Los últimos gobiernos realistas de Quito (1812-1820)

Los gobiernos realistas de Quito (1812-1820): represión y pacificación, y la tragedia de Claudina Montes, cuyo padre mandó fusilar al hombre que amaba.

Actualizado el 12 de septiembre de 2026

Introducción

Este sitio ya ha documentado la caída del Estado de Quito en la Batalla de Ibarra, el 1 de diciembre de 1812, y la victoria patriota casi una década después en Pichincha. Entre esos dos extremos transcurrió casi una década de gobierno colonial restaurado, un período que la historiografía suele tratar como un simple paréntesis entre dos momentos más dramáticos de la independencia, pero que tuvo su propia lógica interna, sus propios protagonistas, y hasta su propia tragedia romántica.

Cuatro gobernadores se sucedieron al frente de la Real Audiencia restaurada: Toribio Montes, Juan Ramírez, Melchor Aymerich —de forma interina— y finalmente Juan de la Cruz Mourgeón, antes de que Aymerich retomara el cargo justo a tiempo para enfrentar a Sucre en Pichincha.

Este artículo recorre la toma de Quito por Toribio Montes, su política de represión seguida de pacificación calculada, la trágica historia de su propia hija, y la sucesión de gobernadores que administraron la Audiencia hasta su caída definitiva en 1822.

Ficha técnica

PeríodoNoviembre de 1812 a mayo de 1822
Toma de Quito por las tropas realistas8 de noviembre de 1812, tras la Batalla del Panecillo
Primer gobernador restauradoMariscal de campo Toribio Montes, 1812-1817
Gobernadores sucesivosJuan Ramírez (1817-1819), Melchor Aymerich interino (1819-1821), Juan de la Cruz Mourgeón (1821-1822), Aymerich nuevamente hasta Pichincha
Lista de represaliados72 nombres publicados por Montes el 19 de noviembre de 1812 como «insurgentes que merecen ser decapitados»
Episodio personal más citadoEl fusilamiento de Alejandro Macaulay en Pasto, el 26 de enero de 1813, ordenado por el propio Toribio Montes al descubrir su romance con su hija Claudina
Fuentes principalesLandázuri Camacho, Antecedentes de la revolución quiteña; Vásquez, El trasfondo de la revolución quiteña; Bastidas Urresty, La Vendée Americana I: las guerras de Pasto
Última revisiónSeptiembre de 2026

La toma de Quito y la represión inicial

Toribio Montes llegó a Guayaquil el 21 de junio de 1812 con un ejército de más de 2.600 hombres, formado con tropas del Perú, Panamá y las milicias de Guayaquil y Cuenca, y avanzó sobre Quito derrotando a los insurgentes en una serie de combates hasta llegar, el 7 de noviembre, a la Batalla del Panecillo. Tras diez horas de combate, con la ciudad defendida por comerciantes, religiosos, ancianos, mujeres y niños movilizados por el obispo-presidente Cuero y Caicedo, ya documentado en este sitio, las tropas realistas tomaron la colina y, al día siguiente, entraron a una Quito desolada, cuyos habitantes principales habían huido hacia el norte.

Montes inició su gobierno con una represión severa: persecuciones, confiscación de bienes, destierros y ejecuciones. El 19 de noviembre publicó una lista de setenta y dos personas —civiles, militares, religiosos y mujeres— que, según su propio criterio, merecían ser decapitadas por su participación en la insurgencia.

El Panecillo, la colina en el centro de Quito donde se libró la batalla decisiva del 7 de noviembre de 1812 entre las tropas de Toribio Montes y los defensores del Estado de Quito
El Panecillo, Quito. Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).

La tragedia de Claudina Montes

En medio de esa represión, ocurrió un episodio que la propia historiografía sobre las guerras de Pasto describe con detalles casi novelescos. Entre los prisioneros insurgentes capturados en el frente de Pasto se encontraba Alejandro Macaulay, un joven al servicio de la causa patriota que mantenía correspondencia amorosa con Claudina Montes, hija del propio presidente de la Audiencia, a quien había conocido durante una travesía marítima por las Antillas.

Toribio Montes desaprobaba esa relación, pues tenía otros proyectos matrimoniales para su hija, y la insistencia de Macaulay en dirigirse hacia Quito, pasando por encima de los pactos de capitulación acordados con las autoridades de Pasto, terminó de sellar su suerte. El 26 de enero de 1813, en la plaza mayor de Pasto, Macaulay fue fusilado junto a otros prisioneros, entre ellos el prócer neogranadino Joaquín Caicedo y Cuero, presidente del Cauca, en una ejecución pública presenciada por un numeroso público. Según la tradición recogida por los historiadores de la región, Claudina Montes, al conocer la muerte de Macaulay a manos de su propio padre, cayó enferma y murió poco después de pena de amor.

Catedral de San Juan Bautista, en Pasto, ciudad donde fue fusilado Alejandro Macaulay en 1813
Catedral de Pasto. Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0).

Del «palo» a la «zanahoria»: la pacificación de Montes

Pese a ese comienzo severo, la investigación histórica reciente sobre el gobierno de Montes destaca un giro posterior hacia un modelo de pacificación no punitiva, basado en el perdón, el olvido y la reconciliación, que lo distinguió de otros mandatarios realistas contemporáneos, como Juan Sámano o José Tomás Boves, cuya brutalidad en Venezuela y Nueva Granada llevaría a Simón Bolívar a proclamar su célebre decreto de Guerra a Muerte en 1813. Esa combinación de mano dura inicial y conciliación posterior ha sido descrita por los historiadores como una política de «palo y zanahoria».

Durante su gobierno, hubo al menos dos intentos serios de reencender la revolución: un plan de alzamiento generalizado entre Riobamba y Pasto en 1815, denunciado antes de poder ejecutarse, y en 1816 el ataque a Guayaquil de una expedición naval al mando del comodoro Guillermo Brown, al servicio del gobierno independiente de Buenos Aires, que fracasó al ser confundido con un simple ataque de corsarios.

Los últimos gobiernos realistas de Quito, hasta Pichincha

En 1817, el teniente general Juan Ramírez sucedió a Montes en la presidencia de la Audiencia. Bajo su gobierno se descubrió, en 1818, un nuevo complot para asesinar a los españoles durante el Jueves Santo, organizado por el doctor Antonio Ante, quien fue apresado y desterrado al presidio español de Ceuta, en el norte de África, donde permaneció varios años.

Ramírez debió asumir el mando del ejército realista en el Alto Perú en 1819, por lo que la presidencia recayó interinamente en el general Melchor Aymerich, gobernador de Cuenca, hasta 1821. Ese año llegó el nuevo mandatario designado, Juan de la Cruz Mourgeón, quien había sido nombrado virrey de Nueva Granada bajo la condición de reconquistar al menos dos terceras partes del virreinato; pero Mourgeón llegó enfermo a Quito y murió en abril de 1822, por lo que Aymerich volvió a hacerse cargo de la presidencia. Fue a él a quien correspondió, apenas unas semanas después, enfrentar a Antonio José de Sucre en la Batalla de Pichincha.

Cronología

21 de junio de 1812Toribio Montes llega a Guayaquil al frente del ejército realista.
7 de noviembre de 1812Batalla del Panecillo.
8 de noviembre de 1812Las tropas realistas toman Quito.
19 de noviembre de 1812Montes publica la lista de setenta y dos insurgentes destinados a ser decapitados.
26 de enero de 1813Alejandro Macaulay es fusilado en Pasto por orden de Toribio Montes.
1815Se descubre un plan de alzamiento entre Riobamba y Pasto.
1816Fracasa el ataque naval de Guillermo Brown contra Guayaquil.
1817Juan Ramírez sucede a Montes en la presidencia.
1818Se descubre el complot de Antonio Ante, quien es desterrado a Ceuta.
1819-1821Melchor Aymerich ejerce la presidencia de forma interina.
1821-1822Juan de la Cruz Mourgeón asume como presidente y muere en el cargo.
24 de mayo de 1822Aymerich, nuevamente presidente, es derrotado por Sucre en la Batalla de Pichincha.

Conclusión

Los últimos gobiernos realistas de Quito no fueron un simple compás de espera entre dos momentos heroicos de la independencia, sino un período con su propia dinámica de represión calculada, intentos frustrados de revolución, y hasta una tragedia personal que reveló el costo humano de la guerra hasta en la propia familia de quien la administraba. La historia de Claudina Montes y Alejandro Macaulay, con su desenlace casi de tragedia clásica, es quizás el recordatorio más elocuente de que, incluso en los despachos del poder colonial, la guerra no distinguía entre enemigos políticos y afectos personales.

Que fuera precisamente el propio Toribio Montes, el gobernante recordado por su severidad inicial, quien terminara siendo descrito por la historiografía como pionero de una pacificación basada en el perdón, resume bien la ambigüedad de un período que la historia oficial rara vez se detiene a examinar con el detalle que merece.

Fuentes y bibliografía

  • Landázuri Camacho, Cristóbal. Antecedentes de la revolución quiteña, Congreso de Historia.
  • Vásquez. El trasfondo de la revolución quiteña, tesis de maestría.
  • Bastidas Urresty, Edgar. La Vendée Americana I: las guerras de Pasto.
  • Naranjo Robles, Heidi Yazmín. «Alcances y límites de la pacificación de la Audiencia de Quito durante la presidencia del general Toribio Montes (1812-1817)», tesis de maestría, FLACSO Ecuador, 2022.
  • Gutiérrez Ardila, Daniel. «La trayectoria política de Toribio Montes en América, 1804-1818», Trashumante: Revista Americana de Historia Social, n.º 16, 2020.

Fuentes primarias

El oficio de Toribio Montes al virrey de Santafé del 6 de abril de 1813, citado por Pedro Fermín Cevallos en su Resumen de la Historia del Ecuador, documenta de manera directa la composición exacta del ejército realista que tomó Quito. El informe del procurador general de Quito sobre la conducta de Montes, fechado el 5 de enero de 1813 y conservado en la Biblioteca Aurelio Espinosa Pólit, describe de primera mano los hechos de la Batalla del Panecillo. El relato recogido por los historiadores de las guerras de Pasto sobre la correspondencia amorosa entre Macaulay y Claudina Montes constituye la fuente central sobre ese episodio.

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Sobre quien escribe

Jefferson

Soy docente en Ciencias de la Educación, con mención en Ciencias Sociales, y ejerzo la docencia desde 2020 tanto en el sector público como privado. La historia universal ha sido una pasión constante en mi vida, y de ahí nació la inquietud detrás de este proyecto: en años de investigar y recopilar información sobre la historiografía de mi país, me encontré una y otra vez con datos dispersos, imprecisos o directamente erróneos circulando en la red.

Ecuador en la Historia nace de esa necesidad —reunir en un solo espacio una historiografía rigurosa, verificable y bien fundamentada— y también de dos pasiones que confluyen aquí: mi fascinación por un pasado que encuentro tan misterioso y mitológico como desafiante, y mi interés por el futuro: la tecnología y las nuevas metodologías para investigar, organizar y compartir el conocimiento histórico.

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