El valle del Upano: la Amazonía ecuatoriana que ocultaba miles de montículos precolombinos

El valle del Upano, en la Amazonía ecuatoriana, escondía miles de montículos y una red vial precolombina que hoy revela una de las formas más antiguas de urbanismo amazónico.

Actualizado el 27 de septiembre de 2026

Introducción

Durante décadas, la imagen dominante de la Amazonía fue la de un bosque casi vacío, incapaz de sostener sociedades complejas por la pobreza de sus suelos. Esa idea, formulada con fuerza por la arqueóloga Betty Meggers a mediados del siglo XX, ha sido revisada a fondo en las últimas décadas, y el valle del Upano, en el sureste del Ecuador, es uno de los casos que más ha contribuido a esa revisión: una extensa red de montículos artificiales, calles y plazas construida por sociedades precolombinas mucho antes de que existiera cualquier ciudad andina comparable en la región.

El Upano se extiende en las estribaciones orientales de los Andes, en la actual provincia de Morona Santiago, entre el volcán Sangay y la ciudad de Macas. Allí, ocultos bajo la vegetación durante siglos, sobreviven miles de plataformas de tierra que en su momento sostuvieron viviendas, caminos y espacios ceremoniales de una sociedad organizada y numerosa, cuya existencia permaneció prácticamente desconocida para la ciencia hasta la segunda mitad del siglo XX.

Esta entrada recorre la historia de ese descubrimiento: desde las primeras exploraciones guiadas por referencias orales en los años setenta, pasando por las campañas arqueológicas que definieron su cronología, hasta el mapeo con tecnología LiDAR que multiplicó por decenas la cantidad de montículos conocidos y que llevó a hablar, por primera vez, de urbanismo temprano en la Amazonía ecuatoriana.

Ficha técnica

UbicaciónCuenca alta del río Upano, provincia de Morona Santiago, entre el volcán Sangay y la ciudad de Macas
Cronología de ocupaciónDesde aprox. 900 a.C. (fase Sangay) hasta 1200 d.C. (fase Huapula)
Descubrimiento1976-1978, por el padre Pedro Porras
Publicación pioneraPedro Porras, 1987: 180 montículos registrados en 26 subcomplejos
Mapeo LiDAR2015, Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC): más de 5.000 montículos en 300 km²
Investigadores clavePedro Porras, Stéphen Rostain, Ernesto Salazar, Janny Mauricio Velasco Albán

El valle del Upano: geografía entre los Andes y la Amazonía

El valle del Upano ocupa una posición particular en el mapa del Ecuador: es un piedemonte, la franja de transición entre la cordillera oriental de los Andes y las tierras bajas de la Amazonía. El río Upano nace en las faldas del volcán Sangay y desciende hacia el norte formando una llanura ondulada, cortada por barrancos, que los primeros pobladores aprovecharon para construir sus asentamientos sobre superficies elevadas y bien drenadas.

Volcán Sangay visto desde Macas, en la provincia de Morona Santiago
El volcán Sangay, visto desde Macas. Su actividad eruptiva marcó la historia de la región. Foto: Dabit100 / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).

Esta geografía volcánica y fluvial explica, en parte, por qué el valle permaneció al margen de la atención arqueológica durante tanto tiempo: la espesa cobertura vegetal ocultaba la magnitud de las modificaciones humanas del terreno, y el difícil acceso —sin carreteras hasta bien entrado el siglo XX— mantuvo la región prácticamente aislada de las rutas académicas habituales.

Pedro Porras y el descubrimiento de Huapula (1976-1978)

El primer relato sistemático del Upano se debe al padre josefino Pedro Porras, quien en 1978 realizó una incursión guiada por referencias orales y por vuelos de reconocimiento, en una época en que la provincia de Morona Santiago apenas contaba con infraestructura vial. Según sus propias palabras, «por un golpe de suerte, y por referencias del misionero salesiano P. Juan Botasso», Porras descubrió el sitio ceremonial de Huapula, el complejo que se convertiría en referencia obligada para todos los estudios posteriores.

En su obra de 1987 —pensada como el primero de varios volúmenes que nunca llegó a completar— Porras reportó 180 montículos distribuidos en 26 subcomplejos, agrupados en patrones de asentamiento que él describió como «4 y 4+1», interconectados por avenidas y calles definidas por zanjas excavadas en ángulos rectos. El propio Porras no dudó en calificar el conjunto como una auténtica «urbanización», una palabra audaz para la arqueología amazónica de su tiempo, cuando la región todavía se consideraba periférica frente a los grandes centros andinos y mesoamericanos.

Porras también realizó un detallado análisis cerámico siguiendo el método de seriación de James A. Ford, y definió veintiún tipos decorativos que agrupó en cuatro fases: Pre-Upano, y Upano I, II y III. Sus dataciones, aunque revisadas más tarde, ubicaron la ocupación más temprana del valle hacia el año 2750-2520 a.C. y el inicio de la construcción de montículos hacia el 400 a.C., una cronología que abrió, por primera vez, la pregunta de cuánto tiempo llevaba realmente poblada esta parte de la Amazonía.

Rostain, Salazar y la cronología del valle del Upano

Casi dos décadas después del trabajo pionero de Porras, el arqueólogo francés Stéphen Rostain y el ecuatoriano Ernesto Salazar retomaron la investigación del Upano con el Proyecto Arqueológico Sangay-Upano, iniciado en 1995. Su trabajo amplió de forma considerable los alcances de Porras: aumentaron el número de montículos detectados mediante prospecciones a pie, refinaron la secuencia cronológica y realizaron excavaciones estratigráficas por sondeo y decapado en área, concentradas principalmente en el sitio de Huapula.

A partir de esas excavaciones, Rostain y Salazar propusieron una cronología cerámica en cuatro fases que sigue siendo la referencia del valle: la fase Sangay, entre 900 y 500 a.C., correspondiente a la ocupación pre-monticular; la fase Upano, entre 500 y 200 a.C., que marca el inicio de la construcción sistemática de montículos; la fase Huapula, entre 700 y 1200 d.C., el momento de mayor densidad de ocupación; y la fase Jívaro, desde 1500 d.C. hasta la actualidad, ya asociada a los grupos indígenas que hoy habitan la región.

El Proyecto Sangay-Upano concluyó en 1998 con la publicación de sus últimos informes. Sus resultados confirmaron que los montículos artificiales se extendían por ambos márgenes del río Upano, en un área considerablemente mayor a la conocida hasta entonces, y sentaron las bases metodológicas que más de una década después permitirían aprovechar plenamente una nueva tecnología: el escaneo remoto por láser conocido como LiDAR.

El mapeo LiDAR de 2015: miles de montículos y el hallazgo de Kunguints

En 2015, el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC), con financiamiento de la Secretaría Nacional de Educación Superior, Ciencia y Tecnología, emprendió el levantamiento de 300 km² al norte de Macas mediante tecnología LiDAR —Light Detection and Ranging—, un método de detección remota que utiliza pulsos de luz láser para generar modelos digitales del terreno capaces de «ver» a través de la cobertura vegetal. El resultado superó todas las expectativas previas sobre la densidad de ocupación del valle.

Mapa de la provincia de Morona Santiago, donde se ubica el valle del Upano
La provincia de Morona Santiago, donde se ubica el Upano. Mapa: Jequetepeque / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).

Según las socializaciones realizadas por el INPC, se identificaron más de 5.000 montículos artificiales, que ocupan aproximadamente la mitad de la superficie mapeada. «La sorpresa más grande fue el descubrimiento de otro centro urbano en el noreste del área mapeada, que fue bautizado Kunguints, según el río que colinda con el mismo», señaló el arqueólogo Heiko Prümers al comentar los resultados. Más al norte, en el cantón Pablo Sexto, se registraron montículos adicionales de menor densidad, junto con la ocupación de colinas naturales que los investigadores denominaron hummocks.

Aquellos hallazgos de 2015 fueron ampliados y precisados por una investigación internacional liderada por Rostain que se publicó en la revista Science en enero de 2024, la cual consolidó al valle del Upano como uno de los paisajes de urbanismo temprano mejor documentados de toda la cuenca amazónica y atrajo la atención de medios científicos alrededor del mundo. El propio Ecuador, sin saberlo, había estado sentado durante décadas sobre una de las evidencias más contundentes contra la vieja idea de una Amazonía vacía.

Una red vial de trescientos kilómetros: ¿urbanismo amazónico?

Uno de los hallazgos más discutidos del Upano no son los montículos en sí, sino lo que los conecta: se han identificado unos 300 km de estructuras lineales que los investigadores interpretan como una red vial, calles y caminos que unían los distintos complejos monticulares entre sí. Esta infraestructura, sumada a la disposición ordenada de plazas y plataformas, llevó a la arqueóloga Carla Jaimes Betancourt a proponer un modelo de «pre-urbanismo» para describir el fenómeno, una idea que dio origen a un simposio especializado sobre arquitectura amazónica temprana.

Hablar de «urbanismo» en la Amazonía es, todavía, una propuesta debatida entre especialistas, porque las ciudades del Upano no se parecen a las urbes densas y compactas del mundo andino o mesoamericano. Se trata, más bien, de un modelo disperso de baja densidad: complejos residenciales y ceremoniales distribuidos sobre un territorio extenso, pero funcionalmente conectados por caminos, canales y relaciones de intercambio, un patrón que investigaciones recientes también han documentado en otras regiones amazónicas, como los Llanos de Mojos en Bolivia.

Vestigio de una calzada de tierra precolombina en los Llanos de Mojos, Bolivia
Vestigio de una calzada de tierra precolombina en los Llanos de Mojos, Bolivia, un paisaje monticular comparable al del valle del Upano. Foto: Bruno Roux / Wikimedia Commons (CC BY 4.0).

Comercio y contacto con la sierra: la cerámica que cruzaba los Andes

Las sociedades del valle del Upano no vivieron aisladas del resto del actual Ecuador. La cerámica fabricada en el valle circulaba hacia la sierra, donde se han encontrado piezas de tradición Upano en sitios andinos, mientras que en el propio Upano aparecen tipos cerámicos exógenos, como los de la cultura serrana Panzaleo, evidencia de intercambios recurrentes entre los Andes y el piedemonte oriental. Un fragmento cerámico de estilo Cosanga —procedente precisamente de estos contrafuertes orientales— se identificó incluso en un entierro temprano de los señoríos caranquis de la sierra norte, a cientos de kilómetros de distancia.

Ese comercio siguió funcionando, con variaciones, durante buena parte de la época colonial: los archivos documentan al menos seis vías tradicionales de comunicación entre las tierras bajas y la sierra, por las que circulaban telas, sal, hojas de coca y utensilios de metal desde los Andes, a cambio de plantas medicinales, plumas, oro, maderas y otros productos propios de la selva. La cerámica, en ese sentido, es apenas el rastro más visible de una red de intercambio mucho más antigua y más extensa de lo que se suponía.

El volcán Sangay y el fin de la ocupación monticular

La cercanía del Upano con el volcán Sangay, uno de los más activos de Ecuador, no fue un dato menor en su historia. Porras ya había sugerido que una «posible actividad volcánica del Sangay» pudo explicar una desocupación del territorio entre las fases II y III de su secuencia cerámica, una hipótesis que investigaciones posteriores terminarían por confirmar y precisar.

Rostain documentó que una erupción de gran magnitud del Sangay cubrió de ceniza buena parte del valle, obligando a los portadores de la tradición cerámica Upano a abandonar la región y desplazarse hacia el sur, hasta alcanzar territorio peruano. En el río Ucayali, en el Perú, aparece un tipo de decoración cerámica de bandas rojas entre incisiones —la tradición Cumancaya— cuya fecha, hacia el año 810 d.C., sugiere que el estilo del Upano llegó a esa región después de su desaparición en el valle de origen: el eco arqueológico de una migración forzada por un desastre natural, más de mil años antes de que existiera cualquier registro escrito de la región.

De los constructores de montículos a los pueblos Shuar y Achuar

La fase Jívaro de la secuencia cerámica del valle, que arranca hacia 1500 d.C. y llega hasta el presente, es la que conecta a los constructores de montículos con los pueblos indígenas que hoy habitan la región: los shuar y los achuar, en Ecuador, junto con los wampis y los awajún en el Perú, todos pertenecientes a la misma familia lingüística. Vale una aclaración terminológica: el término «jívaro», usado históricamente en la literatura arqueológica para nombrar esta tradición cerámica tardía, tiene una connotación colonial y peyorativa, por lo que los propios pueblos se autodenominan actualmente como Aents Chicham.

No existe todavía un consenso definitivo sobre el grado de continuidad cultural directa entre los constructores de los montículos del Upano y las sociedades shuar y achuar contemporáneas, en parte porque entre el fin de la fase Huapula y el inicio de la fase Jívaro median varios siglos poco documentados. Lo que sí es claro es que ambos comparten el mismo territorio, moldeado durante casi dos milenios por generaciones que aprendieron a convivir con un paisaje volcánico, fluvial y densamente boscoso.

Por qué el valle del Upano cambia lo que sabíamos sobre la Amazonía

La investigación del valle del Upano se inscribe en un giro más amplio de la arqueología amazónica. Durante buena parte del siglo XX, la hipótesis de Betty Meggers sobre la pobreza de los suelos tropicales como límite estructural al desarrollo social sirvió como marco explicativo casi indiscutido. Desde entonces, estudios como el de los suelos antrópicos del valle, realizados por el investigador Janny Mauricio Velasco Albán, han mostrado que la ocupación humana prolongada modificó químicamente los suelos del Upano, en un proceso comparable al de la llamada terra preta amazónica documentada en Brasil.

Lejos de ser un territorio marginal, el valle del Upano aparece hoy como uno de los ejemplos mejor fechados y mejor mapeados de una Amazonía profundamente transformada por sus habitantes originarios, siglos antes de la llegada española y, en algunos aspectos, siglos antes de que las grandes civilizaciones andinas alcanzaran su máximo desarrollo. Es, también, un recordatorio de cuánta historia ecuatoriana sigue esperando, literalmente, bajo la vegetación.

Cronología

900-500 a.C.Fase Sangay: primera ocupación del Upano, previa a los montículos
500-200 a.C.Fase Upano: inicio de la construcción sistemática de montículos
700-1200 d.C.Fase Huapula: momento de mayor densidad de ocupación del valle
~810 d.C.Fecha estimada de la cerámica Cumancaya en el Ucayali (Perú), eco de la migración tras la erupción del Sangay
1976-1978Pedro Porras explora el Upano y descubre el sitio de Huapula
1987Porras publica su obra pionera: 180 montículos en 26 subcomplejos
1995-1998Proyecto Arqueológico Sangay-Upano de Stéphen Rostain y Ernesto Salazar
2015El INPC mapea 300 km² con LiDAR; más de 5.000 montículos y el sitio de Kunguints
2021Janny Mauricio Velasco Albán publica su estudio sobre suelos antrópicos en el Upano
Enero de 2024Investigación internacional liderada por Rostain, publicada en la revista Science
1500 d.C.-actualidadFase Jívaro: continuidad territorial de los pueblos shuar y achuar

Conclusión

Del hallazgo casi accidental de Pedro Porras en 1978 al mapeo LiDAR de 2015 y la publicación internacional de 2024 hay casi medio siglo de trabajo arqueológico acumulado, que fue transformando poco a poco la imagen del valle del Upano: de un puñado de montículos aislados a una red de miles de plataformas conectadas por caminos, sostenida durante casi dos mil años por sociedades que comerciaban con la sierra, sobrevivieron a erupciones volcánicas y dejaron una huella medible incluso en la química de sus suelos.

Más allá del debate académico sobre si corresponde o no llamar «ciudades» a estos asentamientos, el valle del Upano obliga a repensar la historia más antigua del Ecuador con la Amazonía incluida de pleno derecho, no como un margen vacío junto a los Andes, sino como uno de los escenarios donde, también aquí, se ensayaron por primera vez formas duraderas de vida en común.

Fuentes y bibliografía

  • Pedro Porras, Investigaciones Arqueológicas a las Faldas del Sangay, Quito, 1987 (corpus documental del proyecto).
  • Stéphen Rostain y Grégoire de Saulieu, Antes: Arqueología de la Amazonía ecuatoriana, IFEA/IRD/IPGH, Quito, 2013 (corpus documental del proyecto).
  • Janny Mauricio Velasco Albán, «¿Suelos antrópicos en la Alta Amazonía ecuatoriana? Estudios geoarqueológicos en el basural de La Lomita, valle del Upano, Morona Santiago, Ecuador», en Antropología, Cuadernos de Investigación, núm. 24, 2021 (corpus documental del proyecto).
  • Grégoire de Saulieu et al., «Antes de Orellana», Actas del 3er Encuentro Internacional de Arqueología Amazónica, 2014 (corpus documental del proyecto).
  • Wikipedia (en inglés), Upano Valley sites.

Fuentes primarias

Informes de campo de Pedro Porras (1978-1987); informes del Proyecto Arqueológico Sangay-Upano de Stéphen Rostain y Ernesto Salazar (1995-1998) presentados al Instituto Nacional de Patrimonio Cultural; socializaciones de resultados del levantamiento LiDAR del INPC (2015).

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Sobre quien escribe

Jefferson

Soy docente en Ciencias de la Educación, con mención en Ciencias Sociales, y ejerzo la docencia desde 2020 tanto en el sector público como privado. La historia universal ha sido una pasión constante en mi vida, y de ahí nació la inquietud detrás de este proyecto: en años de investigar y recopilar información sobre la historiografía de mi país, me encontré una y otra vez con datos dispersos, imprecisos o directamente erróneos circulando en la red.

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