Actualizado el 15 de agosto de 2026Publicado el 13 de agosto de 2026
Introducción
Mientras la Audiencia de Quito organizaba obrajes, mitas y cabildos, en la costa norte se formó un territorio que la Corona no logró controlar durante más de dos siglos. Lo gobernaban descendientes de africanos que habían escapado de la esclavitud y se habían aliado con los pueblos indígenas locales.
Esa sociedad -conocida en la historiografía como el zambaje esmeraldeño y en las fuentes de la época como «República de Zambos»- constituye uno de los capítulos peor contados de la historia ecuatoriana, pese a que dejó tras de sí la pintura firmada y fechada más antigua de toda Sudamérica colonial.

Este artículo recorre el origen de esas comunidades, su organización política, las alianzas que las sostuvieron, el pacto de 1599 con la Audiencia y el cuadro que lo documentó, con las cautelas que exige leer una imagen encargada por una de las partes.
Índice de contenidos
Ficha técnica
| Ámbito | Costa de la actual provincia de Esmeraldas, en torno a la bahía de San Mateo |
| Período | Siglos XVI a XVIII |
| Denominación de época | República de Zambos; sus habitantes, primero «mulatos» y desde la década de 1590 «zambos» |
| Líderes principales | Alonso de Illescas y Francisco de Arobe (c. 1543 – después de 1606) |
| Pueblos indígenas aliados | Campaces, al sur de la bahía de San Mateo; poblaciones de lengua esmeraldeña y barbacoana |
| Pacto con la Corona | 1599, ante el oidor Juan del Barrio de Sepúlveda |
| Testimonio visual | Los mulatos de Esmeraldas, óleo de Andrés Sánchez Gallque, 1599 |
| Fuentes principales | Rueda Novoa, Zambaje y autonomía; Ayala Mora, Resumen de Historia del Ecuador; Gutiérrez Usillos, estudio técnico del lienzo (2012) |
| Última revisión | Agosto de 2026 |
Africanos en la Audiencia
Ya para el siglo XVII se habían asentado en la Audiencia de Quito varios grupos de esclavos africanos importados para trabajar en la Costa y en ciertos valles cálidos de la Sierra. Fue creciendo así un grupo social minoritario en el conjunto, pero decisivo en determinados espacios regionales.
La condición de esclavitud los colocó en el último lugar de la sociedad estamentaria colonial. En ese orden, los blancos podían estar exentos del trabajo manual y ejercían en exclusiva las funciones de dirección política y religiosa; los mestizos ocupaban oficios intermedios pero quedaban excluidos de la educación formal y las funciones públicas; los indios y los negros se dedicaban exclusivamente al trabajo manual.
Contra ese fondo destaca lo ocurrido en Esmeraldas: allí surgió una sociedad de negros libres y de mulatos o zambos que mantuvo una autonomía real frente a las autoridades coloniales. No fue una excepción menor ni breve.
Cómo se formó
El origen de estas comunidades está en naufragios. Barcos negreros y embarcaciones que costeaban el Pacífico encallaron en el litoral esmeraldeño, y los africanos que sobrevivían quedaban libres de hecho en un territorio que los españoles apenas conocían.
Lo que vino después fue una construcción política deliberada. Los hombres africanos formaron uniones con mujeres indígenas de la región, y su descendencia fue designada por los españoles primero como mulata y, desde la década de 1590, como zamba. Sobre esa base se levantaron dos cacicazgos dirigidos por afrodescendientes: el de Francisco de Arobe y el de Alonso de Illescas.
La clave de su supervivencia fue la alianza. Estos cacicazgos se consolidaron ganando la amistad de los pueblos indígenas y pactando con ellos alianzas estratégicas con un propósito explícito: conservar la autonomía y la libertad del territorio frente a la Corona española.
La geografía hizo el resto. Bosques densos, manglares y ríos difíciles de remontar, sumados a la resistencia prolongada de los campaces al sur de la bahía de San Mateo, permitieron que la comunidad cimarrona sobreviviera durante generaciones. Illescas tuvo además que imponerse sobre otro grupo de cimarrones, los mangaches, formado tras un naufragio posterior: la autonomía también se disputó internamente.
Desde la década de 1570, la comunidad de Illescas comerciaba con barcos españoles que hacían escala periódicamente en la costa. No era un territorio aislado, sino uno que negociaba en sus propios términos.
Por qué la Corona transigió
El intento de controlar la región tuvo un protagonista principal: Juan del Barrio de Sepúlveda, oidor de la Real Audiencia de Quito. Su estrategia no fue militar sino diplomática, y la razón es reveladora del límite real del poder colonial.
Según su propio informe al rey, ofreció a los Arobe regalos, vino, armas y ricas vestimentas, más un indulto general y el reconocimiento oficial del gobierno cimarrón. A cambio pedía obediencia al rey de España y la protección de aquellas costas frente a piratas, porque la Monarquía no contaba allí con guarnición ni presidios adecuados.
Conviene subrayar lo que eso significa. La Corona reconoció oficialmente un gobierno formado por personas que habían escapado de la esclavitud, y les encomendó la defensa de un tramo de su propio litoral, porque no tenía medios para ocuparlo. El mismo cálculo que llevaba a fortificar Guayaquil contra los piratas operó aquí en forma de pacto.
El acuerdo se selló en Quito. El 6 de julio de 1600, los hijos de Alonso de Illescas, Sebastián y Antonio, junto con parientes e indios de sus parcialidades, partieron hacia la capital de la Audiencia.
El cuadro de 1599
Del encuentro entre Del Barrio y los Arobe quedó un testimonio excepcional. El oidor encargó a un joven pintor quiteño, Andrés Sánchez Gallque, un lienzo que retratara a los tres visitantes; el artista tomó probablemente apuntes del natural durante la entrevista en la Audiencia.
El resultado es la pintura firmada y fechada más antigua de la Sudamérica colonial, y el primer retrato conocido de personas de origen africano en el continente. Su autor era mestizo o indígena, formado en el Colegio de San Andrés -en el que ingresó hacia 1587- y perteneciente a la tradición de la Escuela Quiteña, y eligió firmar como pintor andino.
La obra retrata a don Francisco de Arobe en el centro y a sus hijos Pedro y Domingo a los lados, vestidos con las mejores ropas de la época -que el propio Del Barrio les había regalado-, con ornamentos de oro y con los sombreros en la mano.
Cómo leer esa imagen
Aquí conviene una advertencia de método. El cuadro no es un documento neutral: fue encargado y pagado por una de las partes, y para un destinatario preciso. Una cartela lo dice sin rodeos: «Para Felipe III, Rey Católico de España y de las Indias, el doctor Juan del Barrio de Sepúlveda, oidor de la Real Audiencia de Quito, lo mandó hacer a sus expensas, Año 1599».
Es decir: forma parte de la relación de méritos de un funcionario que quería demostrar ante el nuevo rey el éxito de su gestión. Los sombreros en la mano son un gesto de sumisión, y el lujo de las ropas -regaladas para la ocasión- subraya la generosidad del donante tanto como la dignidad de los retratados.
Pero la imagen también dice lo contrario de lo que pretendía. Que la Audiencia necesitara retratar a estos hombres como súbditos, en lugar de simplemente someterlos, prueba que no podía someterlos. El cuadro celebra una pacificación que fue, en realidad, una negociación entre partes que se necesitaban.
El lienzo ha sido objeto de un estudio técnico, radiográfico e histórico publicado por Andrés Gutiérrez Usillos en los Anales del Museo de América en 2012, que documentó el contexto, el motivo y las circunstancias de su realización.
Un mosaico lingüístico
La costa norte no era un territorio vacío antes de la llegada de los africanos. La investigación lingüística ha identificado allí dos entidades claramente diferenciadas.
La primera es la lengua esmeraldeña, sin clasificación conocida, cuya área principal seguía el curso inferior del río Esmeraldas, desde la bahía de San Mateo hacia el suroeste por Atacames y hasta la ensenada de Mompiche, adentrándose en las sierras de Mache y Chindul, históricamente conocidas como Sierra de Campaz. La hablaban caraques y esmeraldeños, y también dobes, beliquiamas y tácames.
La segunda es un continuo de variedades de la familia barbacoana, a la que pertenecen hoy el tsa’fiki, el cha’palaa y el awapit, extendido por las cuencas de los ríos Cayapas y Santiago y por el piedemonte occidental de los Andes.
Los cimarrones se insertaron, por tanto, en un mosaico étnico y lingüístico preexistente, y su éxito dependió de saber negociar dentro de él.
Cronología
| Mediados del siglo XVI | Naufragios en la costa de Esmeraldas; africanos quedan libres de hecho. |
| Década de 1570 | La comunidad de Illescas comercia con barcos españoles que hacen escala. |
| Década de 1590 | Las fuentes españolas pasan de llamarlos «mulatos» a «zambos». |
| 1587 | Andrés Sánchez Gallque ingresa al Colegio de San Andrés de Quito. |
| 1599 | Pacto ante el oidor Juan del Barrio de Sepúlveda; Sánchez Gallque pinta el lienzo. |
| 6 de julio de 1600 | Los hijos de Alonso de Illescas parten hacia Quito. |
| Después de 1606 | Muere Francisco de Arobe. |
| Siglos XVII-XVIII | Persistencia de la autonomía de la población negra de Esmeraldas. |
| 2019 | El cuadro regresa temporalmente a Quito, 420 años después de pintarse. |
Conclusión
La historia de Esmeraldas colonial obliga a corregir dos ideas extendidas. La primera, que la población africana en América solo aparece como fuerza de trabajo esclavizada: aquí aparece gobernando un territorio, negociando con la Audiencia y siendo reconocida oficialmente por la Corona. La segunda, que el dominio colonial fue completo: durante más de dos siglos hubo en la propia Audiencia de Quito una región que España nunca ocupó realmente.
La clave de esa autonomía no fue la fuerza sino la alianza. Los cacicazgos afrodescendientes sobrevivieron porque supieron pactar con los pueblos indígenas de la región, y después con la propia Corona, en unos términos que preservaban su libertad a cambio de una obediencia formal.
Y queda el cuadro, que es en sí mismo una lección sobre cómo se leen las fuentes. Fue pintado para demostrar sumisión y demuestra lo contrario: que la Audiencia tuvo que vestir de seda y oro a tres hombres libres para poder presentarlos ante su rey como súbditos.
Fuentes y bibliografía
- Rueda Novoa, Rocío. Zambaje y autonomía. Historia de la gente negra de la provincia de Esmeraldas, siglos XVI-XVIII. Municipalidad de Esmeraldas / Tehis, Quito, 2001.
- Ayala Mora, Enrique. Resumen de Historia del Ecuador. Corporación Editora Nacional, Quito.
- Gutiérrez Usillos, Andrés. «Nuevas aportaciones en torno al lienzo titulado Los mulatos de Esmeraldas. Estudio técnico, radiográfico e histórico», Anales del Museo de América 20, 2012, pp. 7-64.
- Tardieu, Jean-Pierre. El negro en la Real Audiencia de Quito, 2006.
- Gómez Rendón, Jorge. «Deslindes lingüísticos en las tierras bajas del Pacífico ecuatoriano», Antropología. Cuadernos de Investigación, PUCE, 2010-2021.
- Seler, Eduard. «Die Sprache der Indianer von Esmeraldas», en Gesammelte Abhandlungen, vol. 1, Berlín, 1902.
- Cabello Balboa, Miguel. Verdadera descripción y relación de la provincia y tierras de las Esmeraldas, 1583.
- Lane, Kris. Quito 1599: City and Colony in Transition. University of New Mexico Press, 2002.
Fuentes primarias
El lienzo Los mulatos de Esmeraldas de Andrés Sánchez Gallque (1599), con su cartela dedicatoria a Felipe III, es a la vez fuente y objeto de estudio; se conserva en el Museo del Prado, en depósito en el Museo de América de Madrid. Los informes de Juan del Barrio de Sepúlveda al rey documentan las condiciones ofrecidas a los cacicazgos cimarrones y los motivos de la Corona para pactar. La Verdadera descripción y relación de la provincia y tierras de las Esmeraldas de Miguel Cabello Balboa (1583) es la descripción colonial temprana de la región y de sus habitantes.
Ver también
- La Escuela Quiteña
- Guayaquil colonial: astilleros, piratas y cacao
- Cultura La Tolita
- Conquista y Colonia
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