Actualizado el 16 de agosto de 2026Publicado el 14 de agosto de 2026
Introducción
Entre la expulsión de Juan José Flores en marzo de 1845 y la crisis de disolución de 1859 transcurren catorce años que suelen quedar en penumbra. Fueron, sin embargo, el período en que se abolió la esclavitud, se suprimió el tributo indígena y el país estuvo a punto de desaparecer del mapa.
La historiografía lo ha descrito como el momento de cuestionamiento y crisis del pacto social sobre el que se había fundado la República en 1830. Lo que se disputaba no era solo quién gobernaba, sino qué significaba la palabra república: en la década de 1850 convivieron tres respuestas incompatibles.

Este artículo recorre el gobierno de los civiles guayaquileños, el ascenso de Urvina y su programa, las tres ideas de república en pugna, y la cadena de errores que llevó al país a tener cuatro gobiernos simultáneos mientras Perú y Colombia planeaban repartirse su territorio.
Índice de contenidos
Ficha técnica
| Período | 1845-1859 |
| Denominación | Marcismo, por la revuelta de marzo de 1845; urvinismo desde 1851 |
| Presidentes civiles | Vicente Ramón Roca (1845-1849) y Diego Noboa (1850-1851) |
| Hombre fuerte | General José María Urvina: jefe supremo desde 1851, presidente entre 1852 y 1856 |
| Sucesor | General Francisco Robles (1856-1859) |
| Reformas principales | Abolición de la esclavitud y supresión del tributo indígena (1857) |
| Corrientes en pugna | República provincialista, república democrática y república ultramontana |
| Detonante de la crisis | Convenio Icaza-Prichett, septiembre de 1857 |
| Desenlace | Cuatro gobiernos simultáneos en 1859; planes de partición del territorio |
| Fuentes principales | Maiguashca, «República», en Nueva Historia del Ecuador; Ayala Mora, Resumen de Historia del Ecuador |
| Última revisión | Agosto de 2026 |
1845: la primera grieta
La Revolución Marcista suele contarse como la expulsión de un caudillo. Vista desde el pacto fundacional de 1830, fue algo más grave.
El 16 de febrero de 1840, el gobierno ecuatoriano había firmado un tratado de amistad y comercio con España que abrió los mercados europeos al cacao guayaquileño. Cinco años después, vigorizada por el notable aumento del valor de ese producto, Guayaquil protagonizó una revolución para imponer su primacía económica y política sobre Azuay y Quito.

Con ello quedó ignorada la condición que el departamento del Azuay había impuesto en 1830: que ninguno de los tres aspirara a superioridad respecto de los demás. El pacto social comenzó a agrietarse ahí, quince años antes de la crisis final.
La desproporción era real y está documentada. En su informe al Congreso de 1848, el ministro del Interior Manuel Gómez de la Torre señalaba que, a diferencia del resto del país, la municipalidad de Guayaquil disponía de cuantiosos fondos.
Los primeros años marcistas los gobernaron civiles guayaquileños: Vicente Ramón Roca entre 1845 y 1849, y Diego Noboa después. Su tarea principal fue defensiva: enfrentar las invasiones que Flores organizaba desde el exilio con mercenarios extranjeros al servicio de España y del Perú.
Urvina y la república democrática
A inicios de los cincuenta, un conflicto de poder no resuelto dio espacio para un nuevo arbitraje militar. El hombre fuerte del ejército, el general José María Urvina, fue proclamado dictador en 1851 y elegido después presidente constitucional por una nueva Asamblea Nacional.
Su programa provenía de una corriente identificable. La idea de república democrática llegó animada por las revoluciones liberales europeas de 1848; pasó a Nueva Granada y, a través de su personal diplomático, se expandió al Ecuador, donde inspiró el marcismo y lo radicalizó en 1852 bajo la dirección de Urvina.
Sus medidas apuntaban a un vacío concreto. La república fundada en 1830 había sido paritaria entre regiones pero excluyente hacia las clases subalternas; el urvinismo se propuso llenar ese hueco mediante la abolición de la esclavitud, la supresión del tributo indígena y una considerable movilización de los artesanos. Su momento culminante se sitúa entre 1852 y 1857.
Económicamente, Urvina consolidó la alianza entre la oligarquía latifundista y comercial de la costa y las Fuerzas Armadas, y promovió la apertura y el comercio. A ello sumó medidas en favor de los campesinos serranos, lo que provocó una reacción feroz del latifundismo tradicional, que declaró la guerra al urvinismo.
El tributo indígena: una abolición incompleta
La supresión del tributo indígena, decretada en 1857, merece un matiz que la historiografía subraya y que conviene no omitir.
Conviene recordar de dónde venía. El tributo había sido una de las condiciones centrales del pacto colonial entre el rey y la población indígena, y la Constitución de Cádiz lo había abolido en 1812. La República lo restauró en 1830 por la desastrosa situación económica del Estado, y con él mantuvo en pie, de hecho, la República de los indios. Es decir: el Ecuador independiente conservó durante veintisiete años un impuesto colonial que el propio imperio español había eliminado.
Y cuando por fin se derogó, fue reemplazado por otros impuestos. El resultado, según la investigación, es que la sociedad indígena siguió siendo explotada y excluida del concierto nacional. El concertaje, además, permaneció intacto: lo que se abolió fue un tributo, no la sujeción a la hacienda.
Ese balance obliga a leer con cuidado la etiqueta de república democrática. Las reformas del urvinismo fueron reales y costosas políticamente -le valieron la enemistad del latifundismo serrano-, pero no desmontaron las estructuras de fondo.
Tres ideas de república
La década de 1850 vio desarrollarse simultáneamente tres concepciones incompatibles de lo que debía ser el país.
La república provincialista nació del cuestionamiento al poder que tenían los municipios de las capitales departamentales -Quito, Guayaquil y Cuenca- y de las necesidades no atendidas de las municipalidades pequeñas. Se tradujo en hechos: en 1835 el país tenía siete provincias, y entre 1847 y 1860 se crearon cuatro más: Esmeraldas en 1847, Cotopaxi en 1851, y Tungurahua y Los Ríos en 1860.
La república democrática es la del urvinismo ya descrito, con su programa de integración de las clases subalternas.
La república ultramontana representaba la posición católica conservadora que acabaría imponiéndose con García Moreno tras la crisis.
Hubo además una cuarta voz que se llamó a sí misma «república del pueblo». Un editorialista de ese grupo escribía en 1856 que era tiempo de fundar la República, pero no la de Luis Napoleón, ni la de Rosas, ni la de Bolívar, ni la de Flores, sino la del pueblo para el pueblo. El aforismo de su periódico era «la Centralización es la Dictadura».
El convenio que rompió el país
El detonante de la crisis fue la deuda externa. En septiembre de 1857, el gobierno de Francisco Robles celebró el convenio Icaza-Prichett con los tenedores de bonos ingleses: el Ecuador pagaría parte de su deuda mediante la concesión de tierras baldías en la costa, la sierra y la Amazonía.
El gobierno peruano objetó el acuerdo alegando que los territorios orientales eran de su propiedad. La confrontación escaló rápidamente hasta volverse belicosa: el Perú ocupó varios territorios y bloqueó Guayaquil.
A ello se sumó otro motivo de escandalo interno: el intento de arrendar las Galápagos a extranjeros, un archipiélago incorporado al país por Flores en 1832.

Las medidas que Robles tomó para defender al país fueron a su vez objeto de disputa y ruptura entre Quito, Guayaquil y Cuenca, y desembocaron en guerra civil.
1859: cuatro gobiernos y un reparto
Robles renunció a la presidencia y dejó un vacío de poder que se llenó de la forma más literal posible: aparecieron cuatro gobiernos interinos simultáneos, en Quito, Guayaquil, Cuenca y Loja. En Loja llegó a proclamarse un Distrito Federal.
Viendo que el Ecuador estaba a punto de derrumbarse, las cancillerías del Perú y de Colombia comenzaron a hacer planes para repartirse su territorio. Es el momento en que el país estuvo más cerca de dejar de existir desde su fundación.
No desapareció, y la explicación que ofrece la historiografía es política antes que militar. Meses antes, las élites de Quito habían lanzado proclamas a la nación con tres promesas: restaurar la integridad y la libertad de la república, fundar de una vez por todas el verdadero republicanismo, y conseguir el concurso de voluntades del país para lograrlo.
Sostenían que el nuevo país no podía ser la mera suma de sus partes y que necesitaba un proyecto político de largo plazo. Su formulación más clara -y más reveladora de lo que vendría- fue esta: la libertad es un medio indispensable de felicidad, pero no el fin.
Quien encabezaba el gobierno provisorio de Quito era Gabriel García Moreno. La crisis de 1859 no fue solo el final del marcismo: fue el punto de partida del proyecto que dominaría las dos décadas siguientes.
Cronología
| 16 de febrero de 1840 | Tratado con España; el cacao guayaquileño entra a los mercados europeos. |
| 6 de marzo de 1845 | Revolución Marcista; Gobierno Provisorio de Olmedo, Roca y Noboa. |
| 8 de diciembre de 1845 | Vicente Ramón Roca asume la presidencia. |
| 1847 | Se crea la provincia de Esmeraldas. |
| 1849-1851 | Interinatos y presidencia de Diego Noboa. |
| 24 de julio de 1851 | Urvina es proclamado jefe supremo; se crea la provincia de Cotopaxi. |
| 1851-1852 | Abolición de la esclavitud. |
| 6 de septiembre de 1852 | Urvina asume como presidente constitucional. |
| 1852-1857 | Momento culminante del programa marcista radicalizado. |
| 16 de octubre de 1856 | Francisco Robles asume la presidencia. |
| 1857 | Supresión del tributo indígena; convenio Icaza-Prichett en septiembre. |
| 1858-1859 | Conflicto con el Perú; bloqueo de Guayaquil; guerra civil. |
| 1 de mayo de 1859 | Gobierno Provisorio de Quito: García Moreno, Carrión y Chiriboga. |
| 1859 | Cuatro gobiernos simultáneos; Perú y Colombia planean el reparto. |
| 1860 | Se crean las provincias de Tungurahua y Los Ríos. |
Conclusión
El marcismo dejó dos legados de signo opuesto. Por un lado, las reformas sociales más importantes de la primera mitad del siglo: la abolición de la esclavitud y la supresión de un tributo colonial que la propia España había eliminado en 1812 y que la República había restaurado. Por otro, la demostración de que el pacto regional de 1830 no aguantaba la presión: bastó un conflicto por la deuda para que el país se fragmentara en cuatro.
Conviene evitar dos simplificaciones. La primera, presentar el urvinismo como un gobierno popular: su base fue una alianza entre la oligarquía costera y el ejército, y sus reformas, aunque genuinas, dejaron intacto el concertaje. La segunda, leer 1859 como un accidente: la grieta se había abierto en 1845, cuando Guayaquil impuso su primacía sobre las otras dos regiones e ignoró la condición que el Azuay había puesto al fundarse el país.
Que el Ecuador sobreviviera a 1859 no fue inevitable. Y la fórmula con que se le salvó -que la libertad es un medio, no el fin- anunciaba con bastante precisión el tipo de Estado que vendría a continuación.
Fuentes y bibliografía
- Maiguashca, Juan. «República», en Nueva Historia del Ecuador. Corporación Editora Nacional, Quito.
- Ayala Mora, Enrique. Resumen de Historia del Ecuador. Corporación Editora Nacional, Quito.
- Williams, Derek. «Popular Liberalism and Indian Servitude: The Making and Unmaking of Ecuador’s Antilandlord State, 1845-1868», Hispanic American Historical Review 83(4), 2003, pp. 697-733.
- Van Aken, Mark. «The Lingering Death of Indian Tribute in Ecuador», The Hispanic American Historical Review 61(3), 1981, pp. 429-459.
- Borja González, Galaxis. «“Sois libres, sois iguales, sois hermanos”. Sociedades democráticas en Quito de mediados del siglo XIX», Jahrbuch für Geschichte Lateinamerikas 53(1), 2016, pp. 185-210.
- Guerrero, Andrés. «Curagas y tenientes políticos: la ley de la costumbre y la ley del Estado (Otavalo, 1830-1875)», en Administración de poblaciones, ventriloquía y transcritura. IEP, Lima, 2010.
- González Leal, Gonzalo. «Historiando la crisis de 1859», Ecuador Debate, n.º 93, 2014, pp. 47-61.
- Le Gouhir y Rodas, José María. Historia de la República del Ecuador. Imprenta del Clero, Quito, 1938.
- Pareja Diezcanseco, Alfredo. Historia de la República. Ariel, Guayaquil, 1974.
Fuentes primarias
Las Esposiciones que el ministro del Interior Manuel Gómez de la Torre dirigió al Congreso en 1848 y 1849, impresas en Quito, documentan la desigualdad de recursos entre Guayaquil y el resto del país y el estado de las municipalidades periféricas. El periódico La República, en su edición del 23 de abril de 1856, recoge la formulación de la «república del pueblo».
Las proclamas del Gobierno Provisorio de Quito de 1859 están recogidas en El Primero de Mayo del 4 de junio de ese año y reproducidas en los Escritos y discursos de Gabriel García Moreno editados por Manuel María Pólit. El texto del convenio Icaza-Prichett de septiembre de 1857 documenta la concesión de tierras baldías a los tenedores de bonos ingleses.
Ver también
- Flores y Rocafuerte: los primeros gobiernos de la República
- La Constitución de 1830 y la fundación del Ecuador
- La campaña de Flores sobre Pasto y la guerra del Cauca
- República
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