Actualizado el 18 de agosto de 2026Publicado el 14 de agosto de 2026
Introducción
Durante quince años, entre 1860 y 1875, la figura de Gabriel García Moreno dominó la vida ecuatoriana. Llegó al poder tras la crisis de disolución de 1859, cuando el país tenía cuatro gobiernos simultáneos y sus vecinos planeaban repartirse el territorio.
Su gobierno es probablemente el más discutido de la historia ecuatoriana. Para unos fue el constructor del Estado; para otros, un dictador teocrático. Este artículo no pretende zanjar esa disputa, sino exponer qué hizo, con qué ideas lo justificó y cómo lo leen hoy las principales interpretaciones.

Recorre el contexto de su llegada, el Concordato con la Santa Sede, la Constitución de 1869 y la «ciudadanía católica», el programa de obras públicas y educación, y las dos lecturas historiográficas que compiten sobre su significado.
Índice de contenidos
Ficha técnica
| Período | 1860-1875 |
| Gobiernos | Presidente interino (1861); constitucional (1861-1865); interino (1869); constitucional (1869-1875) |
| Presidentes interpuestos | Jerónimo Carrión (1865-1867) y Javier Espinosa (1868-1869) |
| Concordato | Firmado en el Vaticano el 26 de septiembre de 1862; ratificaciones canjeadas en Quito el 19 de abril de 1863 |
| Reforma del Concordato | Aprobada el 14 de noviembre de 1865; ejecútese del 1 de diciembre de 1865 |
| Constituciones | 1861 (sufragio universal) y 1869 («Carta Negra» para sus opositores) |
| Instituciones creadas | Escuela Politécnica Nacional, Observatorio Astronómico, nuevos colegios e institutos |
| Influencias intelectuales | Jaime Balmes y José Ignacio Eyzaguirre |
| Final | Asesinado el 6 de agosto de 1875 |
| Fuentes principales | Maiguashca, «República», en Nueva Historia del Ecuador; Ayala Mora, Resumen de Historia del Ecuador; texto del Concordato |
| Última revisión | Agosto de 2026 |
Llegar al poder desde el desastre
Conviene recordar de dónde venía el país. En 1859 había cuatro gobiernos interinos, el Perú ocupaba territorios y bloqueaba Guayaquil, y las cancillerías vecinas negociaban la partición. Se llegó a plantear convertir al Ecuador en protectorado de Francia.
Tras el fracaso de esas alternativas, la aristocracia quiteña con García Moreno a la cabeza -y con la ayuda de Juan José Flores, el mismo caudillo expulsado en 1845- logró triunfar en la sierra, tomar después Guayaquil y reconstituir el Estado.
Ese origen explica su programa. Después del gran pánico de 1859, la idea de un poder central fuerte se volvió aceptable para la gran mayoría de los ecuatorianos. Lo que antes sonaba autoritario pasó a parecer indispensable.
El pacto ultramontano
La historiografía reciente ha propuesto entender el proyecto garciano como un nuevo tipo de acuerdo social: el pacto ultramontano. Su lógica era que la universalidad del catolicismo en el Ecuador facilitaba un enlace con Roma, y que ese enlace permitiría reunir recursos políticos, humanos, materiales y espirituales para reorganizar el país.
Sus fuentes intelectuales son identificables. Del español Jaime Balmes tomó la convicción de que el cristianismo, y el catolicismo en particular, lejos de ser enemigos de la civilización moderna habían sido sus principales creadores, y podían seguir siendo su sostén en el siglo XIX. Del chileno José Ignacio Eyzaguirre provenía la otra vertiente de su formación.
Un matiz que la investigación subraya: mientras otros ultramontanos como el cuencano Vicente Solano abogaban por una república dirigida por las clases altas, García Moreno apostaba por convertir al «pueblo católico» en la base social de su proyecto. No era exactamente lo mismo.
El Concordato de 1862
La pieza jurídica central de ese proyecto fue el Concordato con la Santa Sede. Se firmó en el Vaticano el 26 de septiembre de 1862 entre el cardenal secretario de Estado Giacomo Antonelli y el ministro ecuatoriano Ignacio Ordóñez, y las ratificaciones se canjearon en la iglesia metropolitana de Quito el 19 de abril de 1863.

El acuerdo no fue aceptado sin discusión. La Legislatura de 1863 solicitó reformas, y el proceso se prolongó años: unas «basas» de modificación fueron aprobadas por el Senado y la Cámara el 14 de noviembre de 1865 y ejecutadas por el presidente Jerónimo Carrión el 1 de diciembre de ese año.
El contenido de esas reformas revela dónde estaban las fricciones. La principal fue el fuero eclesiástico: la Santa Sede accedió a que las causas civiles y criminales del clero se rigieran con las mismas condiciones establecidas en los concordatos firmados con otras repúblicas americanas, en particular El Salvador, lo que permitía llevar a tribunales laicos las causas civiles de los clérigos y los delitos comunes ajenos a la religión. Otras basas trataron la inversión y distribución de diezmos y la facultad de los obispos para establecer nuevas órdenes religiosas.
Hay un artículo cuyo alcance conviene destacar: el examen que los diocesanos debían practicar sobre la instrucción religiosa y la conducta moral de los institutores primarios antes de que entraran en el ejercicio de sus funciones. La Iglesia obtuvo un derecho de veto sobre quién podía enseñar en las escuelas.
Tres ciudades, tres reacciones
La recepción del Concordato dibuja con precisión el mapa político del país. En Quito fue objeto de adhesión pública, expresada en el periódico El Clero. En Cuenca hubo aceptación crítica, recogida en El Centinela.
En Guayaquil hubo censura abierta. Pedro Carbo publicó en 1863 un texto titulado La República i la Iglesia, en defensa de la exposición del Consejo Cantonal de Guayaquil sobre la inconstitucionalidad del Concordato.
Esa geografía -Quito a favor, Cuenca dudando, Guayaquil en contra- es la misma que hemos visto operar desde 1830, y anticipa el enfrentamiento que desembocará en la Revolución Liberal.
1869: la ciudadanía católica
El segundo momento del proyecto llegó en 1869, fruto de un golpe de Estado. García Moreno convocó una Convención y la inauguró declarando sus dos objetivos con una franqueza que ahorra interpretaciones: poner en armonía las instituciones políticas con la creencia religiosa, e investir a la autoridad pública de la fuerza suficiente para resistir los embates de la anarquía.
La originalidad de esa Convención, según la lectura de Maiguashca, está en que invirtió la estrategia de toda la primera mitad del siglo. Los dirigentes anteriores habían intentado transformar la sociedad mediante instituciones republicanas y educación; García Moreno consideró eso ingenuo y optó por lo contrario: «catolizar» las normativas republicanas para que el pueblo las comprendiera y practicara con instrumentos y hábitos de su propio acervo cultural, más comunitario que individualista.
El resultado fue una resignificación de conceptos. Las «soberanías parciales», municipales y provinciales de la época pactista fueron descartadas en favor de una sola soberanía nacional. Y donde la Constitución de 1861 había establecido el sufragio universal para crear una comunidad política, la de 1869 introdujo la «ciudadanía católica»: ser ciudadano exigía ser católico.
Sus opositores la llamaron Carta Negra y la acusaron de restringir las garantías individuales. Maiguashca matiza ese juicio señalando que esa misma Constitución adoptó por primera vez la libertad de asociación, y que lo que se hizo fue insistir en una práctica estricta de las garantías atendiendo tanto a los derechos individuales como a los comunitarios. También reconoce, sin embargo, que García Moreno se empeñó en catolizar el orden público por su temperamento autoritario, y que reemplazó la laxa administración interior de 1861 por otra centralista y bajo su control.
Lo que construyó
El balance material del período es considerable y no está seriamente en disputa.
Mediante la renegociación de los sistemas de recaudación, se centralizó y administró con mayor eficiencia buena parte de las rentas públicas. Con el impulso a los bancos se controlaron las emisiones monetarias, aunque al mismo tiempo se pusieron las bases del endeudamiento crónico con el sistema financiero.
Las obras públicas se construyeron por primera vez de forma planificada y su crecimiento fue notable. Se crearon escuelas, colegios e institutos especializados, y centros de educación superior como la Escuela Politécnica Nacional. Se fundó el Observatorio Astronómico. El ejército fue reorganizado y modernizado.
La síntesis que ofrece Ayala Mora es sobria: el Ecuador comenzó a ser un país organizado, mejor comunicado y con un creciente nivel de escolarización.
Dos lecturas en competencia
Aquí conviene exponer con claridad las dos interpretaciones principales, porque ambas están bien fundamentadas y llevan a valoraciones distintas.
La lectura estructural sostiene que las condiciones objetivas del país determinaron el carácter de la etapa. El incremento de las exportaciones de cacao y la vinculación más estrecha con el mercado mundial exigían modernización y centralización, y eso requería que las oligarquías regionales acordaran reglas para el control del poder sin abolir sus contradicciones. García Moreno habría sido la expresión de esa alianza entre fracciones de la clase dominante, y su gobierno, la consolidación de lo que se ha llamado el Estado Oligarquico Terrateniente.
La lectura político-intelectual se centra en el proyecto propiamente dicho: el pacto ultramontano como respuesta deliberada al fracaso del pacto pactista de 1830, con la Iglesia como recurso organizativo y el «pueblo católico» como base social. Desde esta perspectiva, la república católica no fue simple fanatismo sino un intento coherente de armonizar las instituciones con el ethos real de la población.
No son necesariamente excluyentes. La primera explica por qué las élites aceptaron un poder central fuerte; la segunda, por qué ese poder tomó precisamente la forma que tomó. Este sitio prefiere presentar ambas antes que elegir una en silencio, como suele hacerse según la simpatía política de quien escribe.
Cronología
| 1859 | Crisis de disolución; Gobierno Provisorio de Quito con García Moreno. |
| 1860 | Campaña militar desde Quito; toma de Guayaquil; reconstitución del Estado. |
| 17 de enero de 1861 | García Moreno, presidente interino. |
| 1861 | Constitución con sufragio universal. |
| 2 de abril de 1861 | Asume como presidente constitucional. |
| 26 de septiembre de 1862 | Se firma el Concordato en el Vaticano. |
| 19 de abril de 1863 | Canje de ratificaciones en Quito; debate público en Quito, Cuenca y Guayaquil. |
| 1865-1869 | Presidencias de Jerónimo Carrión y Javier Espinosa. |
| 1 de diciembre de 1865 | Se ejecuta la reforma del Concordato. |
| Enero de 1869 | Golpe de Estado; Convención Nacional. |
| 1869 | Constitución de la ciudadanía católica; sus opositores la llaman Carta Negra. |
| 10 de agosto de 1869 | Segunda presidencia constitucional. |
| 6 de agosto de 1875 | García Moreno es asesinado. |
Conclusión
El período garciano plantea una pregunta incómoda que rara vez se formula sin carga partidista: si un Estado que estaba a punto de desintegrarse en 1859 podía reconstruirse sin concentrar poder, y a qué precio.
Lo verificable es que el país salió de esos quince años con administración fiscal centralizada, obras públicas planificadas, más escuelas, instituciones científicas y un ejército reorganizado. Y también que salió con una Constitución que hacía de la confesión religiosa un requisito de la ciudadanía, con la Iglesia examinando a los maestros antes de que pudieran enseñar, y con un presidente que había llegado a su segundo mandato mediante un golpe de Estado.
La división territorial de las reacciones al Concordato -Quito adhiriéndose, Guayaquil denunciándolo por inconstitucional- muestra además que la república católica nunca fue un consenso nacional. Veinte años después de su muerte, el proyecto contrario triunfaría con la Revolución Liberal, y lo haría desde la misma ciudad que había censurado el Concordato en 1863.
Fuentes y bibliografía
- Maiguashca, Juan. «República», en Nueva Historia del Ecuador. Corporación Editora Nacional, Quito.
- Ayala Mora, Enrique. Resumen de Historia del Ecuador. Corporación Editora Nacional, Quito.
- Henderson, Peter. Gabriel García Moreno and Conservative State Formation in the Andes. University of Texas Press, Austin, 2008.
- Bustos Videla, César. «Church and State in Ecuador: History of Politico-Ecclesiastical Relations during the Age of Gabriel García Moreno». Tesis doctoral, Georgetown University, 1966.
- King, William Martin. Ecuadorian Church and State Relations under García Moreno.
- Loor, Wilfrido (ed.). Cartas de García Moreno, vols. 2 a 4. La Prensa Católica, Quito, 1953-1955.
- Pólit, Manuel María (ed.). Escritos y discursos de Gabriel García Moreno. Imprenta del Clero, Quito, 1888 y 1923.
- Balmes, Jaime. El protestantismo comparado con el catolicismo en sus relaciones con la civilización europea.
- Tobar Donoso, Julio. «La influencia de Balmes en el Ecuador», Boletín de la Academia Nacional de Historia, vol. 51, 1968, pp. 38-63.
- Trabucco, Federico. Constituciones de la República del Ecuador. Universidad Central del Ecuador, Quito.
- Carbo, Pedro. La República i la Iglesia. Imprenta de Murillo, Guayaquil, 1863.
Fuentes primarias
El texto del Concordato celebrado con la Santa Sede, con sus actas de canje de ratificaciones, las basas de reforma aprobadas por el Congreso en 1865 y los convenios adicionales sobre diezmos, conservado por la Biblioteca Nacional del Ecuador «Eugenio Espejo», es la fuente central de este artículo. El «Mensaje a la Convención Nacional de 1869» de García Moreno, recogido en los Escritos y discursos editados por Manuel María Pólit, contiene la formulación de sus dos objetivos políticos.
Las actas de la Convención Nacional de 1869 documentan el debate parlamentario sobre la ciudadanía católica y las garantías individuales. Los periódicos El Clero de Quito y El Centinela de Cuenca, junto al folleto de Pedro Carbo publicado en Guayaquil, registran las tres reacciones regionales al Concordato.
Ver también
- El marcismo y el urvinismo (1845-1859)
- La Constitución de 1830 y la fundación del Ecuador
- Flores y Rocafuerte: los primeros gobiernos de la República
- República
- El Estado Oligárquico Terrateniente (1875-1895)
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