Bomboná: la batalla que Bolívar no logró ganar por completo

La Batalla de Bomboná (1822): Bolívar atacó una posición «impenetrable» cerca de Pasto, en un empate estratégico que retrasó su avance hacia Quito por meses.

Actualizado el 26 de septiembre de 2026Publicado el 12 de septiembre de 2026

Introducción

Este sitio ya ha documentado las batallas de Huachi y la campaña de Pasto que rodearon la independencia de Quito. Menos conocida, pero igual de decisiva, fue la batalla que Simón Bolívar libró en persona el 7 de abril de 1822, cerca del volcán Galeras, en el actual departamento colombiano de Nariño: la Batalla de Bomboná, también llamada de Cariaco.

A diferencia de Pichincha, que Antonio José de Sucre ganaría con claridad apenas siete semanas después, Bomboná no tuvo un vencedor indiscutible. Bolívar reclamó la victoria por haber quedado en posesión del campo de batalla, pero el terreno costó tan caro en vidas a sus tropas que el propio avance hacia Pasto quedó detenido durante meses.

Este artículo recorre el objetivo estratégico de la Batalla de Bomboná, el terreno que la convirtió en una de las acciones más sangrientas de la independencia, su desenlace ambiguo, y la capitulación que, meses después, se firmó en un lugar que la historia ecuatoriana recordaría por una razón muy distinta.

Ficha técnica

Fecha7 de abril de 1822
Otros nombresBatalla de Cariaco
UbicaciónFalda occidental del volcán Galeras, cerca de Pasto, actual departamento de Nariño, Colombia
Comandante patriotaSimón Bolívar
Comandante realistaCoronel Basilio García
Objetivo estratégicoImpedir que los realistas de Pasto acudieran en auxilio de Quito, facilitando el avance de Antonio José de Sucre
Batallones patriotas destacadosRifles, Bogotá, Vargas, y el escuadrón Guías
Bajas patriotasLos batallones Bogotá y Vargas quedaron reducidos a menos de 75 hombres cada uno; murió el general Pedro León Torres
Capitulación posterior de PastoBerruecos, 8 de junio de 1822
Fuentes principalesCruz Galo, «De Pichincha a Ayacucho: de la decisión operativa a la conclusión estratégica»; Pita, revista Procesos, n.º 51, 2020
Última revisiónSeptiembre de 2026

Un terreno pensado para detener un ejército

La región donde se libró Bomboná era, según describen los propios historiadores militares, casi inaccesible: los cañones de los ríos Patía, Juanambú y Guáitara rompían la cordillera en abismos, riscos escarpados y gargantas de clima inhóspito. El único paso practicable eran los puentes de Veracruz y Yaquanquer, y los españoles ya habían destruido el primero.

Bolívar decidió cruzar el río Guáitara por Yaquanquer, un punto defendido a la izquierda por las escarpadas faldas del volcán, a la derecha por una corriente torrentosa, y al centro por un bosque tupido de troncos y una profunda cañada. El propio destacamento de reconocimiento le había advertido que la posición era impenetrable. Bolívar ordenó el ataque de todos modos.

Volcán Galeras, en Nariño, cerca de cuya falda occidental se libró la Batalla de Bomboná el 7 de abril de 1822
Volcán Galeras, Nariño. Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).

La Batalla de Bomboná: una de las acciones más sangrientas de la independencia

El general Torres intentó flanquear la posición realista por la izquierda al frente de los batallones Bogotá y Vargas, pero no logró franquear la cañada: sus tropas quedaron diezmadas por el fuego enemigo, y murieron o resultaron heridos casi todos sus oficiales, incluido el propio Torres, que falleció poco después. Por la derecha, el general Valdez logró trepar la escarpada pendiente al frente del batallón Rifles, clavando los fusiles en la ladera, y consiguió finalmente desalojar a los realistas tras una maniobra arriesgada.

El costo fue devastador: los batallones Bogotá y Vargas, que habían marchado con Bolívar desde Bogotá, quedaron reducidos a menos de setenta y cinco hombres cada uno. Coronel Basilio García, al mando de las fuerzas realistas, logró lo que los historiadores describen como una victoria pírrica: contuvo a Bolívar, aunque sin poder impedir por completo su avance final.

Paisaje de la región de Pasto, Nariño, bastón realista que Bolívar buscó aislar tras la Batalla de Bomboná
Paisaje de la región de Pasto, Nariño. Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0).

Un empate que se resolvió en otro campo de batalla

Tras Bomboná, Bolívar no pudo avanzar hacia Pasto durante varios meses, pese a recibir refuerzos. El propio Sucre, informado de la situación, continuó su propia campaña por el sur: tomó Cuenca el 21 de abril y, finalmente, obtuvo en Pichincha, el 24 de mayo, la victoria decisiva que Bomboná no había logrado por sí sola. Con Quito ya en manos patriotas y los realistas de Pasto aislados, sin posibilidad de auxilio ni de retirada, Bolívar entró finalmente a la ciudad el 8 de junio de 1822.

Ese mismo día, en Berruecos, los realistas de Pasto acordaron con Bolívar una capitulación. El propio teniente coronel irlandés Daniel O’Leary, edecán del Libertador, dejó constancia de que ese indulto benevolente no fue agradecido ni comprendido por los pastusos, quienes, según su relato, respondieron a los beneficios ofrecidos por la nueva República afirmando que preferían seguir pagando el tributo colonial. Berruecos, ese mismo lugar, sería recordado por la historia ecuatoriana ocho años después por una razón muy distinta: allí sería asesinado el propio Antonio José de Sucre, en 1830.

Cronología

13 de diciembre de 1821Simón Bolívar parte desde Bogotá hacia el sur para dirigir la Campaña del Sur.
7 de abril de 1822Batalla de Bomboná; Bolívar ataca la posición de Basilio García en el río Guáitara.
Abril-mayo de 1822Bolívar permanece detenido, sin poder avanzar hacia Pasto pese a recibir refuerzos.
21 de abril de 1822Antonio José de Sucre logra la anexión de Cuenca a Colombia.
24 de mayo de 1822Victoria decisiva de Sucre en la Batalla de Pichincha.
8 de junio de 1822Bolívar entra a Pasto; se firma en Berruecos la capitulación de los realistas pastusos.
1830Antonio José de Sucre es asesinado en Berruecos, el mismo lugar de la capitulación de 1822.

Conclusión

Bomboná no encaja bien en el relato tradicional de victorias limpias que suele acompañar a las grandes batallas de la independencia sudamericana. Fue, en el mejor de los casos, un empate estratégico comprado con un costo humano enorme, que Bolívar solo pudo capitalizar meses después, gracias a la victoria de Sucre en un frente distinto.

Que la capitulación final de los realistas de Pasto se firmara en Berruecos —el mismo lugar donde, ocho años más tarde, sería asesinado el propio Sucre— es una de esas coincidencias geográficas que la historia rara vez explica, pero que rara vez deja de señalar.

Fuentes y bibliografía

  • Cruz Galo. «De Pichincha a Ayacucho: de la decisión operativa a la conclusión estratégica».
  • Pita, R. «Colombia y la narrativa de la independencia», revista Procesos, n.º 51, enero-junio de 2020.
  • Landázuri Camacho, Cristóbal. Antecedentes de la revolución quiteña, Congreso de Historia.
  • Bastidas Urresty, Edgar. La Vendée Americana I: las guerras de Pasto.
  • Cartas de Simón Bolívar a Juan José Flores.

Fuentes primarias

Las Cartas de Simón Bolívar a Juan José Flores, escritas durante la propia Campaña del Sur, documentan de manera directa las dificultades del avance patriota tras Bomboná. El relato del teniente coronel Daniel O’Leary, edecán del Libertador y testigo privilegiado de la campaña, publicado en 1919, describe de primera mano tanto la capitulación de Berruecos como la respuesta de los pastusos ante el indulto de Bolívar.

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Sobre quien escribe

Jefferson

Soy docente en Ciencias de la Educación, con mención en Ciencias Sociales, y ejerzo la docencia desde 2020 tanto en el sector público como privado. La historia universal ha sido una pasión constante en mi vida, y de ahí nació la inquietud detrás de este proyecto: en años de investigar y recopilar información sobre la historiografía de mi país, me encontré una y otra vez con datos dispersos, imprecisos o directamente erróneos circulando en la red.

Ecuador en la Historia nace de esa necesidad —reunir en un solo espacio una historiografía rigurosa, verificable y bien fundamentada— y también de dos pasiones que confluyen aquí: mi fascinación por un pasado que encuentro tan misterioso y mitológico como desafiante, y mi interés por el futuro: la tecnología y las nuevas metodologías para investigar, organizar y compartir el conocimiento histórico.

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