Las botellas silbato: cerámica que suena

Recipientes diseñados para producir sonido al moverse el agua en su interior: mil quinientos años de desarrollo técnico entre Machalilla, Chorrera y Bahía.

Actualizado el 15 de agosto de 2026Publicado el 13 de agosto de 2026

Introducción

Entre los objetos más singulares del Ecuador prehispánico está la botella silbato: un recipiente cerámico que, al inclinarse, emite un sonido. No es un adorno ni un accidente acústico, sino un sistema diseñado para producir sonido por acción hidráulica o aerodinámica, perfeccionado a lo largo de unos mil quinientos años.

Buena parte de la investigación sobre estos artefactos sostiene además que su origen es ecuatoriano y que desde aquí se difundieron hacia el sur andino. Este artículo recorre qué son, cómo se fabricaban, qué representan y qué sabemos -y qué no- sobre su sonido.

Vasija de cerámica en forma de ave de la cultura Chorrera, conservada en el Walters Art Museum
Vasija efigie de ave de la cultura Chorrera. Las formas ornitomorfas son las más características de esta tradición de artefactos sonoros. Walters Art Museum (482772), vía Wikimedia Commons (dominio público).

Ficha técnica

DefiniciónSistema diseñado para la producción acústica por acción hidráulica y/o aerodinámica
OrigenCultura Machalilla, como recipiente con cuello
FlorecimientoChorrera; perfeccionamiento en la transición Chorrera-Bahía, hacia 500 a. C.
Culturas que las produjeronMachalilla, Chorrera, Bahía, La Tolita, Jama-Coaque y Guangala
Desarrollo tecnológicoUnos 1.500 años
Hallazgos fuera de la costaAlausí, Cerro Narrío, Cotocollao; Cueva de los Tayos, en la Amazonía
Mayor colecciónReserva Arqueológica del Centro Cultural Simón Bolívar, Guayaquil
Estudio de referenciaEquipo de Acústica Prehispánica, marzo de 2012: 27 piezas observadas, 4 modeladas
Fuentes principalesPolanco, Ayala y Espinosa (2015); Ayala, Molina y Gallardo (2022); Crespo Toral (1966); Idrovo (2010); Ontaneda (2010)
Última revisiónAgosto de 2026

De contenedor a instrumento

El punto de partida es prosaico. La botella nació como artefacto contenedor, y en el actual territorio ecuatoriano existió como recipiente provisto de un cuello más o menos vertical desarrollado a partir de la cultura Machalilla. Resolvía una necesidad concreta: preservar el contenido de la contaminación atmosférica y mantener su frescura, algo que el material cerámico permitía.

Lo que ocurrió después es lo interesante: ese objeto doméstico evolucionó hasta convertirse en un artefacto estético y ritual. Hernán Crespo Toral lo describió en 1966 con una fórmula que sigue citándose: reproduce ruidos y voces de la naturaleza logrando una onomatopeya de los motivos que representa, plasmando el canto de los pájaros, el grito del mono o el croar de la rana.

La secuencia de desarrollo está razonablemente establecida: inicio en Machalilla, florecimiento en Chorrera -donde surge la botella silbato propiamente dicha- y culminación en Bahía. En la transición Chorrera-Bahía, hacia el 500 a. C., alcanzó su punto más alto, con botellas dobles de variantes tonales y sistemas acústicos complejos.

Cómo suena

El principio físico es elegante. La botella silbato genera sonido al expulsar aire comprimido por el aeroducto cuando el agua se mueve en su interior. Basta inclinar la pieza: el líquido desplaza el aire de una cámara a otra y ese aire, forzado a salir por un conducto estrecho, produce el silbido.

Eso significa que el instrumento no necesita ser soplado. Los investigadores subrayan que esta evolución tecnológica permitió superar la función doméstica del objeto y llegar a construir artefactos sonoros de producción autónoma: suenan solos, con el movimiento.

La forma determina el sonido, y ahí está la complejidad del diseño. Fabricar una de estas piezas exigía vincular conocimientos acústicos, observación de los sonidos del entorno, habilidades técnicas, selección de materiales y criterios estéticos, todo a la vez, para transformar un trozo de arcilla en un artefacto sonoro de estructura compleja.

Cómo se fabricaban

El análisis de las piezas de la Reserva Arqueológica permitió reconstruir las técnicas empleadas, siempre en forma de hipótesis derivadas de las características externas de los objetos.

Los recipientes globulares se levantaban con técnica de placas sobre soportes -orgánicos o cerámicos- y con cordel, lo que hoy se llama cordel perdido: se modela sobre una estructura que después desaparece. Las figuras añadidas -aves, monos, personajes- se hacían por modelado, con apliques en técnica de pastillaje.

Los acabados variaban. Algunas piezas presentan engobe rojo aplicado en crudo y después bruñido; otras están alisadas con herramienta en estado crudo. La cocción documentada es oxidante.

Los pigmentos permiten deducir la química del taller. Los rojizos y ocres proceden de óxido de hierro en concentraciones variables; el blanco, de carbonato de calcio, conchas molidas, arcilla blanca o cenizas; el verde, de carbonato u óxidos de cobre. En algunas piezas los pigmentos se aplicaron después de la cocción, con un aglutinante orgánico -resinas de árboles o raíces-, lo que explica que hoy presenten desprendimientos.

Qué representan

El repertorio formal es extraordinariamente variado, y en él la forma y la función se integran de manera deliberada.

Las botellas ornitomorfas son las más características, coherentes con la importancia de las aves en la iconografía costera y con el interés por reproducir sus cantos. Pero hay también formas antropomorfas en las que la propia botella configura un cuerpo humano.

Un ejemplo documentado ilustra la sofisticación del diseño: la figura de un contorsionista de cuya rodilla derecha nace el asa de medio puente y también la cámara de resonancia del silbato, mientras de la izquierda nace el pico tubular. El artesano no añadió un silbato a una figura: hizo que la anatomía de la figura fuera el mecanismo sonoro.

El catálogo incluye además figuras acostadas, sedentes, fálicas, una antropomorfa hombre-gusano y una anciana sonriente en la que el cuerpo contenedor y el cuerpo femenino se confunden. Una pieza poco común de la cultura Bahía es una botella triple globular que representa tres mates o pilches, con superficie oscura y pintura iridiscente dispuesta en tres bandas horizontales alrededor de las cámaras.

Un origen discutido, y una difusión

La tesis del origen ecuatoriano de la botella silbato la sostuvieron Crespo Toral y Richard Zeller, y se afirma que fue ratificada en una mesa redonda entre arqueólogos de Colombia, Perú y Ecuador celebrada en diciembre de 1965.

Conviene tratar ese consenso con la prudencia que corresponde a un acuerdo alcanzado hace sesenta años, en un momento en que la arqueología de la región contaba con muchísimos menos datos que hoy. Que la secuencia más temprana y completa se documente en la costa ecuatoriana es un argumento sólido; que de ahí se derive con certeza una prioridad cronológica absoluta sobre todo el área andina es una conclusión más frágil.

Los propios investigadores señalan un sesgo que refuerza esa cautela: la mayoría de las excavaciones arqueológicas del Ecuador se han desarrollado en la costa. Ya se han encontrado botellas silbato en la sierra -Alausí, Cerro Narrío, Cotocollao-, en material formativo de las cercanías del Tungurahua y en la Cueva de los Tayos, en la Amazonía. Es razonable esperar que futuros yacimientos serranos y amazónicos modifiquen el cuadro.

Escuchar las piezas

Entre el 8 y el 11 de marzo de 2012, un equipo de Acústica Prehispánica trabajó en la Reserva Arqueológica del Centro Cultural Simón Bolívar de Guayaquil, que custodia el mayor conjunto de botellas silbato del país. Observaron veintisiete artefactos de las culturas Machalilla, Chorrera y Bahía.

El criterio de selección fue estricto y merece explicarse: solo se estudiaron piezas que no hubieran sido intervenidas, para garantizar la fidelidad de su sonoridad original. Una restauración mal hecha altera las cámaras y el conducto, y con ello el sonido; una pieza retocada ya no suena como sonaba.

De las veintisiete, cuatro se seleccionaron para modelamiento digital. El sonido de las que podían ejecutarse se grabó y se trasladó a representaciones gráficas de forma de onda. El registro se hizo con una ficha técnica elaborada por Francisca Gili, de la Red Achalai, aprobada por la Comisión Acústica del proyecto en noviembre de 2011.

Los propios autores califican la caracterización de incompleta: muchas piezas no están enteras o han sido intervenidas de distinta manera, y la premura del tiempo impidió abarcar otros artefactos de la misma Reserva. Su conclusión es explícita: la exploración de la botella silbato es una indagación que recién empieza.

Una nota sobre las fechas de los catálogos

Un detalle del estudio de 2015 merece señalarse porque afecta a cómo se leen las fichas de museo. Las fechas que los investigadores consignan para cada pieza proceden de las fichas técnicas de la propia Reserva, y ellos lo advierten expresamente.

Esas fichas datan la cultura Chorrera entre el 3500 y el 300 a. C., un rango que no coincide con la cronología arqueológica establecida, que sitúa a Chorrera aproximadamente entre 1300 y 300 a. C. La diferencia es de dos milenios en el extremo inicial.

No se trata de un error de los autores, que citan la fuente con transparencia, sino de un recordatorio útil: las fichas de las colecciones no siempre están actualizadas con la investigación vigente, y conviene contrastarlas antes de darlas por buenas.

Volver a fabricarlas

Un proyecto reciente ha abordado estos artefactos desde la práctica en lugar de desde la vitrina. Investigadoras de la Universidad Central del Ecuador reconstruyeron las técnicas ancestrales de elaboración trabajando directamente con maestras ceramistas de comunidades indígenas, de quienes los estudiantes recibieron el conocimiento de forma directa.

El resultado se llevó al aula. Los estudiantes de Artes Plásticas y Artes Musicales realizaron una deriva urbana registrando los sonidos de la ciudad y, a partir de ellos, determinaron el motivo que representarían en sus propias botellas, porque en estos objetos la morfología determina el sonido. Aplicaron técnicas de placas, cordel perdido, modelado y vaciado, con cocción en hornos eléctricos.

Las piezas se presentaron en dos ediciones de un proyecto titulado Sinfonías de la Ciudad, en el que participaron cuarenta y cinco estudiantes de Artes Plásticas y cuatro de Artes Musicales. Entre las réplicas producidas figura una botella ornitomorfa de doble elipsoide con silbato de la tradición Chorrera-Bahía, reproducida al setenta y dos por ciento del tamaño original.

Es el mismo enfoque de arqueología experimental que permitió recuperar la técnica de la pintura iridiscente: reconstruir haciendo, cuando el saber original se ha perdido.

Cronología

MachalillaAparece la botella con cuello; origen del proceso.
ChorreraSurge la botella silbato propiamente dicha; factura minuciosa.
c. 500 a. C.Transición Chorrera-Bahía: botella doble con variantes tonales.
Desarrollo Regional e IntegraciónLa Tolita, Jama-Coaque, Guangala y Bahía continúan la tradición.
1965 (diciembre)Mesa redonda de arqueólogos de Colombia, Perú y Ecuador sobre su origen.
1966Crespo Toral publica Nacimiento y evolución de la botella silbato.
1970Zeller estudia los instrumentos musicales de la cultura Guangala.
2012 (marzo)El equipo de Acústica Prehispánica estudia 27 piezas en Guayaquil.
2020-2022Proyecto de réplicas con maestras ceramistas indígenas y estudiantes universitarios.

Conclusión

La botella silbato obliga a corregir una idea implícita en la mayoría de los museos: que el patrimonio prehispánico es algo que se mira. Estos objetos fueron diseñados para sonar, y una pieza silenciosa en una vitrina está mostrando solo la mitad de lo que es.

Su fabricación revela además una forma de conocimiento que no encaja en las categorías habituales. No es arte ni es técnica: exigía observar el canto de un ave, entender cómo se comporta el aire comprimido en una cámara cerrada, dominar el levantado en placas y el pastillaje, y componer todo eso en una forma que fuera a la vez recipiente, escultura e instrumento.

Y queda la advertencia de quienes las han estudiado: solo se ha analizado una parte pequeña del conjunto conservado, muchas piezas están rotas o intervenidas, y la indagación recién empieza. Es una de las áreas del pasado ecuatoriano donde más queda por saber.

Fuentes y bibliografía

  • Polanco De Luca, Mónica, Mónica Ayala Esparza y Tomás Espinosa. «Botellas silbato, sonidos ocultos en el tiempo», Axioma, n.º 14, vol. 1, PUCE Sede Ibarra, 2015, pp. 63-73.
  • Ayala Esparza, Mónica, Molina y Gallardo. «Técnicas ancestrales de elaboración de botellas silbato», Arqueología Iberoamericana, n.º 50, 2022.
  • Crespo Toral, Hernán. Nacimiento y evolución de la botella silbato. Editorial Universitaria, Quito, 1966.
  • Zeller, Richard. Instrumentos y música de la cultura Guangala. Publicaciones Arqueológicas Huancavilca, Guayaquil, 1970.
  • Idrovo Urigüen, Jaime. Memorias del Primer Encuentro de Arqueólogos del Norte de Perú y Sur del Ecuador. Cuenca, 2010.
  • Ontaneda, Santiago. Las antiguas sociedades precolombinas del Ecuador. Banco Central del Ecuador, Quito, 2010.
  • Pérez de Arce, José. «Análisis de las cualidades sonoras de las botellas silbadoras prehispánicas de los Andes», Boletín n.º 9 del Museo Chileno de Arte Precolombino, 2004.
  • Pérez de Arce, José. «Whistling Bottles: Sound, Mind and Water», 2006.
  • De Saulieu, Geoffroy, y Jean-Luc Le Pennec. «Nota descriptiva sobre un material formativo de las cercanías del volcán Tungurahua», II Congreso Ecuatoriano de Antropología y Arqueología, Abya-Yala, Quito, 2007.
  • Quinatoa, Estelina, y otros. Instrumentos musicales precolombinos. Catálogo del Banco Central del Ecuador, Quito, 1997.

Fuentes primarias

Las propias piezas custodiadas en la Reserva Arqueológica del Centro Cultural Simón Bolívar de Guayaquil constituyen la fuente central: veintisiete de ellas fueron fichadas, fotografiadas y, cuando su estado lo permitía, grabadas acústicamente en marzo de 2012. Las fichas técnicas de la Reserva aportan la procedencia y la datación de cada objeto, con las cautelas señaladas en el texto. Las grabaciones y sus representaciones en forma de onda se realizaron en los laboratorios de la PUCE Sede Ibarra.

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