Actualizado el 11 de septiembre de 2026
Introducción
La historia colonial de Quito suele contarse a través de sus instituciones, su economía y sus conflictos políticos. Rara vez ocupa un lugar central la otra fuerza que, silenciosa pero constante, remodeló una y otra vez la demografía de la Audiencia: las epidemias. Entre el siglo XVII y el XVIII, la ciudad y su territorio atravesaron ciclos recurrentes de viruela, sarampión, tifus y otras enfermedades combinadas, en un patrón que las propias actas del cabildo colonial documentaron con una regularidad alarmante.
El episodio más devastador de todos, el bienio de 1648-1649, dejó una cifra oficial que por sí sola explica por qué las epidemias merecen un lugar propio en la historia de la Audiencia: más de cien mil muertos en toda la provincia.
Este artículo recorre los principales ciclos epidémicos documentados en Quito colonial, el papel de las actas capitulares como fuente para reconstruirlos, y la respuesta —religiosa antes que médica— que la sociedad colonial dio frente a estas crisis recurrentes.
Índice de contenidos
Ficha técnica
| Epidemia más letal documentada | Viruela y alfombrilla, 1648-1649, más de 100.000 muertos en la provincia según datos oficiales |
| Fuente principal de reconstrucción | Actas del Cabildo Colonial de San Francisco de Quito, conservadas en el Archivo Metropolitano de Historia de Quito |
| Período de mayor recurrencia epidémica | 1700-1785, con dieciséis períodos críticos documentados |
| Enfermedades registradas | Viruela, sarampión, tifus exantemático (tabardillo), disentería, peste y peste japonesa, entre otras, frecuentemente combinadas |
| Hospital colonial de referencia | San Juan de Dios, hoy sede del Museo de la Ciudad de Quito |
| Respuesta institucional habitual | Rogativas públicas y procesiones religiosas, antes que intervención médica organizada |
| Fuentes principales | García Torres, Adrián, «Clima y desastre en Quito (Ecuador) durante la Pequeña Edad del Hielo: 1640-1800»; Alchon, S. Austin, Sociedad indígena y enfermedad en el Ecuador colonial, Abya-Yala, 1996 |
| Última revisión | Septiembre de 2026 |
El bienio de 1648-1649: la mayor de las epidemias coloniales
Las actas del cabildo colonial de Quito, cuya serie documental para el siglo XVII presenta importantes lagunas cronológicas, registran para el bienio 1648-1649 una epidemia combinada de viruela y alfombrilla que, según los datos oficiales recogidos por la propia administración colonial, causó más de cien mil muertes en el conjunto de la provincia. Tras ese golpe devastador, no volvieron a registrarse brotes de magnitud comparable hasta la debacle demográfica de finales de ese mismo siglo.
La escala de esa cifra resulta más comprensible al compararla con la población total estimada de la región en ese período: aun considerando el subregistro habitual de este tipo de fuentes coloniales, se trató de una mortandad capaz de alterar de manera duradera la composición demográfica de la Audiencia entera.

La crisis de finales del siglo XVII
Entre 1691 y 1694, un segundo ciclo crítico golpeó la Audiencia. Las primeras muertes por viruela en Quito se detectaron en septiembre de 1691; a partir de marzo de 1692, la desaparición de las lluvias hizo temer una hambruna, temor que se confirmó poco después con la llegada de un brote combinado de sarampión y viruela procedente de Nueva Granada, que se extendió por el territorio ecuatoriano hasta 1694.
El año 1693 concentró la peor combinación de factores: escasez de alimentos, epidemia de sarampión activa, y hasta cinco rogativas públicas por la salud celebradas ese mismo año, dos de ellas pidiendo también lluvias. La caída de la mano de obra indígena, diezmada por la enfermedad o convaleciente de ella, se hizo evidente casi de inmediato en la falta de brazos disponibles para las cosechas.
El ciclo del siglo XVIII: dieciséis crisis en ochenta y cinco años
El siglo XVIII no ofreció ningún respiro duradero. Según ha documentado el historiador S. Austin Alchon, entre 1700 y 1785 la Audiencia de Quito atravesó dieciséis períodos críticos de enfermedad, en los que se combinaron viruela, sarampión, tifus exantemático, disentería, peste y peste japonesa, la mayoría de las veces de forma simultánea. La epidemia de 1746 alcanzó a toda la Audiencia; la de 1763 puso fin a un breve período de recuperación demográfica que había permitido a Quito alcanzar unos treinta mil habitantes hacia mediados de siglo.
En 1785, una nueva epidemia de sarampión asoló primero la capital y se propagó después al resto de las provincias de la Audiencia. La falta de médicos capaces de auxiliar a la población de los territorios más alejados de Quito dejó a buena parte de esas comunidades prácticamente libradas a su suerte frente a la enfermedad.
El propio Eugenio Espejo, ya documentado en este sitio, dedicó una obra específica a esta crisis recurrente: sus Reflexiones acerca del contagio de las viruelas, en las que además aprovechó para ofrecer su propio cálculo de la población de Quito, veinte mil habitantes, una cifra sensiblemente menor a la de otros cronistas de la época, que oscilaban entre los cuarenta y seis mil y los sesenta mil.

Rogativas antes que remedios
Frente a estas crisis recurrentes, la respuesta institucional documentada en las actas capitulares fue, en primer lugar, religiosa: rogativas públicas, procesiones y ceremonias destinadas a implorar el cese de la enfermedad, mucho más que medidas médicas o sanitarias organizadas. El propio cabildo llegó a intervenir en cuestiones prácticas puntuales, como la orden de reducir el precio del azúcar durante la epidemia de 1763, dado su uso en la elaboración de numerosos remedios de la época, lo que generó protestas de los productores jesuitas que controlaban buena parte de ese producto.
Esa combinación de fe y escasos recursos médicos definió la manera en que la sociedad colonial de Quito enfrentó, generación tras generación, un enemigo que ninguna autoridad virreinal logró jamás controlar de manera efectiva.
El costo humano de esa combinación de epidemia y opresión colonial quedó registrado en un testimonio tan breve como perturbador. Un sacerdote que servía en la región de Riobamba observó en 1764 que algunos padres indígenas llegaban a considerar la muerte de sus hijos por viruela como una suerte de bendición, ya que de ese modo quedaban liberados del registro y la servidumbre que el sistema tributario colonial les imprimía desde la infancia.
Cronología
| 1648-1649 | Epidemia de viruela y alfombrilla; más de 100.000 muertos en la provincia según datos oficiales. |
| Septiembre de 1691 | Se detectan las primeras muertes por viruela en Quito. |
| 1691-1694 | Brote combinado de sarampión y viruela procedente de Nueva Granada. |
| 1693 | Cinco rogativas públicas por la salud; escasez de alimentos coincidente con la epidemia. |
| 1746 | Epidemia que alcanza a toda la Audiencia de Quito. |
| Mediados del siglo XVIII | La población de Quito alcanza unos 30.000 habitantes tras un período de recuperación demográfica. |
| 1763 | Nueva epidemia pone fin a esa recuperación demográfica. |
| 1785 | Epidemia de sarampión en Quito, propagada después a las provincias de la Audiencia. |
| 1700-1785 | Dieciséis períodos críticos de enfermedad documentados en el conjunto de este siglo. |
Conclusión
Las epidemias coloniales de Quito no fueron episodios aislados ni anecdóticos, sino un patrón estructural que atravesó de punta a punta la historia de la Audiencia, con una recurrencia que las actas del cabildo registraron, década tras década, con un detalle notable para su época. La cifra de más de cien mil muertos en el bienio de 1648-1649 basta, por sí sola, para situar a esta crisis sanitaria entre los episodios más determinantes —y menos recordados— de toda la historia colonial ecuatoriana.
Frente a esa recurrencia, la sociedad colonial respondió principalmente con fe antes que con medicina organizada, una limitación que explica, en buena medida, por qué cada nuevo brote encontró a la Audiencia tan vulnerable como el anterior.
Fuentes y bibliografía
- García Torres, Adrián. «Clima y desastre en Quito (Ecuador) durante la Pequeña Edad del Hielo: 1640-1800».
- Alchon, S. Austin. Sociedad indígena y enfermedad en el Ecuador colonial. Quito: Editorial Abya-Yala, 1996.
- Vilalta, María José. «Sobre la vida y la muerte en las haciendas de los Andes del Ecuador», Revista de Demografía Histórica, XXXI, I, 2013.
- Brines Tyrer, Robson. Historia demográfica y económica de la Audiencia de Quito: población indígena e industria textil 1600-1800. Quito: Banco Central del Ecuador, 1988.
- Minchom, Martin. El pueblo de Quito, 1690-1810: demografía, dinámica sociorracial y protesta popular. Quito: FONSAL, 2007.
- Cueva, Agustín. «Notas sobre la economía en la época Colonial», Ecuador Debate, n.º 123, pp. 59-73.
- Guevara-Gil, Armando, y Frank Salomon. «Una «Visita Personal»: Ritual Político en la Colonia y Construcción del Indio en los Andes», Colonial Latin American Review, vol. 3, n.º 1-2, 1994.
Fuentes primarias
Las Actas del Cabildo Colonial de San Francisco de Quito, conservadas en el Archivo Metropolitano de Historia de Quito y transcritas para el período 1640-1800, constituyen la fuente primaria central sobre las epidemias descritas en este artículo, incluida la cifra oficial de más de cien mil muertos en el bienio 1648-1649. La relación de Jorge Juan y Antonio de Ulloa sobre su viaje a la América meridional documenta de manera directa el impacto de las epidemias de mediados del siglo XVIII en la Audiencia. Las propias Reflexiones acerca del contagio de las viruelas de Eugenio Espejo constituyen la fuente primaria más directa sobre esta enfermedad escrita por un testigo quiteño del siglo XVIII. El testimonio del sacerdote que servía en la región de Riobamba en 1764, citado por Guevara-Gil y Salomon a partir de los registros de Segundo Moreno Yánez, documenta de primera mano la relación entre las epidemias y la opresión tributaria colonial.
Ver también
- La quina: el árbol que sostuvo la economía del sur de la Audiencia
- La mita, los obrajes y la economía colonial
- La expulsión de los jesuitas y el destino de sus bienes (1767)
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Sobre quien escribe
Jefferson
Soy docente en Ciencias de la Educación, con mención en Ciencias Sociales, y ejerzo la docencia desde 2020 tanto en el sector público como privado. La historia universal ha sido una pasión constante en mi vida, y de ahí nació la inquietud detrás de este proyecto: en años de investigar y recopilar información sobre la historiografía de mi país, me encontré una y otra vez con datos dispersos, imprecisos o directamente erróneos circulando en la red.
Ecuador en la Historia nace de esa necesidad —reunir en un solo espacio una historiografía rigurosa, verificable y bien fundamentada— y también de dos pasiones que confluyen aquí: mi fascinación por un pasado que encuentro tan misterioso y mitológico como desafiante, y mi interés por el futuro: la tecnología y las nuevas metodologías para investigar, organizar y compartir el conocimiento histórico.
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