Actualizado el 26 de septiembre de 2026Publicado el 23 de agosto de 2026
Introducción
La Batalla de Pichincha, el 24 de mayo de 1822, suele presentarse como el punto final de la independencia en el actual territorio ecuatoriano. La región de Pasto, al norte, desmiente esa lectura: durante los catorce meses siguientes, sus habitantes se levantaron dos veces contra la República, y la segunda rebelión llegó a derrotar a un ejército republicano completo antes de que el propio Simón Bolívar tuviera que enfrentarla en persona.
Esa campaña, que enlaza el triunfo de Pichincha con la consolidación definitiva del Distrito del Sur, involucró represiones brutales, motines de tropas reclutadas a la fuerza, y una masacre accidental en las calles de Quito. Ninguno de esos episodios suele aparecer en los relatos habituales de la independencia.
Este artículo recorre las dos rebeliones pastusas, la Batalla de Ibarra —la única que Bolívar comandó personalmente en suelo del actual Ecuador—, y el costo humano que tuvo, tanto en el frente como en la retaguardia, la pacificación final de la región.
Índice de contenidos
Ficha técnica
| Período | Octubre de 1822 a junio de 1824 |
| Primera rebelión | Liderada por el teniente coronel español Benito Boves, derrotada por Antonio José de Sucre en el río Guáitara, 23-24 de diciembre de 1822 |
| Segunda rebelión | Liderada por el teniente coronel Agustín Agualongo, de origen indígena |
| Victoria pastusa sobre Flores | 12 de junio de 1823 |
| Batalla decisiva | Ibarra, 17-18 de julio de 1823, comandada personalmente por Simón Bolívar |
| Captura y fusilamiento de Agualongo | Junio de 1824 |
| Fuentes principales | Cruz Galo, «1823. Año clave en la historia iberoamericana», Academia Nacional de Historia Militar del Ecuador; Landázuri Camacho, «Antecedentes» |
| Última revisión | Agosto de 2026 |
La campaña de Pasto: un triunfo incompleto
La victoria de Pichincha tuvo un efecto regional inmediato, pero dejó pendientes aspectos importantes de consolidación militar y política. Los habitantes de la región de Pasto no aceptaban la separación de España, y manifestaban de forma resuelta y violenta su rechazo tanto a Bogotá como a Quito.
A finales de 1822, el teniente coronel español Benito Boves, que había formado parte de las fuerzas realistas capituladas en Pichincha, se fugó de su confinamiento y organizó en el norte un grupo armado compuesto principalmente por pastusos. Boves derrotó al contingente del gobernador Antonio Obando y proclamó su lealtad incondicional a Fernando VII.

La primera rebelión: Benito Boves
Ante la gravedad de la insurrección, Bolívar, entonces en Quito, envió a pacificar Pasto al general Antonio José de Sucre, al mando de tropas veteranas. Boves se había desplegado con aproximadamente mil quinientos hombres en una posición geográficamente ventajosa, en las alturas que bordean el río Guáitara.
Los días 23 y 24 de diciembre de 1822, Sucre derrotó por completo a las fuerzas pastusas: murieron más de trescientos hombres, y los sobrevivientes huyeron hacia las montañas de Sibundoy, en dirección a la Amazonía. La represión que siguió fue severa: Bolívar impuso una contribución forzada de treinta mil pesos, ordenó el reclutamiento de todos los hombres hábiles para las armas, y dispuso la confiscación de los bienes de quienes habían participado en la rebelión.
El propio historiador José Manuel Restrepo describió el efecto de esas medidas: dejaron en el corazón de los pastusos un resentimiento profundo y duradero. Esa observación resultaría profética.
La segunda rebelión: Agustín Agualongo
En junio de 1823 estalló un nuevo levantamiento, esta vez encabezado por el teniente coronel Agustín Agualongo, de origen indígena, que llevaba luchando por el rey desde 1811. A diferencia del de Boves, este movimiento logró un carácter genuinamente popular: contó con el apoyo tanto de los indígenas serranos como de la población negra costeña.
El 12 de junio, cerca de ochocientos hombres de Agualongo —la mayoría campesinos indígenas armados apenas con doscientos fusiles, machetes, lanzas y palos— se enfrentaron a las fuerzas grancolombianas del coronel Juan José Flores, seiscientos hombres bien armados y equipados. La victoria pastusa fue, en palabras de los historiadores, tan impensada como contundente: las fuerzas republicanas dejaron ciento cincuenta muertos, trescientos prisioneros y casi quinientos fusiles perdidos.
Agualongo entró en Pasto, se proclamó comandante general en nombre de la monarquía española, y su ejército llegó a superar los mil doscientos hombres.

Bolívar en persona
La amenaza era seria: entre Quito y Pasto solo había ciento cincuenta soldados disponibles, y las comunicaciones con Bogotá quedaron cortadas. El 28 de junio, ya en Quito, Bolívar dirigió un mensaje dramático a la población, prometiendo que esa sería la última rebelión de Pasto.
Antes de la batalla, el Libertador exigió a la población de Ibarra un donativo forzoso de cuatro mil pesos para sostener al ejército, con la advertencia de que quienes se negaran a pagar serían apresados y sus bienes vendidos. Los días 17 y 18 de julio de 1823, el ejército al mando de Bolívar derrotó a las fuerzas de Agualongo en la Batalla de Ibarra: fue la única batalla que el Libertador comandó personalmente en el actual territorio ecuatoriano.
La derrota fue sangrienta: se estima que murieron unos ochocientos integrantes de las fuerzas pastusas. Aun así, la región no quedó pacificada: recién en junio de 1824, con la captura y el fusilamiento de Agustín Agualongo, se disiparon los temores de una nueva rebelión masiva.
El costo humano en la retaguardia
La campaña de Pasto no solo cobró víctimas en el frente. El 12 de abril de 1823, en Quito, tras la ejecución pública de cuatro hombres acusados de conspiración, las autoridades militares aprovecharon la multitud reunida para realizar un reclutamiento forzoso. El pánico resultante causó una estampida en la que murieron treinta y seis personas, entre hombres, mujeres y niños.
Un mes después, doscientos hombres reclutados a la fuerza en las costas de Esmeraldas, Tumaco, Barbacoas y el Chocó se amotinaron en un bergantín inglés que debía llevarlos hacia el Perú. Setenta de ellos lograron desembarcar armados en Atacames; Bolívar ordenó perseguirlos con instrucciones explícitas de fusilar a los rebeldes y desertores capturados.
Un eslabón con Berruecos
Hay una ironía histórica que merece señalarse. Las tropas de Sucre saquearon Pasto a finales de 1822, en la represión que siguió a la derrota de Boves. Menos de ocho años después, el propio Sucre sería asesinado en las montañas de Berruecos, a apenas treinta kilómetros de Pasto, el 4 de junio de 1830, tal como recoge el artículo dedicado a ese crimen en este mismo sitio. La región que sufrió su represión se convirtió, una generación después, en el escenario de su muerte.
Cronología
| 24 de mayo de 1822 | Batalla de Pichincha. |
| Finales de octubre de 1822 | Benito Boves encabeza el primer levantamiento pastuso. |
| 23-24 de diciembre de 1822 | Sucre derrota a Boves en el río Guáitara. |
| 12 de abril de 1823 | Estampida mortal en Quito durante un reclutamiento forzoso; mueren 36 personas. |
| 17 de mayo de 1823 | Motín de tropas reclutadas en la costa, embarcadas hacia el Perú. |
| 12 de junio de 1823 | Agustín Agualongo derrota a las fuerzas de Juan José Flores. |
| 28 de junio de 1823 | Bolívar dirige su mensaje a Quito prometiendo acabar con la rebelión pastusa. |
| 17-18 de julio de 1823 | Batalla de Ibarra, comandada personalmente por Bolívar. |
| Junio de 1824 | Captura y fusilamiento de Agustín Agualongo. |
Conclusión
La campaña de Pasto desmiente la imagen de una independencia que culminó limpiamente en Pichincha. Durante catorce meses después de esa batalla, la República tuvo que enfrentar dos levantamientos sucesivos, sufrir una derrota militar completa a manos de un ejército pastuso mal armado, y recurrir a la represión, el reclutamiento forzoso y la confiscación de bienes para sostener el control de un territorio que nunca aceptó plenamente el nuevo orden.
El precio de esa consolidación se pagó en ambos lados: en Pasto, con una resistencia castigada con dureza extrema; en Quito y en la costa, con motines, estampidas y reclutamientos que costaron vidas ajenas por completo al campo de batalla. La independencia, vista desde esta campaña, no fue un acontecimiento sino un proceso violento que se prolongó mucho después de la fecha que suele celebrarse como su final.
Fuentes y bibliografía
- Cruz Galo. «1823. Año clave en la historia iberoamericana», Academia Nacional de Historia Militar del Ecuador, Bicentenario de la Batalla de Ibarra.
- Landázuri Camacho, Carlos. «Antecedentes», en Nueva Historia del Ecuador, vol. 6.
- Restrepo, José Manuel. Historia de la Revolución de la República de Colombia, 1858.
- O’Leary, Daniel Florencio. Memorias del General O’Leary, 1883.
- Reyes, Óscar Efrén. Breve historia general del Ecuador, 2017.
- Ortiz, Sergio Elías. Agustín Agualongo y su tiempo. Academia Colombiana de Historia, Bogotá, 1958.
Fuentes primarias
Las Memorias del General O’Leary, edecán de Bolívar, publicadas en 1883, recogen de forma directa las órdenes, mensajes y correspondencia del Libertador durante la campaña, incluidas sus instrucciones sobre contribuciones forzosas y reclutamientos. Los partes de guerra del general Bartolomé Salom al Libertador documentan de primera mano la magnitud de la resistencia pastusa. La obra de José Manuel Restrepo, contemporáneo de los hechos, es la fuente narrativa más detallada sobre las medidas represivas posteriores a cada rebelión.
Ver también
- La Batalla de Pichincha y la independencia de Quito
- El Distrito del Sur en la Gran Colombia (1822-1830)
- El asesinato de Sucre en Berruecos (1830)
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Sobre quien escribe
Jefferson
Soy docente en Ciencias de la Educación, con mención en Ciencias Sociales, y ejerzo la docencia desde 2020 tanto en el sector público como privado. La historia universal ha sido una pasión constante en mi vida, y de ahí nació la inquietud detrás de este proyecto: en años de investigar y recopilar información sobre la historiografía de mi país, me encontré una y otra vez con datos dispersos, imprecisos o directamente erróneos circulando en la red.
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