Actualizado el 19 de septiembre de 2026Publicado el 5 de septiembre de 2026
Introducción
Este sitio ya ha documentado el proyecto de república católica que Gabriel García Moreno impulsó durante sus tres presidencias. El asesinato de García Moreno, el 6 de agosto de 1875, fue tan abrupto como su gobierno había sido prolongado: recién reelecto para un tercer período con más del noventa y nueve por ciento de los votos, fue atacado a la entrada del Palacio Presidencial apenas semanas antes de su tercera investidura, prevista para el 10 de agosto.
El ejecutor material, Faustino Rayo, murió el mismo día abatido por la policía. Pero el proceso judicial que siguió reveló una conjuración mucho más amplia, con al menos veinte personas comprometidas, y una disputa histórica que se prolongó por décadas sobre quién fue realmente el «alma» de la conspiración.
Este artículo recorre los hechos del 6 de agosto de 1875, la conjuración detrás del asesinato y su disputada autoría, y la construcción de la memoria póstuma de García Moreno como mártir católico.
Índice de contenidos
Ficha técnica
| Fecha del asesinato | 6 de agosto de 1875 |
| Lugar | Entrada del Palacio Presidencial, Quito |
| Ejecutor material | Faustino Rayo, muerto el mismo día en custodia policial |
| Método | Golpes de machete y disparos de revólver |
| Presidente electo para un tercer período | García Moreno, con más del 99% de los votos en mayo de 1875 |
| Investidura prevista y no realizada | 10 de agosto de 1875 |
| Autopsia | A cargo del médico francés Esteban Gayraud |
| Fotógrafo del cadáver | Rafael Pérez Pinto |
| Sucesor inmediato | Francisco Javier León Franco, encargado del poder desde el 6 de agosto de 1875 |
| Fuentes principales | Aguilar, Pedro T., El Ecuador de 1825 a 1875; investigación sobre la memoria transnacional de García Moreno, Historia Crítica |
| Última revisión | Septiembre de 2026 |
Los hechos del 6 de agosto: el asesinato de García Moreno
García Moreno murió frente al Palacio Presidencial, sorprendido por un grupo reducido de atacantes que le propinaron sucesivos golpes de machete y disparos de revólver. Faustino Rayo fue señalado como quien dio muerte directa al presidente; sus cómplices dispararon al mismo tiempo desde las inmediaciones. El propio Rayo fue abatido por la policía ese mismo día, sin llegar a ser sometido a proceso.
El cadáver fue trasladado a una sala de la Catedral de Quito, donde el médico francés Esteban Gayraud realizó la autopsia. El examen reveló, además del estado del cuerpo, que García Moreno portaba encima varias insignias religiosas: un fragmento atribuido a la vera cruz, una medalla con el símbolo del primer Concilio Vaticano por un lado y un retrato del papa Pío IX por el otro, un rosario, un escapulario del Sagrado Corazón de Jesús, y el discurso que tenía preparado para su investidura del 10 de agosto, que nunca llegó a pronunciar.

Una conjuración de veinte personas
El proceso judicial posterior identificó a un grupo de aproximadamente veinte personas comprometidas en la conspiración, entre ellas Manuel Polanco, Abelardo Moncayo, Roberto Andrade y Manuel Cornejo. Las reuniones se realizaban en secreto, en grupos que rara vez superaban las seis personas, para limitar el riesgo de delación.
La investigación judicial, y la polémica que generó durante años, giró en buena medida en torno al papel exacto del doctor Manuel Polanco. Según las declaraciones tomadas ante el Concejo de Guerra por testigos como Manuel Ignacio Cornejo, Polanco actuó como el principal articulador de la conjuración: contactó a Rayo, comprometió el apoyo de oficiales militares, y llegó a ofrecer sumas de dinero para asegurar la colaboración de la guarnición de Quito. El propio Polanco, al ser confrontado con esas acusaciones ante el Concejo de Guerra, se negó a inculpar a otros con lo que llamó imputaciones calumniosas, declarando que prefería ir al patíbulo antes que perder su honor.

El mártir fotografiado
La muerte de García Moreno desencadenó, casi de inmediato, la construcción de una memoria religiosa en torno a su figura. Su cadáver fue expuesto en la Catedral de Quito vestido con uniforme militar de gala y rodeado de una guardia de honor, mientras el fotógrafo y pintor Rafael Pérez Pinto tomaba varios retratos del cuerpo, tanto en la plaza donde cayó como durante el examen post mortem.
En la oración fúnebre pronunciada en esas exequias, el sacerdote Vicente Cuesta lo presentó como acreedor de la corona del martirio, campeón de la nación y del santuario. Esa narrativa de martirio católico trascendió las fronteras del Ecuador: en Francia, el influyente periódico católico L’Univers publicó, semanas después, un extenso elogio firmado por el periodista Louis Veuillot, y el propio papa Pío IX se pronunció sobre el asesinato. El Concejo municipal de Quito, dominado por conservadores, se limitó a una escueta resolución condenando el «execrable asesinato».
Cronología
| Mayo de 1875 | García Moreno es reelecto presidente con más del 99% de los votos. |
| 6 de agosto de 1875 | García Moreno es asesinado frente al Palacio Presidencial; Faustino Rayo, ejecutor material, muere el mismo día en custodia policial. |
| 6 de agosto de 1875 | Francisco Javier León Franco queda encargado del poder. |
| 6-9 de agosto de 1875 | El fotógrafo Rafael Pérez Pinto retrata el cadáver en distintos momentos. |
| 10 de agosto de 1875 | Fecha prevista, no realizada, para la investidura del tercer período presidencial de García Moreno. |
| Octubre de 1875 | Nuevas elecciones presidenciales; triunfa Antonio Borrero. |
| 1876 | Los liberales toman el poder mediante un golpe de Estado encabezado por Ignacio de Veintemilla. |
Conclusión
El asesinato de García Moreno no fue un hecho aislado ni un crimen de un solo hombre: fue el desenlace de una conjuración amplia, con actores cuya responsabilidad exacta se disputó judicialmente durante años, en un país que se dividió, casi de inmediato, entre quienes lo consideraron un tirano justamente derrocado y quienes lo consagraron como mártir de la fe católica.
Esa segunda narrativa, cuidadosamente construida a través de fotografías, oraciones fúnebres y una circulación internacional que llegó hasta el propio Vaticano, terminó por proyectar la figura de García Moreno mucho más allá de Ecuador, y explica por qué su muerte, más de siglo y medio después, sigue siendo objeto de disputa histórica.
Fuentes y bibliografía
- Aguilar, Pedro T. El Ecuador de 1825 a 1875: refutación a la obra de Abelardo Moncayo.
- «La memoria transnacional de Gabriel García Moreno: la imagen póstuma del caudillo católico en Ecuador, Francia y Roma (1875-1921)», Historia Crítica, n.º 75, enero-marzo de 2020.
- Proaño Arandi, Francisco. Libro de cronología: el asesinato de García Moreno y su legado.
- Buriano Castro, Ana. El «espíritu nacional» del Ecuador católico: artículos selectos de El Nacional, 1872-1875. Instituto Mora, México, 2011.
- Demélas, Marie-Danielle, e Yves Saint-Geours. Jerusalén y Babilonia: religión y política en el Ecuador 1780-1880. Corporación Editora Nacional, Quito, 1988.
Fuentes primarias
Las declaraciones indagatorias tomadas a Manuel Ignacio Cornejo y a Gregorio Campusano ante el Concejo de Guerra, reproducidas en la refutación de Pedro T. Aguilar a la obra de Abelardo Moncayo, documentan de manera directa la organización de la conjuración y la disputa sobre el papel de Manuel Polanco. El informe de la autopsia practicada por el médico francés Esteban Gayraud, citado en la investigación académica sobre la memoria transnacional de García Moreno, describe de primera mano el estado del cadáver y las insignias religiosas que portaba al momento de su muerte.
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Sobre quien escribe
Jefferson
Soy docente en Ciencias de la Educación, con mención en Ciencias Sociales, y ejerzo la docencia desde 2020 tanto en el sector público como privado. La historia universal ha sido una pasión constante en mi vida, y de ahí nació la inquietud detrás de este proyecto: en años de investigar y recopilar información sobre la historiografía de mi país, me encontré una y otra vez con datos dispersos, imprecisos o directamente erróneos circulando en la red.
Ecuador en la Historia nace de esa necesidad —reunir en un solo espacio una historiografía rigurosa, verificable y bien fundamentada— y también de dos pasiones que confluyen aquí: mi fascinación por un pasado que encuentro tan misterioso y mitológico como desafiante, y mi interés por el futuro: la tecnología y las nuevas metodologías para investigar, organizar y compartir el conocimiento histórico.
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