Actualizado el 16 de agosto de 2026Publicado el 12 de agosto de 2026
Introducción
Eugenio de Santa Cruz y Espejo (1747-1795) es la figura intelectual más importante del siglo XVIII quiteño. Hijo de un indígena y una mulata, superó las barreras de una sociedad estamental hasta doctorarse en Medicina y licenciarse en Jurisprudencia y Derecho Canónico, y fundó en 1792 el primer periódico de la historia del país.
La tradición escolar lo presenta como «precursor de la independencia». La investigación reciente ha matizado bastante esa etiqueta, y ese matiz es el eje de este artículo: Espejo no propuso romper el pacto colonial, sino mejorarlo. Lo cual no lo hace menos interesante, sino más complejo.

Este artículo recorre su formación, el viaje a Bogotá que cambió su rumbo, la Escuela de la Concordia, el contenido de Primicias de la Cultura de Quito, la persecución que sufrió y el debate sobre qué lo influyó realmente y qué relación guarda con la Junta de 1809.
Índice de contenidos
Ficha técnica
| Nombre completo | Francisco Javier Eugenio de Santa Cruz y Espejo |
| Fechas | 1747-1795 |
| Origen | Hijo de un indígena y una mulata |
| Formación | Doctor en Medicina; licenciado en Jurisprudencia y Derecho Canónico, Universidad de Quito |
| Viaje decisivo | Bogotá, hasta noviembre de 1791; encuentro con Antonio Nariño |
| Institución fundada | Escuela de la Concordia, 1791-1792 |
| Periódico | Primicias de la Cultura de Quito, 1792, siete números |
| Postura política | Fidelidad explícita a la Monarquía; reforma del pacto colonial, no ruptura |
| Conceptos clave | Conocimiento propio, quiteñismo, patria, espacio autónomo, igualdad |
| Fuentes principales | Maiguashca, «República», en Nueva Historia del Ecuador; Lomné, «Quito al compás de la libertad de los Antiguos» (2013); Keeding, Surge la nación |
| Última revisión | Agosto de 2026 |
Bogotá, 1791
El punto de inflexión de su trayectoria fue un viaje. En noviembre de 1791 Espejo regresó de Bogotá, donde había conocido a Antonio Nariño, se había enterado de los pormenores de la movilización de los comuneros de 1781 y había conversado sobre la traducción de la Declaración de los Derechos del Hombre.
Juan Maiguashca ha propuesto una hipótesis sobre qué le impresionó del movimiento comunero, y merece exponerse porque explica todo lo que Espejo hizo después: el papel de la «constitución no escrita». El pacto colonial, convertido en tradición oral, había permitido a los habitantes del Socorro defender sus derechos frente a las autoridades españolas y reclamar la práctica del buen gobierno.
A su regreso, Espejo se propuso hacer algo semejante en Quito. Fundó una sociedad de amigos con el nombre de Escuela de la Concordia y, acto seguido, publicó Primicias de la Cultura de Quito como órgano de la nueva institución.
La Escuela de la Concordia
La Escuela reunió a un grupo notable de la élite ilustrada quiteña: el marqués de Villa de Orellana, el obispo José Antonio Pérez Calama, el conde de Casa Gijón, el obispo José Cuero y Caicedo, el propio barón de Carondelet, y más tarde Miguel Antonio Rodríguez y José Mejía Lequerica.
Ese detalle importa: un mestizo hijo de indígena y mulata presidía intelectualmente una sociedad integrada por marqueses, condes, obispos y el futuro presidente de la Audiencia. La lógica del espacio lo hacía posible. La república de las letras -concepto acuñado por Francesco Bárbaro- era, por definición, un espacio donde se suspendían las distinciones sociales y de poder para que los eruditos pudieran deliberar en concierto.
Maiguashca propone que esa lógica igualitaria le sirvió a Espejo de modelo para superar lo que llamaba la decadencia de Quito. En su discurso a los fundadores les dijo que iban a formar una sociedad literaria y económica, a reunir en un solo punto las luces y los talentos, y a contribuir al bien de la patria, al servicio del rey y a la utilidad pública.
El conocimiento propio
El primer número de Primicias contiene la frase que resume su programa: «el conocimiento propio es el origen de nuestra felicidad». No era una consigna vaga sino una propuesta epistemológica: sostenía que el ser humano está dotado del talento de observación y que las necesidades lo obligan a ejercitarlo constantemente, de donde procede la progresión de sus conocimientos.
Aplicó esa observación a su propia ciudad, y el resultado es el pasaje más citado de toda su obra: la defensa de los artesanos quiteños. Describe a esos «infelices artesanos» que se reúnen por las tardes en las cuatro esquinas a vender los efectos de su industria -el pintor y el farolero, el herrero y el sombrerero, el escultor, el latonero, el zapatero- y sostiene que, sin lápiz, sin buril y sin compás, igualan y a veces aventajan al europeo industrioso de Roma, Milán, Bruselas, Dublín, Ámsterdam, Venecia, París y Londres.
El contraste que traza es material: mientras el flamenco, el francés y el italiano trabajan en talleres bien equipados, el quiteño perfecciona sus obras en silencio en el ángulo estrecho y casi cegado a la luz de una mala tienda. Y cierra con una fórmula que ha quedado: «Este, éste es el Quiteño; nacido en la obscuridad, educado en la desdicha, y destinado a vivir de su trabajo».
Detrás hay una respuesta directa al desprecio europeo. Espejo se quejaba de que «desde tres siglos ha, no se contenta la Europa de llamarnos rústicos y feroces, montaraces e indolentes, estúpidos y negados a la cultura». Su tesis era que a Quito no le faltaba talento, sino ciencia y cultura, y que Primicias debía ponerlas a disposición.

Reformar el pacto, no romperlo
Aquí está la corrección historiográfica más importante. En los siete números de Primicias, Espejo declaró con nitidez su fidelidad a la Monarquía mientras denunciaba la postración económica, social y política de su ciudad natal.
No pidió favores: invocó implícitamente los derechos del pacto colonial y demandó cambios en beneficio de su comunidad, aspirando a ensancharlos con las ideas discutidas con Nariño. Su objetivo era transformar a Quito en un ente prestigioso dentro del orden imperial, con autonomía y desarrollo propios.
La conclusión de Maiguashca es tajante: Espejo no propuso romper el pacto colonial sino mejorarlo. Y en ese esfuerzo creó recursos conceptuales que tendrían larga vida: el conocimiento propio, el quiteñismo, la patria, el patriotismo, el espacio autónomo y la insistencia en la igualdad como condición de la vida política y social. Todos ellos serían redefinidos después, cuando se imbricaron con el concepto republicano de sistema representativo.
Hay además una razón práctica para esa prudencia. Espejo no podía ser explícito sobre ningún proyecto político de fondo por el control de las autoridades españolas, cuya vigilancia había crecido en reacción a la Revolución francesa en curso. El programa se presentó, por tanto, como cultural y patriótico.
¿Qué lo influyó realmente?
La versión tradicional atribuye a Espejo una formación en los «filósofos» franceses. Homero Viteri Lafronte escribía en 1920 que en su espíritu trabajaban las ideas de Grocio, Locke, Pufendorf, Pascal, Montesquieu, Voltaire y Rousseau, y que por eso fue ideando un vasto plan de emancipación.
Georges Lomné ha cuestionado ese postulado con tres argumentos que conviene resumir. Primero, las Luces no formaban un conjunto homogéneo: no es lo mismo la invectiva radical de Voltaire o Diderot que las críticas amables de Caraccioli, cuyos «libritos» el obispo Pérez Calama recomendaba precisamente a los quiteños.
Segundo, frente al absolutismo borbónico, el jansenismo desempeñó un papel al menos igual al de los filósofos franceses en la formación de un ideario crítico, y Lomné subraya que eso vale «sobre todo en el caso de Espejo». Tercero, si se admite que la Revolución francesa inventó las Luces para atribuirse una paternidad elogiosa, el postulado de su influencia sobre la Revolución de Quito sería, en el mejor de los casos, mimetismo historiográfico.
Este sitio no zanja la cuestión. Registra que la lectura tradicional -Espejo como discipulo de los enciclopedistas y precursor consciente de la independencia- lleva un siglo siendo revisada, y que la imagen resultante es la de un reformista leal a la Corona cuyas categorías fueron reutilizadas después por otros con fines que él no planteó.
Persecución y muerte
Que no propusiera la independencia no lo salvó. Sus ideas y su activismo le costaron persecución, destierro y prisión, y murió relativamente joven, en 1795, poco antes del cambio de siglo.
Su sombra, sin embargo, siguió preocupando a las autoridades mucho después. En noviembre de 1810, el presidente de la Audiencia Joaquín Molina informaba a Madrid del peligro que representaban «el Marqués de Selva Alegre y su familia, herederos de los proyectos sediciosos de un antiguo vecino, nombrado Espejo, que hace años falleció en aquella capital».
Ekkehart Keeding ha sostenido en la misma línea que ya en 1795 todo estaba consumado: un grupo constituido en torno al marqués de Selva Alegre perpetuaba el magisterio de Espejo y contemplaba la emancipación política de Quito mucho antes de que la invasión napoleónica sirviera de pretexto.
De Espejo a 1809
La continuidad entre su círculo y la Junta Suprema de 1809 es verificable en las personas. Dos de los principales miembros del grupo de Espejo, Miguel Antonio Rodríguez y José Mejía Lequerica, tomaron la iniciativa cuando la invasión napoleónica dejó políticamente acéfalo al territorio. Y el marqués de Selva Alegre, miembro de la Escuela de la Concordia, presidió la Junta.
Lo que cambió no fue tanto el elenco como las circunstancias. Mientras hubo rey, el programa era mejorar el pacto; cuando el rey desapareció, los mismos conceptos -patria, autonomía, igualdad, conocimiento propio- sirvieron para justificar un gobierno propio.
Cronología
| 1747 | Nace en Quito Francisco Javier Eugenio de Santa Cruz y Espejo. |
| 1767 | Expulsión de los jesuitas; reordenamiento del sistema educativo. |
| 1791 (noviembre) | Regresa de Bogotá tras conocer a Antonio Nariño; funda la Escuela de la Concordia. |
| 1792 (5 de enero) | Se publica el Suplemento con el elogio crítico del obispo Pérez Calama. |
| 1792 | Aparece Primicias de la Cultura de Quito, primer periódico del país; siete números. |
| 1795 | Muere Espejo tras persecución, destierro y prisión. |
| 1809 | Junta Suprema de Quito, presidida por el marqués de Selva Alegre. |
| 1810 (noviembre) | El presidente Molina informa a Madrid sobre los «proyectos sediciosos» heredados de Espejo. |
Conclusión
Espejo resulta más interesante cuando se lo saca del papel de precursor patótico de la independencia. Fue un mestizo que llegó a doctor en una sociedad construida para impedirlo, que fundó el primer periódico del país, que defendió la inteligencia de los artesanos quiteños frente al desprecio europeo, y que murió perseguido por proponer reformas dentro del orden existente.
Su aportación duradera fue conceptual antes que política. Acuñó un vocabulario -conocimiento propio, patria, quiteñismo, igualdad- que sus contemporáneos usaron para pedir un mejor gobierno colonial y que la generación siguiente utilizó para justificar la ruptura. Que un mismo léxico sirva a dos proyectos opuestos no es una contradicción: es cómo funcionan habitualmente las transiciones políticas.
Y queda su frase, escrita en 1792 en una ciudad que él consideraba decadente: que el conocimiento propio es el origen de nuestra felicidad. Es tan buena declaración de principios para un periódico de la Ilustración como para un sitio de divulgación histórica dos siglos después.
Fuentes y bibliografía
- Maiguashca, Juan. «República», en Nueva Historia del Ecuador. Corporación Editora Nacional, Quito.
- Lomné, Georges. «Quito al compás de la libertad de los Antiguos (1809-1812)», en Ecuador y Francia: diálogos científicos y políticos (1735-2013), 2013.
- Keeding, Ekkehart. Surge la nación: la ilustración en la Audiencia de Quito, 1725-1812. Banco Central del Ecuador, Quito, 2005.
- Astuto, Philip Louis. Eugenio Espejo. Reformador ecuatoriano de la Ilustración (1747-1795). FCE, México, 1969.
- Paladines Escudero, Carlos. Pensamiento ilustrado ecuatoriano. Banco Central del Ecuador / Corporación Editora Nacional, 1981.
- Phelan, John Leddy. El pueblo y el rey. La revolución comunera en Colombia, 1781. Universidad del Rosario, Bogotá, 2009.
- Cacua Prada, Antonio. Antonio Nariño y Eugenio Espejo, dos adelantados de la Libertad. Archivo Histórico del Guayas, Guayaquil, 2000.
- Demélas, Marie-Danielle, e Yves Saint-Geours. Jerusalén y Babilonia: religión y política en el Ecuador, 1780-1880. Corporación Editora Nacional / IFEA, Quito, 1988.
- Viteri Lafronte, Homero. «Un libro autógrafo de Espejo», 1920.
- Ayala Mora, Enrique. Resumen de Historia del Ecuador. Corporación Editora Nacional, Quito.
Fuentes primarias
Los siete números de Primicias de la Cultura de Quito (1792) son la fuente central de este artículo; de ellos proceden todas las citas de Espejo, incluida la defensa de los artesanos quiteños y el discurso a los fundadores de la Escuela de la Concordia. Existe edición de la Imprenta Municipal de Quito, 1953.
El «Elogio crítico» del obispo José Antonio Pérez Calama, publicado en el Suplemento del 5 de enero de 1792, documenta la recepción inmediata de su obra. La carta del presidente Joaquín Molina a Madrid, de noviembre de 1810, conservada entre los documentos del Archivo Nacional de Madrid, registra cómo las autoridades vinculaban a Espejo con la sedición quince años después de su muerte.
Ver también
- La Real Audiencia de Quito
- La expulsión de los jesuitas y el destino de sus bienes
- 10 de Agosto de 1809: la Primera Junta Suprema de Quito
- Conquista y Colonia
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