Zaruma: la mina que sobrevivió cuando el oro de la Amazonía desapareció

Mientras las ciudades mineras de la frontera amazónica eran arrasadas por los jíbaros a fines del siglo XVI, Zaruma sobrevivió y siguió produciendo oro durante toda la Colonia. Su historia revela también el conflicto entre minería y mano de obra indígena.

Actualizado el 30 de agosto de 2026Publicado el 29 de agosto de 2026

Introducción

A fines del siglo XVI, tres ciudades mineras españolas —Zamora, Logroño y Sevilla del Oro— prosperaban brevemente al otro lado de la cordillera oriental de los Andes, sostenidas por vetas de oro de una riqueza que los cronistas describían con asombro. Ninguna sobrevivió medio siglo: los pueblos jíbaros, hartos del trabajo forzado, las destruyeron una tras otra, y con ellas desapareció buena parte de la minería amazónica de la Audiencia de Quito.

A cientos de kilómetros al sur, en un terreno más accesible, otra villa minera corrió mejor suerte. Fundada en 1595, Zaruma sobrevivió a los mismos siglos que arrasaron a sus vecinas amazónicas, y se convirtió en el centro aurífero más persistente de toda la Audiencia, con una anécdota real de por medio: una pepa de oro de tres libras que ablandó, literalmente, el apetito fiscal de la Corona.

Este artículo recorre la breve y violenta historia de las minas amazónicas, la supervivencia de Zaruma, y el conflicto permanente entre la extracción de oro y la mano de obra indígena y esclava que ningún funcionario colonial logró resolver por completo.

Ficha técnica

Fundación de Zaruma8 de diciembre de 1595, por el capitán Damián Meneses
Nombre oficialVilla de San Antonio del Cerro de Oro de Zaruma
Ciudades mineras amazónicas destruidasZamora, Logroño y Sevilla del Oro, todas antes de finales del siglo XVI
Grupo indígena responsable de esas destruccionesLos pueblos jíbaros
Mina emblemática de ZarumaEl Sexmo
Anécdota fundacional del nombreTradición popular sobre una pepa de oro de tres libras enviada a Felipe II; no confirmada por fuentes primarias
Fuentes principalesCueva, «Notas sobre la economía en la época Colonial», Ecuador Debate n.º 123; Herrera y Carrión Mero, «La ruta del oro en el Ecuador»
Última revisiónAgosto de 2026

Zamora, Logroño y Sevilla del Oro: el oro que desapareció

Las primeras grandes minas de oro trabajadas en la Colonia se ubicaron en Zamora, Logroño y Sevilla del Oro, todas al otro lado de la cordillera oriental. Zamora prosperó especialmente gracias a vetas de una riqueza excepcional, con granos de oro de un tamaño descrito como extraordinario; desde sus primeros años se introdujeron esclavos negros para trabajar en sus minas.

Ninguna de las tres ciudades logró sostenerse. Fundadas en lugares alejados del centro colonial, rodeadas de caminos escarpados y de los pueblos jíbaros —descritos por los cronistas de la época como indómitos e implacables—, las tres cayeron bajo levantamientos indígenas antes de que transcurriera medio siglo desde su fundación. Para cuando el visitador Marañón recorrió la región, incluso la casa de fundición de la zona permanecía cerrada por falta de metal que procesar.

Iglesia en el centro histórico de Zaruma, la villa minera fundada en 1595 en el sur de la Audiencia de Quito
El centro histórico de Zaruma. Wikimedia Commons (CC BY 2.0).

Zaruma: la mina que sobrevivió

A diferencia de sus vecinas amazónicas, Zaruma se ubicaba en un terreno más accesible, en el sur de la actual provincia de El Oro. Fundada formalmente el 8 de diciembre de 1595 por el capitán Damián Meneses, la villa recibió en 1593 el título real de «Villa de San Antonio del Cerro de Oro de Zaruma», otorgado por Felipe II.

La propia cédula real de Felipe II, fechada el 17 de octubre de 1593, ordenaba que los españoles dispersos en el cerro y las minas de oro de Zaruma se reunieran en un solo asentamiento, para que pudiera administrárseles los sacramentos y gobernarse «con pulicia y en forma de República». Sobre el nombre de la mina más conocida del distrito, El Sexmo, circula además una tradición popular —no respaldada por las fuentes primarias consultadas para este artículo— según la cual una pepa de oro de tres libras enviada como obsequio al rey lo habría llevado a reducir el tributo de esa mina del quinto al sexto. Se incluye aquí como la tradición que es, no como un hecho documentado.

El conflicto entre minería y agricultura

La supervivencia de Zaruma no significó que su explotación fuera sencilla. Desde el siglo XVI, los cabildos de Cuenca y Loja protestaron de manera constante contra el envío de trabajadores indígenas a las minas, porque la mita minera dejaba a esas ciudades sin brazos suficientes para la agricultura y la construcción. En 1549 se intentó regular el problema disponiendo que los indígenas trabajaran solo en minas de tierra fría, y que las de tierra caliente, como Zaruma, se sirvieran de trabajadores procedentes de la costa. La disposición nunca resolvió el problema por completo: los indígenas de Zaruma eran poco numerosos, y trasladar trabajadores costeños generaba sus propias dificultades.

El propio historiador Federico González Suárez documentó la magnitud del problema: la mita hacia las minas se convirtió, en sus propias palabras, en una auténtica sentencia de muerte para los indígenas, y los pueblos quedaron desolados por la falta de trabajadores tanto para la minería como para la agricultura de la que dependía la subsistencia de toda la región.

Casa de arquitectura colonial en la parroquia de Huertas, cerca de Zaruma, provincia de El Oro
Arquitectura colonial cerca de Zaruma. Wikimedia Commons (dominio público).

La cuestión de la mano de obra: indios, negros y vagabundos

La Corona exploró alternativas a la mano de obra indígena para las minas de Zaruma, y todas fracasaron. Entre 1592 y 1593 se propuso enviar quinientos esclavos africanos, un tercio de ellos mujeres, explícitamente para evitar matrimonios entre esclavizados e indígenas. La propia justificación oficial del proyecto era escalofriante: los negros y mestizos, señalaba el informe, con muy poca ocasión llegaban a matar a golpes a los indígenas, que los temían más que a nadie.

Décadas después, el Consejo de Indias volvió a examinar la posibilidad de emplear esclavos africanos en las minas, y la descartó de nuevo: el clima de las regiones mineras no les convenía, y además resultaría imposible vigilar el trato que dieran a los indígenas con el mismo cuidado que en una hacienda agrícola. Un último intento, poblar la villa con dos o tres mil «peinadillos» —vagabundos sin ocupación fija, tratados legalmente como bienes sin dueño— tampoco prosperó: nunca se logró reclutarlos en número suficiente.

Un sistema que nunca se resolvió por completo

Durante los siglos XVI y XVII, la Corona dictó una verdadera legislación laboral para las minas: aumentos salariales, servicios de salud, la exigencia de construir puentes seguros para que los indígenas no se ahogaran al cruzar los ríos hacia los yacimientos. Los dueños de minas se resistieron sistemáticamente a cumplir estas disposiciones, en especial las que implicaban inversión de capital propio.

Pese a todas esas tensiones sin resolver, la producción de oro de Zaruma, junto a la de Zamora y Portovelo, se mantenía todavía alta durante el primer tercio del siglo XVII, sosteniendo buena parte de la economía del sur de la Audiencia de Quito en un momento en que las minas amazónicas ya eran solo un recuerdo.

Cronología

Antes de la conquistaExplotación de oro en Zaruma documentada desde época preincaica.
1549Se regula, sin éxito duradero, la distribución de trabajadores indígenas entre minas de tierra fría y caliente.
Antes de fines del siglo XVIFundación y posterior destrucción de Zamora, Logroño y Sevilla del Oro por levantamientos jíbaros.
1592-1593Se propone, sin éxito, enviar quinientos esclavos africanos a las minas de Zaruma.
17 de octubre de 1593Real cédula de Felipe II que ordena reunir a los españoles dispersos de Zaruma en un asentamiento único y ordenado.
8 de diciembre de 1595Fundación formal de Zaruma por el capitán Damián Meneses.
Primer tercio del siglo XVIILa producción de oro de Zaruma, Zamora y Portovelo se mantiene alta.
1700-1800Período de abandono relativo de las minas de Zaruma.
1876El geólogo Teodoro Wolf confirma el alto contenido de oro y plata en el cuarzo de la zona.

Conclusión

La historia minera del sur de la Audiencia de Quito es, en el fondo, una historia de dos destinos opuestos. Las ciudades amazónicas de Zamora, Logroño y Sevilla del Oro prometían una riqueza extraordinaria, y desaparecieron en apenas dos generaciones, derrotadas por la resistencia de los pueblos jíbaros. Zaruma, más accesible y mejor conectada, sobrevivió a los mismos siglos, aunque nunca logró resolver por completo la tensión entre la extracción de metal y el costo humano que esa extracción exigía.

Esa tensión —entre la codicia colonial y los cuerpos que debían satisfacerla, entre la minería y la agricultura que competían por las mismas manos— define, quizás mejor que cualquier otra actividad económica de la Colonia, el precio real que pagó la población indígena por sostener la riqueza que salía de estas montañas hacia España.

Fuentes y bibliografía

  • Cueva, Agustín. «Notas sobre la economía en la época Colonial», Ecuador Debate, n.º 123, pp. 59-73.
  • Herrera, Gricelda, y Paúl Carrión Mero. «La ruta del oro en el Ecuador», Revista Tecnológica, vol. 17, pp. 170-177.
  • Toro, Luis Alberto. Recopilación de cédulas reales sobre poblamiento y minas de la Audiencia de Quito, 1981.
  • González Suárez, Federico. Historia general de la República del Ecuador, 1892.
  • Anda Aguirre, Alfonso. Estudio sobre la minería de Zaruma, 1960.
  • Pérez, Aquiles. Estudio sobre la mano de obra indígena colonial, 1947.

Fuentes primarias

El manuscrito de 1614 del fraile español Antonio Vásquez, que describe a Zaruma como «asiento de minas de oro riquísimo» con treinta y seis ingenios para moler el metal, es la fuente primaria más temprana y directa sobre la escala de la explotación minera de la villa. Los informes remitidos a la Corona entre 1592 y 1593 sobre el envío de esclavos africanos a Zaruma, y las disposiciones reales de 1549 sobre la distribución de trabajadores indígenas, documentan de manera directa el conflicto de mano de obra descrito en este artículo.

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Sobre quien escribe

Jefferson

Soy docente en Ciencias de la Educación, con mención en Ciencias Sociales, y ejerzo la docencia desde 2020 tanto en el sector público como privado. La historia universal ha sido una pasión constante en mi vida, y de ahí nació la inquietud detrás de este proyecto: en años de investigar y recopilar información sobre la historiografía de mi país, me encontré una y otra vez con datos dispersos, imprecisos o directamente erróneos circulando en la red.

Ecuador en la Historia nace de esa necesidad —reunir en un solo espacio una historiografía rigurosa, verificable y bien fundamentada— y también de dos pasiones que confluyen aquí: mi fascinación por un pasado que encuentro tan misterioso y mitológico como desafiante, y mi interés por el futuro: la tecnología y las nuevas metodologías para investigar, organizar y compartir el conocimiento histórico.

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