarias alegando una revolución inminente. El mismo día, el presidente ordenó la detención de los integrantes del periódico. Rocafuerte, que no había asistido a la sesión, envió al Congreso una protesta feroz que le costó la descalificación como diputado, el arresto y el destierro.

La liquidación violenta de la sociedad opositora, sumada al aniquilamiento de dos batallones sublevados y al asesinato de figuras de prestigio, marcó el período y reavivó las acusaciones que se hacían a Flores de haber participado en el asesinato del mariscal Sucre en 1830. La historiografía contemporánea ha estudiado esta secuencia de muertes como un rasgo estructural del régimen y no como episodios aislados.

La guerra civil de 1834-1835 y el pacto

En medio de esa violencia se proclamó en Imbabura la jefatura suprema de José Félix Valdivieso, que tomó la capital. El 10 de septiembre de 1834 concluía el período constitucional de Flores, que dio entonces un giro inesperado: se retiró del mando y respaldó la proclamación de Rocafuerte como jefe supremo en Guayaquil. En lugar de eliminar a su adversario más notable, prefirió pactar con él.

Las fuerzas de Valdivieso fueron aplastadas por Flores en Miñarica, cerca de Ambato, en una batalla que volvió a demostrar su capacidad militar. Los derrotados abandonaron Quito lanzando una proclama que anexaba el Ecuador a Nueva Granada. José Joaquín de Olmedo, conmovido, escribió entonces la Oda a Miñarica, considerada su poema mejor logrado, en la que exalta el valor de Flores y su esfuerzo por mantener unido al país.

Restablecida la calma, se convocó una nueva Constituyente. Reunida en Ambato en 1835, dictó la segunda carta fundamental del país: suprimió la ambigüedad de la confederación colombiana que arrastraba el texto de 1830 y nombró presidente a Rocafuerte. La misma Asamblea declaró a Flores «primer ciudadano del Ecuador» y «fundador, defensor y conservador de la República», y le reconoció de forma excepcional el grado de general en jefe. El decreto lo suscribió Olmedo como presidente de la Asamblea, con el ejécutese de Rocafuerte.

El gobierno de Rocafuerte (1835-1839)

Vicente Rocafuerte había ganado fama en el extranjero como defensor del constitucionalismo y el republicanismo. Su gestión se recuerda por un esfuerzo organizador y sistematizador intenso, en un país cuyo aparato administrativo apenas existía.

Retrato de Vicente Rocafuerte, presidente del Ecuador entre 1835 y 1839
Vicente Rocafuerte (1783-1847), presidente entre 1835 y 1839. Llegó al poder mediante un pacto con Flores, su principal adversario. Fotografía de Agustín Fernández, Intendencia de Montevideo, vía Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).

Los límites de ese esfuerzo quedaron a la vista en 1836, cuando propuso con su ministro Francisco Tamariz una rebaja de los derechos de importación y exportación y una regulación de la deuda interna. Los comerciantes guayaquileños, a quienes en principio favorecía la rebaja, se opusieron porque la reforma limitaba el contrabando y la especulación con la deuda pública. Flores respaldó a los opositores y la mayoría del Congreso depuso a los ministros. Las reformas no prosperaron, aunque la inscripción de la deuda quedó hecha.

El episodio resume el período: el presidente gobernaba, pero el hombre fuerte seguía siendo Flores, que era además senador y llegó a presidir la Cámara Alta. Rocafuerte no pudo desbordar ni el carácter terrateniente del Estado ni el poder de la clientela que lo sostenía en el cargo.

Su figura admite lecturas encontradas. Reconocido fuera del país como constitucionalista, dentro se ganó también fama de déspota; la historiografía del siglo XX llegó a describirlo como principal defensor de la teoría autoritaria. Ambas cosas conviven en el mismo personaje y conviene no elegir una sola.

El retorno de Flores y la Carta de Esclavitud

Concluido el período de Rocafuerte, la sucesión se dio sin conflictos: el Congreso de 1839 designó nuevamente presidente a Flores, que mantuvo el acuerdo y nombró a Rocafuerte gobernador de la provincia del Guayas. Volvieron las dificultades con Nueva Granada y fracasó otra vez el intento de incorporar Pasto al Ecuador.

En 1843, cerca del fin de su mandato, Flores maquinó su permanencia en el poder. Aprovechando la dificultad de reunir al Congreso por problemas en las elecciones de Azuay, se declaró jefe supremo y convocó una Asamblea Constituyente en Quito, bajo su control, que aprobó un texto hecho a la medida de sus conveniencias.

Las cifras hablan solas: el Congreso se reuniría solo cada cuatro años; los senadores serían elegidos por doce años y los diputados por ocho; el mandato presidencial duraría ocho años con reelección permitida tras un período; y para obligar al Ejecutivo a sancionar una ley vetada harían falta las tres cuartas partes de ambas cámaras. Se restableció además la disposición de 1830 que permitía la presidencia a extranjeros de otros países colombianos casados con ecuatoriana y con propiedad raíz de treinta mil pesos, que era exactamente el caso de Flores.

El texto fue bautizado como «Carta de Esclavitud» y generó una resistencia intensa. Rocafuerte, ya enemistado con Flores, fue un opositor agresivo en la Asamblea hasta que tuvo que abandonarla y partir al exilio.

La Revolución Marcista (1845)

El 6 de marzo de 1845 estalló en Guayaquil la revuelta antifloreana que dio nombre a toda una etapa: la Revolución Marcista. Se instaló un Gobierno Provisorio integrado por José Joaquín de Olmedo, Vicente Ramón Roca y Diego Noboa.

Siguió una guerra civil breve. Las fuerzas del Gobierno Provisorio atacaron repetidamente por tierra y por río la hacienda La Elvira, convertida en cuartel general de las tropas floreanas, sin conseguir tomarla. Pese a esos éxitos militares locales, Flores comprendió que no recuperaría el mando y optó por la transacción: firmó con sus adversarios los tratados de La Virginia y abandonó el país.

Los tratados no se cumplieron. En pocos meses comenzó la persecución contra la familia de Flores y sus partidarios, y algunos de quienes se habían acogido a lo pactado fueron apresados y fusilados. Flores pasó los años siguientes organizando invasiones al Ecuador con mercenarios extranjeros al servicio de España y el Perú, lo que convirtió la defensa frente a esas expediciones en una de las tareas principales de los gobiernos marcistas de Roca y Noboa.

Cronología

22 de septiembre de 1830Flores asume como presidente del Estado del Ecuador.
1832El Ecuador toma posesión de las islas Galápagos.
1833Aparece El Quiteño Libre; represión de sus redactores.
1834Reparto de la deuda colombiana; comienza la «deuda inglesa».
10 de septiembre de 1834Termina el mandato de Flores; Rocafuerte, jefe supremo en Guayaquil.
1835Batalla de Miñarica; Constituyente de Ambato y segunda Constitución.
8 de agosto de 1835Rocafuerte asume la presidencia.
1836Fracasa la reforma fiscal de Rocafuerte y Tamariz.
1 de febrero de 1839Flores vuelve a la presidencia.
1843Constituyente de Quito; «Carta de Esclavitud»; tercer mandato de Flores.
6 de marzo de 1845Revolución Marcista; Gobierno Provisorio en Guayaquil.
1845Tratados de La Virginia; Flores sale del país.
8 de diciembre de 1845Vicente Ramón Roca asume la presidencia.

Conclusión

El período 1830-1845 no fue una simple sucesión de caudillos. En él se ensayaron, y en buena medida fracasaron, los primeros intentos de dotar al país de una administración funcional, y quedaron fijados los rasgos que dominarían el resto del siglo: el arbitraje permanente del ejército en la política, la tensión entre las oligarquías regionales de Quito, Guayaquil y Cuenca, y la costumbre de reescribir la Constitución a la medida de quien manda.

La relación entre Flores y Rocafuerte resume la ambigüedad del momento: adversarios declarados que gobernaron aliados durante una década, cada uno necesitando al otro para sostenerse. El pacto funcionó mientras convino a ambos y se rompió cuando Flores decidió perpetuarse. Lo que vino después -el marcismo, el urvinismo y la crisis de disolución de 1859- prolongaría esas mismas tensiones sin resolverlas.

Fuentes y bibliografía

  • Ayala Mora, Enrique. «Los muertos del floreanismo», Procesos. Revista Ecuatoriana de Historia, n.º 27, I semestre 2008.
  • Ayala Mora, Enrique. Resumen de Historia del Ecuador. Corporación Editora Nacional, Quito.
  • Maiguashca, Juan. «República», en Nueva Historia del Ecuador. Corporación Editora Nacional, Quito.
  • Pareja Diezcanseco, Alfredo. Historia de la República. Ariel, Guayaquil, 1974.
  • Van Aken, Mark. El rey de la noche. Juan José Flores y el Ecuador, 1824-1864. Banco Central del Ecuador, Quito, 1994.
  • Vega, Silvia. Ecuador: crisis políticas y Estado en los inicios de la República. FLACSO / Abya-Yala, Quito, 1991.
  • Cevallos, Pedro Fermín. Resumen de la Historia del Ecuador, tomo XI.
  • Trabucco, Federico. Constituciones de la República del Ecuador. Universidad Central del Ecuador, Quito.
  • Le Gouhir y Rodas, José María. Historia de la República del Ecuador, tomo I. Imprenta del Clero, Quito, 1938.
  • Morelli, Federica. «Entre el antiguo y el nuevo régimen: el triunfo de los cuerpos intermedios. El caso de la Audiencia de Quito, 1765-1830», Historia y Política, n.º 10, 2003.

Fuentes primarias

Las actas de los congresos de 1831, 1833, 1835, 1837 y 1839, publicadas por la Imprenta del Gobierno entre 1888 y 1894, documentan los debates parlamentarios del período; las de los años cuarenta y cincuenta no fueron publicadas íntegramente y solo se conservan parcialmente en la prensa de Quito, Guayaquil y Cuenca. El Primer Registro Auténtico Nacional recoge los decretos oficiales, entre ellos el que declaró a Flores primer ciudadano del Ecuador en 1835. La colección de El Quiteño Libre conserva la voz de la oposición de 1833. La correspondencia de Simón Bolívar con Juan José Flores, en la Biblioteca Nacional del Ecuador «Eugenio Espejo», ilumina los años previos.

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