Actualizado el 16 de agosto de 2026Publicado el 12 de agosto de 2026
Introducción
El 27 de febrero de 1829, en el Portete de Tarqui, al sur de Cuenca, el ejército de la República de Colombia derrotó a las fuerzas peruanas que habían invadido el sur del país. No fue una guerra entre el Ecuador y el Perú -el Ecuador no existía- sino entre dos repúblicas nacidas de la independencia que se disputaban el territorio de la antigua Audiencia de Quito.
La batalla de Tarqui es también el episodio que mejor ilustra el desgaste del Distrito del Sur dentro de la Gran Colombia. Los tres departamentos meridionales pusieron el territorio, los hombres y el dinero de una guerra que no habían decidido, apenas cuatro años después de haber financiado la campaña de Ayacucho.

Este artículo reconstruye la guerra a partir de la correspondencia entre Bolívar, Sucre y Flores: los antecedentes, el bloqueo de Guayaquil, las negativas de Sucre a tomar el mando, la batalla, el Tratado de Girón y el conflicto territorial que quedó sin resolver.
Índice de contenidos
Ficha técnica
| Conflicto | Guerra entre la República de Colombia y el Perú |
| Fechas | 1828-1829 |
| Causa | Diferendo limítrofe sobre el sur de Colombia; pretensiones peruanas hasta el Juanambú |
| Batalla decisiva | Portete de Tarqui, 27 de febrero de 1829 |
| Comandante colombiano | Mariscal Antonio José de Sucre; Juan José Flores como general en jefe a sus órdenes |
| Comandante peruano | General José de La Mar, presidente del Perú |
| Fuerzas | Unos 4.500 hombres colombianos frente a 8.400 peruanos |
| Resultado | Victoria colombiana; Tratado de Girón |
| Consecuencia | Tratados de Guayaquil; el conflicto territorial quedó pendiente |
| Fuentes principales | Cartas de Simón Bolívar a Juan José Flores; Ayala Mora, Resumen de Historia del Ecuador; parte de guerra de Sucre |
| Última revisión | Agosto de 2026 |
Los antecedentes
La tensión venía de años atrás y tenía una razón de fondo territorial. Flores la resumió en una carta a Sucre citando al propio mariscal: el Perú quería usurpar el sur de Colombia para llevar sus límites hasta el Juanambú, y en todos los trastornos procuraba sacar algún partido, aunque después enviara satisfacciones reiteradas si sus designios se frustraban.
Ya en 1827 la situación era grave. Guayaquil se había declarado prácticamente independiente reclamando el derecho a decidir su propia suerte; tropas acantonadas en Cuenca se sublevaron y su cabecilla, Bustamante, declaró que el levantamiento se había producido por injerencia e intrigas del gobierno peruano. Flores restableció el orden con una campaña de mil trescientos hombres y una mezcla de fuerza y negociación.
Sus cartas a Bolívar de aquellos meses son reveladoras del clima: «sólo yo hacía frente con un puñado de valientes a los dos Departamentos, a dos Divisiones y a las intrigas del Perú y Pasto». Y advertía que Guayaquil seguía dando cuidados si no se le concedía la federación que había pedido.
Bolívar intentó evitar la guerra. Comisionó al general O’Leary para trasladarse a Lima, pero la misión fracasó: no le concedieron salvoconducto ni atendieron sus gestiones, y quedó retenido en Guayaquil. También trató de frenar los ímpetus del joven Flores, que llevaba tiempo predicando la guerra: «yo he predicado la guerra con un interés grande», escribió este cuando los hechos le dieron la razón.
El bloqueo de Guayaquil
La primera escaramuza de franca beligerancia se produjo en el puerto, cuando la corbeta peruana Libertad merodeó por sus costas, promovió incidentes y obstruyó el libre comercio. El coronel Illingworth destacó embarcaciones al mando del coronel Wright que, tras un choque naval, rechazaron a la nave peruana.
El gobierno del Perú envió entonces su flota a bloquear Guayaquil. La ciudad se defendió pese a sus escasos recursos: los cañones emplazados en el puerto detuvieron el avance e impidieron el abordaje, y en una de las acciones murió el almirante Guise, jefe de la flota peruana. Tras un asedio prolongado, sin embargo, Guayaquil tuvo que capitular.
Un mando que nadie quería
El episodio menos conocido y más revelador de esta guerra es la resistencia de Sucre a dirigirla. Bolívar lo nombró jefe del ejército del Sur en octubre de 1828, y la carta con que se lo comunicó a Flores es descarnada: decía no privarle de gloria alguna «pues no hay ninguna que ganar en el miserable estado de las cosas», y añadía que le daba ese sucesor «por evitarle una catástrofe».
El párrafo siguiente de esa misma carta es una de las confesiones más duras del Libertador: «ni en Colombia ni en Perú se puede hacer nada bueno: ni aún el prestigio de mi nombre vale ya; todo ha desaparecido para siempre». La escribió meses antes de Tarqui.
Sucre se negó. Flores relató a Bolívar cómo intentó convencerlo sin éxito, cómo recurrió a los generales Torres y Demarquet y al doctor Torres para que lo instaran juntos, y cómo el mariscal se mantuvo en la negativa. Llegó a pensar en retirarse a su casa y encargar el mando al general Heres para forzar la situación, pero desistió temiendo que lo creyeran resentido.
Las razones de Sucre no eran de comodidad. Era adverso a la guerra fratricida y sostenía que debían agotarse los últimos recursos antes de promover un choque armado. Venía además de entregar la presidencia de Bolivia, herido en un brazo durante un motín, y deseaba integrarse a su hogar. De camino a Quito escribió al gobierno de Lima ofreciendo su mediación. No consiguió nada.
Solo cuando el Perú invadió Loja y parte de Cuenca, y la batalla era ya inevitable, Sucre ofreció voluntariamente sus servicios y asumió el mando.
Una guerra pagada por el Sur
Los departamentos meridionales soportaron la carga más pesada del esfuerzo bélico, igual que había ocurrido con la campaña del Perú hasta Ayacucho. Flores se vio obligado a imponer fuertes contribuciones tributarias para atender los gastos de campaña.
Un incidente ilustra hasta dónde llegaban esas exacciones. El intendente reclamó una contribución de trescientos pesos a la familia del propio Sucre, y el mariscal escribió a Flores sin ocultar su molestia: confesaba que le ofendió en lo sumo que, estando él ausente, se molestara a su mujer por esa suma, y que sus compañeros añadieran esa desconsideración a las penas que la rodeaban. Terminaba pidiéndole que se pusiera en su lugar y dijera fría e imparcialmente qué conducta habría observado.
Bolívar, por su parte, explicó en otra carta el mecanismo general: había decretado en Cuenca una exacción de treinta mil pesos distribuida entre los departamentos del Sur, dejando al Gobierno la clasificación y a las autoridades locales el reparto según los haberes de los contribuyentes.
La batalla del Portete
Sucre ocupó el Portete, una posición sumamente ventajosa: sus flancos quedaban resguardados por bosques y desfiladeros prácticamente inaccesibles. La desproporción de fuerzas era considerable: La Mar disponía de unos 8.400 hombres y Sucre de 4.500. Flores fue nombrado general en jefe a órdenes del mariscal.

Antes de la madrugada se destacó al capitán Piedrahita con ciento cincuenta soldados escogidos de todos los batallones para iniciar un ataque sorpresivo apoyado por el escuadrón Cedeño. La oscuridad y las dificultades del terreno produjeron confusión entre las propias tropas, que por momentos se dispararon entre ellas. Los peruanos respondieron a las descargas y así comenzó la batalla.
El batallón Rifles avanzó para auxiliar a Piedrahita mientras Flores, con parte del Yaguachi y el batallón Caracas, penetraba por la quebrada, conseguía alinear sus tropas y formalizaba el combate. Las fuerzas colombianas arrollaron las columnas del general Plaza y La Mar acudió en persona para evitar el desbande. A Flores le mataron el caballo y una bala le atravesó el poncho.
La resistencia enemiga en las breñas del costado izquierdo dificultó el avance hasta que llegó la segunda división reforzada por una compañía del Yaguachi. Dominados los desfiladeros, los batallones Caracas, Yaguachi y Rifles se lanzaron a la carga apoyados por el escuadrón Cedeño, que comandaba el coronel O’Leary. Ese ataque fue definitivo y las tropas peruanas se dispersaron en desorden.
El Tratado de Girón
Vencedor absoluto, Sucre propuso a La Mar un tratado de paz en las mismas condiciones que había ofrecido antes de la batalla. Tras nuevas negociaciones y dilaciones, La Mar accedió a firmar el Tratado de Girón.

Las pérdidas peruanas fueron elevadas. Sucre escribió a Bolívar que se habían puesto en retirada desde Girón unos 2.500 hombres, resto de los 8.400 que los propios peruanos habían confesado espontáneamente haber introducido en territorio de Colombia, y añadía que en el estado de desmoralización en que quedaban apenas mil soldados repasarían el Macará.
Sucre ascendió a Flores a general de división en el mismo campo de batalla y escribió a Bolívar que era inútil hacer recomendaciones sobre su conducta, «gallardo en todas las ocasiones y señalado siempre». La relación entre ambos, tensada por el incidente tributario, quedó restablecida.
Lo que quedó sin resolver
El Tratado de Girón fue seguido por los Tratados de Guayaquil, que establecieron una delimitación de fronteras. Pero el conflicto territorial de fondo quedó pendiente, y reaparecería durante más de un siglo.
La valoración que hace la propia fuente que recoge esta correspondencia es amarga: señala que el Tratado de Girón y la sangre derramada en el Portete de Tarqui, en lo tocante a las negociaciones y a las aspiraciones de los pueblos, «han sido siempre incumplidas». Es un juicio de parte, pero registra bien cómo se veía el asunto desde el sur.
Hay además una hipótesis contrafactual que la misma fuente plantea: existía un proyecto militar de marchar sobre Lima que no llegó a ejecutarse, y de haberse llevado a cabo, sostiene, otro habría sido el destino del sur de Colombia y de la futura República del Ecuador. Conviene tomarlo por lo que es -una especulación retrospectiva- y no como historia establecida.
Cronología
| 1824 | Campaña de Ayacucho, financiada en gran parte por los departamentos del Sur. |
| 1827 | Guayaquil se declara prácticamente independiente; sublevación de tropas en Cuenca. |
| 1828 | Fracasa la misión de O’Leary en Lima; declaración de guerra; bloqueo de Guayaquil. |
| 8 de octubre de 1828 | Bolívar envía 60.000 pesos a Flores y nombra a Sucre jefe del ejército. |
| Enero-febrero de 1829 | El Perú invade Loja y parte de Cuenca; Sucre asume finalmente el mando. |
| 27 de febrero de 1829 | Batalla del Portete de Tarqui; victoria colombiana. |
| 28 de febrero de 1829 | Firma del Tratado de Girón. |
| 1829 | Tratados de Guayaquil; el diferendo territorial queda pendiente. |
| 4 de junio de 1830 | Asesinato de Sucre en Berruecos. |
Conclusión
Tarqui suele contarse como una victoria fundacional del Ecuador, y conviene precisar dos cosas. La primera es que el Ecuador no existía: quién venció fue la República de Colombia, con un ejército mandado por un venezolano y un general en jefe también venezolano, sobre territorio que hoy es ecuatoriano.
La segunda es que la correspondencia de sus protagonistas desmiente el tono épico. Bolívar escribía que no había gloria que ganar y que su nombre ya no valía nada. Sucre rechazó el mando dos veces y ofreció mediar hasta el último momento. La batalla misma empezó por accidente, cuando las propias tropas se dispararon entre sí en la oscuridad. Y en medio de todo, el intendente cobraba trescientos pesos a la esposa del mariscal que iba a comandar el ejército.
Ese es probablemente el valor mayor de estas cartas: muestran una guerra hecha por hombres agotados, en un Estado que se desmoronaba, un año antes de que la Gran Colombia dejara de existir y de que Sucre fuera asesinado en Berruecos.
Fuentes y bibliografía
- Cartas de Simón Bolívar a Juan José Flores. Biblioteca Nacional del Ecuador «Eugenio Espejo».
- Ayala Mora, Enrique. Resumen de Historia del Ecuador. Corporación Editora Nacional, Quito.
- Núñez Sánchez, Jorge. «El Ecuador en Colombia», en Nueva Historia del Ecuador, vol. 6, 1989.
- Andrade Reimers, Luis. Sucre en el Ecuador. Corporación Editora Nacional / UASB, Quito, 1995.
- Rumazo González, Alfonso. Sucre, gran Mariscal de Ayacucho. Aguilar, Madrid, 1963.
- Van Aken, Mark. El rey de la noche. Juan José Flores y el Ecuador, 1824-1864. Banco Central del Ecuador, Quito, 1994.
- Pérez de la Croix, Luis. Diario de Bucaramanga.
- Paz Soldán, Mariano Felipe. Historia del Perú independiente.
- De la Barra, Felipe. La Campaña de Quito (1820-1822).
Fuentes primarias
La correspondencia entre Simón Bolívar, Antonio José de Sucre y Juan José Flores, conservada en la Biblioteca Nacional del Ecuador «Eugenio Espejo», es la fuente central de este artículo: documenta las gestiones para evitar la guerra, el nombramiento de Sucre y sus negativas, las exacciones tributarias y el desarrollo del combate. El parte de guerra de Sucre describe la disposición de las divisiones y el curso de la batalla. El Diario de Bucaramanga de Perú de la Croix recoge la clasificación que Bolívar hacía de sus generales, con Sucre a la cabeza y Flores en segundo lugar.
Ver también
- El Distrito del Sur en la Gran Colombia (1822-1830)
- La Provincia Libre de Guayaquil (1820-1822)
- La Constitución de 1830 y la fundación del Ecuador
- Independencia
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