Los señoríos manteño-huancavilcas

Los navegantes que la conquista encontró: las ciudades de piedra de Manabí, las sillas de poder, la balsa a vela con orzas y el comercio del Spondylus documentado en 1525.

Actualizado el 16 de agosto de 2026Publicado el 12 de agosto de 2026

Introducción

Los manteños y los huancavilcas fueron los señoríos que ocupaban la costa central del actual Ecuador cuando llegaron los españoles. Pertenecen al período de Integración y constituyen, por tanto, el último desarrollo prehispánico del litoral: la sociedad que la conquista encontró en funcionamiento y describió por escrito.

Esa circunstancia los convierte en un caso distinto al de La Tolita o Jama-Coaque. Aquí la arqueología se cruza con documentos escritos por testigos: relaciones de conquista, inventarios de botín, crónicas. Podemos leer qué llevaba una balsa mercante capturada en 1525, o qué joyas fueron saqueadas en Coaque en 1531.

Estatua de la cultura manteño-huancavilca conservada en el Museo Casa del Alabado de Quito
Estatua manteño-huancavilca. Museo Casa del Alabado, Quito, vía Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).

Este artículo recorre su territorio y organización, las ciudades de piedra de los cerros de Manabí, las sillas de poder, la navegación a vela y el comercio del Spondylus, y lo que las fuentes escritas del siglo XVI añaden -y también lo que distorsionan- al registro arqueológico.

Ficha técnica

DenominaciónManteño en Manabí; huancavilca en Guayas y Santa Elena; conjunto manteño-huancavilca
PeríodoIntegración, hasta la conquista española
Cronologíac. 800-1532 d. C., según la periodización adoptada
TerritorioCosta de Manabí, Santa Elena, Guayas e isla Puná; isla de la Plata como centro ritual
Sitios principalesCerro de Hojas y Cerro Jaboncillo, Agua Blanca, Salango, Los Frailes, Manta, isla de la Plata
Rasgos distintivosSillas de piedra en U; terrazas y edificios de piedra; talleres de concha; navegación a vela
Base económicaAgricultura, pesca, artesanía de concha y comercio de larga distancia
Fuentes principalesSaville, The Antiquities of Manabi (1907); Marcos y otros, La sociedad prehispánica manteña en los Cerros Hojas-Jaboncillo (2013); relación Sámano-Xerez (1527); Quinatoa Cotacachi sobre el Spondylus
Última revisiónAgosto de 2026

Dos nombres, un área cultural

La distinción entre manteños y huancavilcas es sobre todo geográfica: los primeros ocupaban Manabí y los segundos la península de Santa Elena y el litoral del Guayas, con los punaes en la isla Puná. Comparten cultura material, organización económica y redes de intercambio, por lo que buena parte de la bibliografía emplea la denominación conjunta manteño-huancavilca.

No formaban un Estado unificado sino un conjunto de señoríos con alianzas variables, en la línea de lo descrito para el período de Integración. El señorío mejor documentado es el de Salangome, en el sur de Manabí, cuya identidad local puede rastrearse hacia atrás hasta el primer milenio antes de Cristo, centrada en el sitio de Salaite. Es un dato importante: estos señoríos no surgieron de la nada en el período tardío, sino que hunden sus raíces en tradiciones formativas locales.

Las ciudades de los cerros

El rasgo arquitectónico más imponente son los complejos de piedra construidos en los cerros de Manabí, principalmente Cerro de Hojas y Cerro Jaboncillo. Allí se levantaron terrazas, plataformas y edificios de piedra a una escala que sorprendió a los primeros investigadores.

Marshall Saville, que los documentó en 1907, describió edificios de gran tamaño: uno medía 57,9 metros de largo por unos 11,9 de ancho medidos por el interior, con paredes laterales de 137 centímetros de espesor construidas con losas dispuestas en doble hilera. Registró también conjuntos de esculturas de piedra, entre ellas una figura humana decapitada de considerable altura y un monolito de 183 centímetros con huellas de labrado.

Saville dejó constancia además de un problema que sigue vigente: durante generaciones el lugar sirvió de cantera a los habitantes de Manta, que extraían piedras de las paredes para construir en la ciudad. A ello se suma que muchas esculturas estaban ya entonces tan meteorizadas que apenas permitían apreciar el grado de desarrollo alcanzado.

La investigación moderna del complejo se reactivó con el Proyecto Arqueológico Cerro Hojas-Jaboncillo, dirigido por Jorge Marcos y su equipo, que ha revelado arquitectura no documentada previamente. Los especialistas han señalado que lo aprendido en Salango sobre arquitectura ceremonial ofrece pautas valiosas para interpretar esa ciudad montuosa, y que ayuda a rastrear el origen de las formas culturales manteñas en general.

Las sillas de piedra

El objeto más reconocible de esta cultura es la silla de piedra en forma de U, sostenida por una figura humana agachada o por un felino. Se han hallado sobre todo en los complejos de los cerros de Manabí y se asocian de forma unánime al ejercicio del poder o a funciones ceremoniales.

Silla ceremonial de piedra en forma de U sostenida por una figura, característica de la cultura manteña
Silla ritual de piedra en U sostenida por una figura. Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).

Conviene precisar el alcance de esa interpretación. Que las sillas se vinculan a la autoridad es una lectura sólida, respaldada por su ubicación en recintos de carácter público y por la iconografía de sus soportes. Quién se sentaba exactamente en ellas, en qué ocasiones y con qué significado preciso es, en cambio, terreno de hipótesis.

La cerámica ofrece un complemento revelador: figuras de personajes principales representados sentados en asientos ceremoniales, que confirman la asociación entre el acto de sentarse y el ejercicio de la autoridad.

Figura de cerámica que representa a un gobernante manteño sentado en un asiento ceremonial
Gobernante manteño sentado. Israel Museum, Jerusalén (B78.1505), vía Wikimedia Commons (dominio público).

Los navegantes

La navegación de altura es el rasgo que distingue a estas sociedades de casi todas las demás del continente. Emplearon balsas de madera de Ochroma -el árbol de balsa-, formadas comúnmente por cinco troncos amarrados entre sí, y las mayores por siete o nueve.

Su innovación técnica decisiva fue el guare o guara: tablones verticales insertados entre los troncos que funcionaban como orzas móviles y permitían gobernar la embarcación y ceñir el viento. Combinado con velas de tejido elaborado en telar de cintura, ese sistema convertía la balsa en un buque capaz de navegar a lo largo de la costa del Pacífico con gran capacidad de carga. Las balsas de vela triangular descritas por los primeros europeos solo se han documentado en la costa ecuatoriana.

El primer dibujo conocido de una balsa oceánica a vela manteño-huancavilca lo realizó el italiano Girolamo Benzoni en 1572, en su Historia del Nuevo Mundo.

La balsa de 1525: una fuente excepcional

El documento más valioso sobre el comercio prehispánico de esta costa es la relación atribuida a Juan de Sámano, que recoge la captura por el piloto Bartolomé Ruiz de una embarcación indígena frente a la costa ecuatoriana. Viajaban en ella unos veinte hombres, y el inventario del cargamento es una fotografía irrepetible del intercambio precolombino.

Según la relación, llevaba telas de varios colores con labores que representaban aves, peces y plantas; joyas de plata y oro; y otros objetos destinados a intercambiarse por unas conchas con las que fabricaban cuentas coloradas como corales y blancas, de las que el navío iba casi cargado. Esas conchas eran el Spondylus.

La investigación posterior ha identificado a esos navegantes como comerciantes oriundos de Salango que recorrían los asentamientos pesqueros de la costa para conseguir concha en bruto, ofreciendo a cambio productos muy específicos: metalurgia de oro y plata, ropa fina de lana y algodón, y piedras preciosas elaboradas, entre ellas esmeraldas. Es decir, no un trueque indiferenciado sino un circuito especializado, con proveedores y compradores definidos.

Un segundo documento temprano completa el cuadro por la vía menos amable: la declaración a la Caja Real del botín de Hernando Pizarro y sus soldados, que inventaría los tesoros robados en Coaque en 1531. Las joyas descritas combinan oro, plata, esmeraldas y Spondylus; una de ellas era un cinturón de canutos y cuentas menudas de oro bajo, con cincuenta y dos cascabeles y dieciocho hileras de canutos, cuyas cuentas eran tan pequeñas que no pudieron contarse.

El Spondylus y el trabajo de la concha

Las sociedades costeras ecuatorianas tuvieron en la práctica el monopolio de la explotación, elaboración y comercio del Spondylus, el mullu de las fuentes andinas. Su recolección exigía buceo en aguas cálidas y su transformación en cuentas requería talleres especializados; se han documentado talleres de concha en sitios manteños, entre ellos uno de madreperla en Los Frailes.

El prestigio de esa especialización llegó hasta el Cuzco: durante el Incario, los huancavilcas fueron solicitados como artesanos para elaborar el mullu destinado a la religión y a la élite. Es un dato revelador sobre la relación entre estos señoríos y el imperio: no fueron simplemente sometidos, sino incorporados por su saber técnico.

Escultura de cerámica manteño-huancavilca que representa a un hombre conectando dos vasijas
Figura manteño-huancavilca uniendo dos vasijas. Wikimedia Commons (CC0).

El alcance de estas redes fue continental. Los señores mercaderes eran dueños de flotas de balsas, y el mullu circuló desde el litoral ecuatoriano hacia los Andes centrales y, más tarde, hacia Mesoamérica, donde aparece con un milenio de retraso respecto de los Andes. En Punta Mita, en Nayarit, se ha señalado evidencia de tecnología ecuatoriana de buceo ritualizado para su obtención.

Cerámica y vida ceremonial

La cerámica manteño-huancavilca incluye figuras antropomorfas, incensarios y recipientes de uso ritual. Los incensarios, decorados con serpientes u otros motivos, remiten a prácticas de quema de sustancias aromáticas en contextos ceremoniales.

Incensario de cerámica manteño decorado con una serpiente en el borde
Incensario manteño con serpiente en el borde. Wikimedia Commons (CC0).

La isla de la Plata, frente a la costa de Manabí, funcionó como centro ritual de la región, según la interpretación de las investigaciones de Marcos y Norton. Su condición insular, visible desde tierra pero separada de ella, encaja con el papel de espacio sagrado que se le atribuye.

Lo que las fuentes escritas aportan y lo que deforman

Tener documentos escritos es una ventaja considerable frente a las culturas anteriores, pero exige cautela. Las relaciones de conquista y los inventarios de botín fueron redactados por quienes estaban tomando esas tierras, con finalidades administrativas o justificativas, y describen sociedades que ya estaban siendo alteradas por su propia presencia.

Su valor es desigual según el tipo de dato. Los inventarios de objetos concretos -cuentas, canutos, cascabeles, telas- son razonablemente fiables, porque describen cosas que los escribanos tenían delante y debían contabilizar. Las afirmaciones sobre organización política, jerarquías o creencias, en cambio, pasan por el filtro de categorías europeas: hablar de «señores» y «reinos» impone un molde que no necesariamente correspondía a la realidad.

La combinación de arqueología y documentos permite contrastar unas fuentes con otras. Cuando la relación de 1525 menciona un cargamento de concha y los talleres excavados confirman la producción especializada de cuentas, ambas evidencias se refuerzan. Cuando una crónica atribuye a un cacique poderes de tipo monárquico, conviene ser mucho más prudente.

Cronología

Primer milenio a. C.Raíces del futuro señorío de Salangome en el sitio de Salaite.
c. 800 d. C.Consolidación de los señoríos manteño-huancavilcas en el período de Integración.
c. 1200 d. C.Una fecha de Puerto Chanduy sitúa la fase manteña en pleno desarrollo.
Siglo XVExpansión inca; los huancavilcas son requeridos como artesanos del mullu.
1525Bartolomé Ruiz captura una balsa mercante de Salango cargada de Spondylus.
1531Saqueo de Coaque por Hernando Pizarro; inventario del botín.
1572Girolamo Benzoni publica el primer dibujo de una balsa a vela.
1907Marshall Saville documenta los complejos de piedra de Manabí.
2013Proyecto Arqueológico Cerro Hojas-Jaboncillo.

Conclusión

Los manteño-huancavilcas fueron, ante todo, una sociedad de navegantes y comerciantes. Su poder no descansó en la conquista de territorios sino en el control de un recurso -el Spondylus– y de la tecnología para transportarlo: la balsa de vela con orzas móviles, una solución náutica sin equivalente en el continente.

Su historia tiene también una dimensión incómoda que conviene no eludir. Las mismas fuentes que nos permiten conocer con detalle el cargamento de una balsa de 1525 son las de quienes se apropiaron de ella; el inventario más preciso de su orfebrería es una lista de botín. Y los complejos de piedra que Saville describió en 1907 llevaban ya generaciones sirviendo de cantera. Conocer esta cultura implica leer, casi siempre, a través de los ojos y los intereses de quienes la desmontaron.

Fuentes y bibliografía

  • Saville, Marshall H. The Antiquities of Manabi, Ecuador. Preliminary report. Contributions to South American Archaeology, Nueva York, 1907.
  • Marcos, Jorge G., César I. Veintimilla Bustamante, Oswaldo Tobar, Richard Lunniss y Marcos Suárez Capelo. La sociedad prehispánica manteña en los Cerros Hojas-Jaboncillo. Boletín Arqueológico 1, Centro Cívico Ciudad Alfaro, Montecristi, 2013.
  • Marcos, Jorge G. Los pueblos navegantes del Ecuador prehispánico. Abya-Yala / ESPOL, Quito, 2005.
  • Marcos, Jorge G. «El Mullu y el Pututo: la articulación de la ideología y el tráfico a larga distancia en la formación del Estado huancavilca», Abya-Yala, Quito, 1995.
  • Marcos, Jorge G., y Presley Norton. «Interpretación sobre la arqueología de la isla de La Plata», Miscelánea Antropológica Ecuatoriana, vol. 1, 1981.
  • Quinatoa Cotacachi, Estelina. «La concha Spondylus o Mullu, su importancia para los pueblos ancestrales de América», Boletín de la Academia Nacional de Historia, n.º 205.
  • Mester, Ann M. «Un taller manteño de la concha madre perla del sitio Los Frailes, Manabí», Miscelánea Antropológica Ecuatoriana, Guayaquil, 1985.
  • Masucci, Maria A. «Marine shell production and the role of domestic craft activities in the economy of the Guangala phase», Latin American Antiquity 6(1), 1995.
  • Martín, A., y C. Lara. «La trayectoria del desarrollo social precolombino en el sur de Manabí», Antropología. Cuadernos de Investigación, n.º 8, PUCE, Quito, 2010.
  • Cárdenas, F., F. Arroyo y T. Bray (eds.). Intercambio y comercio entre costa, Andes y selva. Universidad de los Andes, Bogotá, 1998.
  • Delgado Espinoza, Florencio. Organización política en la baja cuenca del río Guayas, 2001.

Fuentes primarias

La relación atribuida a Juan de Sámano, conocida como relación Sámano-Xerez y fechada en 1527, describe la captura de la balsa mercante por Bartolomé Ruiz y su cargamento; es la fuente escrita más temprana sobre el comercio de esta costa. La declaración a la Caja Real del botín de Hernando Pizarro inventaría las joyas saqueadas en Coaque en 1531. La Historia del Nuevo Mundo de Girolamo Benzoni (1572) contiene el primer dibujo conocido de una balsa a vela.

La «Segunda parte de la descripción de Guayaquil, en que se trata de la ciudad de Puerto Viejo y su distrito», publicada en la Colección de documentos inéditos del Archivo de Indias, aporta la descripción colonial del área. El informe de Saville de 1907 documenta los complejos de piedra antes de su deterioro posterior.

Ver también

Seguir leyendo

Si esto te interesó, hay más

Avisamos por correo cuando sale una entrada nueva. Nada más: sin boletines semanales ni relleno.