Actualizado el 7 de septiembre de 2026Publicado el 29 de agosto de 2026
Introducción
Mientras la costa de Esmeraldas ofrecía a la población africana un refugio relativamente autónomo, y la sierra central se organizaba en torno al trabajo indígena de la mita y los obrajes, un tercer sistema económico se desarrolló en un valle cálido del actual Imbabura: el Chota-Mira, la única región andina del Ecuador donde la esclavitud africana se convirtió en el eje central de la producción agrícola.
Sus protagonistas fueron los jesuitas, que compraron haciendas cañicultoras en la zona desde mediados del siglo XVII, y después, tras la expulsión de la orden en 1767, las mismas familias aristocráticas quiteñas que una generación más tarde encabezarían el movimiento de independencia. La historia del valle conecta, de una manera incómoda pero documentada, la esclavitud colonial con los próceres que este sitio ya ha estudiado.
Este artículo recorre el valle antes de la esclavitud, la economía de las haciendas jesuitas, la subasta de esas propiedades en 1767, la particular jerarquía racial que se estableció entre esclavizados e indígenas, y las formas de resistencia que documentan los historiadores para el período de la independencia.
Índice de contenidos
Ficha técnica
| Ubicación | Valle del Chota-Mira, provincia de Imbabura |
| Población previa | Asentamientos tuza, atribuidos al grupo étnico de los pastos |
| Inicio de las haciendas jesuitas | Hacia mediados del siglo XVII; compra formal de propiedades en 1740 |
| Cultivo principal | Caña de azúcar |
| Expulsión de los jesuitas | 1767 |
| Comprador principal de Temporalidades | Juan Antonio Chiriboga, hacienda La Concepción, con más de trescientos esclavizados |
| Período de resistencia documentado | 1770-1820, en el contexto de la «revolución de los marqueses quiteños» |
| Fuentes principales | Chaves, «Esclavizados, cimarrones y bandidos»; Coronel Feijóo, estudio sobre las haciendas del Chota-Mira |
| Última revisión | Agosto de 2026 |
El valle del Chota-Mira antes de la esclavitud
Antes de la llegada española, el valle del Chota-Mira estaba ocupado por asentamientos tuza, a los que se atribuye la construcción de montículos y el cultivo de coca, algodón y sal. Según el historiador Cristóbal Landázuri, esa población conformaba un cacicazgo adscrito al grupo étnico de los pastos, y el valle, por su condición de corredor natural con salidas hacia los cuatro puntos cardinales, funcionaba como un mercado de intercambio entre distintas etnias de la región.
Ese pasado indígena quedaría casi por completo eclipsado, en la memoria posterior del valle, por la economía esclavista que se implantaría a partir del siglo XVII.

Las haciendas jesuitas
Desde mediados del siglo XVII, la Compañía de Jesús administró haciendas cañicultoras en la cuenca del Chota-Mira, en el noroccidente de la actual provincia de Imbabura. En 1740, la orden formalizó la compra de varias propiedades cerca de Quito para sostener económicamente sus misiones amazónicas, entre ellas las del propio Chota-Mira.
El cultivo intensivo de caña de azúcar en un valle de clima cálido, rodeado por la sierra fría, convirtió a esta región en una excepción dentro del patrón agrícola andino: mientras el resto de la sierra dependiía de la mano de obra indígena organizada mediante la mita y los obrajes, ya documentados en este sitio, el Chota-Mira se sostuvo casi por completo sobre el trabajo forzado de personas africanas esclavizadas.
La subasta de 1767: nuevos dueños
Cuando la Corona expulsó a la Compañía de Jesús de sus dominios en 1767, sus propiedades, llamadas Temporalidades, salieron a subasta pública. El mayor comprador de haciendas en el valle del Chota fue Juan Antonio Chiriboga, quien adquirió la hacienda La Concepción y sus propiedades agregadas con más de trescientas personas esclavizadas.
Chiriboga gestionó sus haciendas con éxito notable: hacia su muerte, en 1814, había redimido buena parte de las cargas financieras sobre La Concepción, añadido dos trapiches hidráulicos, y extendido sus dominios con la compra de los hatos vecinos de Piquer, Tudeuasa, Angel y Rinconadita. Entre los otros grandes compradores de Temporalidades en la región figuraba también la familia del marqués de Selva Alegre, cuyo hijo heredaría propiedades del valle en 1815: la misma familia que, apenas unos años antes, había encabezado la Junta Suprema de Quito de 1809, ya documentada en este sitio.

Esclavos de los esclavos
Uno de los rasgos más documentados, y más incómodos, de la esclavitud en la Audiencia de Quito fue la posición que ocupaban las personas esclavizadas de origen africano frente a la población indígena. Los científicos Jorge Juan y Antonio de Ulloa, en su relación de 1748 sobre su estadía en Cuenca, observaron con sorpresa cómo los esclavos negros al servicio de una misión científica española imponían tareas y castigos físicos a los indígenas que pasaban por la calle, con la aprobación de sus propios amos.
Esa dinámica tenía antecedentes documentados desde el siglo anterior. Una anécdota registrada por el franciscano Bernardino de Cárdenas en 1632 recoge la respuesta de un hombre negro esclavizado a un religioso indignado por el maltrato de un cacique: él era esclavo de un solo amo, pero el indígena era esclavo de todos, blancos y negros por igual. Los especialistas resumen esa relación con una expresión reveladora: «esclavos de los esclavos», una jerarquía impuesta desde arriba que enfrentaba a dos poblaciones oprimidas entre sí, en beneficio de quienes controlaban a ambas.
Cimarrones y resistencia
La historiadora María Eugenia Chaves ha documentado, para el período comprendido entre 1770 y 1820, distintas formas de resistencia de la población esclavizada del Chota-Mira: fugas hacia el monte, la formación de comunidades cimarronas, y episodios calificados por las autoridades de la época como bandidaje. Ese período coincide, no por casualidad, con la «revolución de los marqueses quiteños», el ciclo de agitación política protagonizado por las mismas familias aristocráticas propietarias de las haciendas del valle, que este sitio documenta en sus artículos sobre la independencia de Quito.
La coexistencia de esas dos historias en un mismo tiempo y espacio —la aristocracia criolla reclamando su propia libertad política frente a España, mientras cientos de personas esclavizadas en sus haciendas buscaban la suya propia frente a esa misma aristocracia— es una de las tensiones menos exploradas de la historia de la independencia ecuatoriana.
Cronología
| Antes del siglo XV | Asentamientos tuza, adscritos al grupo étnico de los pastos, ocupan el valle. |
| Mediados del siglo XVII | La Compañía de Jesús comienza a administrar haciendas cañicultoras en el Chota-Mira. |
| 1740 | Los jesuitas formalizan la compra de propiedades para sostener sus misiones. |
| 1767 | Expulsión de la Compañía de Jesús; sus haciendas salen a subasta como Temporalidades. |
| 1770-1820 | Período de resistencia documentado, con fugas, cimarronaje y bandidaje. |
| 1809-1820 | La «revolución de los marqueses quiteños», protagonizada por las mismas familias propietarias de haciendas en el valle. |
| 1811 | La hacienda Guajara se vende por 47.000 pesos. |
| 1814 | Muere Juan Antonio Chiriboga, dueño de La Concepción. |
| 1815 | El hijo del marqués de Selva Alegre hereda propiedades en la región. |
| 1840 | Las haciendas del valle siguen en arriendo, décadas después de la independencia. |
Conclusión
El valle del Chota-Mira desmiente la imagen, todavía extendida, de que la esclavitud africana en el actual Ecuador se limitó a la costa. Durante dos siglos, un valle andino sostuvo su economía sobre el trabajo forzado de cientos de personas africanas y afrodescendientes, primero bajo administración jesuita y después bajo las mismas familias que impulsarían, una generación más tarde, la independencia del país.
Esa coincidencia no es una simple ironía histórica: revela que la lucha por la libertad política de la aristocracia criolla y la lucha por la libertad personal de las personas que esclavizaba ocurrieron, literalmente, en las mismas haciendas y al mismo tiempo, sin que la primera implicara ningún avance para la segunda. La cultura afroecuatoriana que sobrevive hoy en el valle, con tradiciones como la bomba del Chota, es el testimonio más visible de esa historia que la memoria nacional ha tardado en reconocer.
Fuentes y bibliografía
- Chaves, María Eugenia. «Esclavizados, cimarrones y bandidos. Historias de resistencia en el valle del Chota-Mira, en el contexto de la revolución de los marqueses quiteños: 1770-1820», en Heraclio Bonilla (ed.), Indios, negros y mestizos en la Independencia. Universidad Nacional de Colombia / Planeta, Bogotá, 2010, pp. 130-149.
- Coronel Feijóo, Rosario. El valle sangriento: de los indígenas de la coca y el algodón a la hacienda cañera jesuita, 1580-1700. Abya-Yala / FLACSO, Quito, 1991.
- Gómez Rendón, Jorge. «Factores demográficos en la formación del castellano ecuatoriano», 2022.
- Landázuri, Cristóbal. Los curacazgos pastos prehispánicos: agricultura y comercio, siglo XVI. Colección Pendoneros, n.º 13.
- Colmenares, Germán. Estudio sobre la venta de Temporalidades jesuitas en la Audiencia de Quito.
- Juan, Jorge, y Antonio de Ulloa. Noticias secretas de América, edición de Luis J. Ramos Gómez. Historia 16, Madrid, 1990 [1748].
Fuentes primarias
La relación de 1748 de Jorge Juan y Antonio de Ulloa sobre su estadía en Cuenca, publicada como Noticias secretas de América, documenta de manera directa la jerarquía racial invertida entre esclavizados negros e indígenas descrita en este artículo. Los registros notariales del Archivo Nacional de Historia de Quito sobre la venta de Temporalidades jesuitas, citados por Germán Colmenares, documentan la compra de la hacienda La Concepción por Juan Antonio Chiriboga y el número de personas esclavizadas incluidas en la transacción. El estudio de María Eugenia Chaves se basa en documentación judicial colonial sobre casos de cimarronaje y resistencia en el valle.
Ver también
- La expulsión de los jesuitas y el destino de sus bienes (1767)
- La mita, los obrajes y la economía colonial
- 10 de Agosto de 1809: la Junta Suprema de Quito
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Sobre quien escribe
Jefferson
Soy docente en Ciencias de la Educación, con mención en Ciencias Sociales, y ejerzo la docencia desde 2020 tanto en el sector público como privado. La historia universal ha sido una pasión constante en mi vida, y de ahí nació la inquietud detrás de este proyecto: en años de investigar y recopilar información sobre la historiografía de mi país, me encontré una y otra vez con datos dispersos, imprecisos o directamente erróneos circulando en la red.
Ecuador en la Historia nace de esa necesidad —reunir en un solo espacio una historiografía rigurosa, verificable y bien fundamentada— y también de dos pasiones que confluyen aquí: mi fascinación por un pasado que encuentro tan misterioso y mitológico como desafiante, y mi interés por el futuro: la tecnología y las nuevas metodologías para investigar, organizar y compartir el conocimiento histórico.
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