Actualizado el 17 de agosto de 2026Publicado el 11 de agosto de 2026
Introducción
El Desarrollo Regional es el período que sigue al Formativo en la secuencia arqueológica del actual Ecuador. Su rasgo definitorio es el que le da nombre: donde antes había tradiciones cerámicas de amplia distribución, como Chorrera, aparecen ahora sociedades con estilos, territorios e identidades marcadamente distintos entre sí.
En la costa se definen La Tolita al norte, Jama-Coaque y Bahía en Manabí, Guangala en la península de Santa Elena y Jambelí en el golfo de Guayaquil. Todas comparten un momento de mayor jerarquización social, especialización artesanal y elaboración iconográfica, pero cada una con soluciones propias. Es también el período de la metalurgia del oro y del platino, y de una producción figurativa de una riqueza que no volvería a repetirse.

Este artículo presenta el marco cronológico del período -que no es un asunto cerrado-, sus rasgos generales y las principales culturas que lo integran, con las cautelas que impone el estado actual de la investigación.
Índice de contenidos
Ficha técnica
| Denominación | Período de Desarrollo Regional |
| Cronología (Meggers, 1966) | 500 a. C. – 500 d. C. |
| Cronología (Guillaume-Gentil, 2013) | 300 a. C. – 700 d. C. |
| Período anterior | Formativo, que cierra con Chorrera |
| Período posterior | Integración |
| Culturas de la costa | La Tolita, Jama-Coaque, Bahía, Guangala, Jambelí, Tejar |
| Rasgos técnicos | Metalurgia de oro, plata, cobre y platino; molde para cerámica; pintura negativa y blanco sobre rojo |
| Fuentes principales | Meggers, Betty J., Ecuador; Ugalde, María Fernanda, Iconografía de la cultura Tolita; Zeidler, James, y Sutliff, Arqueología regional del norte de Manabí; Stothert, Karen, Un sitio Guangala temprano en el suroeste del Ecuador |
| Última revisión | Agosto de 2026 |
El problema de la cronología
Conviene empezar por advertir que las fechas de este período no están fijadas de forma unánime. Existen dos periodizaciones en uso. La clásica, establecida por Betty Meggers en 1966, sitúa el Desarrollo Regional entre el 500 a. C. y el 500 d. C., y la Integración entre el 500 y el 1500 d. C. La propuesta por Guillaume-Gentil en 2013 lo desplaza al 300 a. C. – 700 d. C., con la Integración entre el 700 y el 1450 d. C. Publicaciones recientes emplean una u otra según el caso, de modo que las fechas que se lean en distintas fuentes pueden diferir en dos o tres siglos sin que ello implique contradicción.
La base empírica también es desigual. Las dataciones por radiocarbono de la primera mitad del período son razonablemente sólidas: muestras de carbón vegetal de los sitios de Esteros y Tarqui, en la costa de Manabí, y de la transición Chorrera-Bahía en Sequita, cubren un rango que va aproximadamente del 500 a. C. al cambio de era. Para la segunda mitad del período y el inicio de la Integración, en cambio, las fechas de radiocarbono escasean y la transición se ha establecido en buena medida mediante hidratación de obsidiana, que la ubica entre el 500 y el 700 d. C.
Una advertencia adicional, formulada ya por los propios cronologistas: aceptar una estructura de tres períodos largos no implica que el cambio cultural avanzara a la misma velocidad en toda la costa. Suponer que Jama-Coaque, Bahía, Guangala, Tejar y Jambelí empiezan y terminan a la vez es una convención de trabajo, no un hecho demostrado. Las transiciones pudieron ocurrir antes en unos lugares que en otros.
Rasgos generales del período
Frente a la relativa homogeneidad del Formativo Tardío, el Desarrollo Regional presenta un mosaico. Cada región desarrolla estilos cerámicos reconocibles, con formas, decoraciones y repertorios iconográficos propios. Esa diferenciación es el criterio que da nombre al período y probablemente refleja procesos de consolidación de identidades locales y de control territorial.

Tres novedades técnicas destacan. La primera es la metalurgia: el trabajo del oro, la plata, el cobre y sus aleaciones alcanza un nivel notable, y en el norte se domina el platino, metal que funde a temperaturas muy superiores y cuya manipulación requiere técnicas de sinterizado. La segunda es el uso del molde en la producción cerámica, que permite fabricar figurinas en serie y cambia la escala de la producción. La tercera es la consolidación de tratamientos decorativos como la pintura negativa y el blanco sobre rojo, que funcionan como horizontes estilísticos compartidos entre regiones distintas.
La figuración humana se vuelve extraordinariamente detallada. Los tocados, ornamentos, deformaciones y posturas representados en las figurinas han sido estudiados como indicadores de jerarquía social, aunque conviene señalar que esa lectura no es unánime: análisis recientes sobre muestras de figurines Jama-Coaque han advertido que los tocados aparecen también en La Tolita, Guangala y Manteño, y que su variedad podría responder a roles, actividades o modas antes que a un sistema de rangos.
La Tolita
Situada en el norte de Esmeraldas y prolongada hacia la costa del sur de Colombia -por lo que suele designarse como complejo Tumaco-La Tolita-, es la cultura del período más conocida por su metalurgia. Su nombre procede de las tolas, montículos artificiales de tierra que estructuran sus sitios y que sirvieron de plataforma y de espacio funerario.
La orfebrería tolita combina oro, plata, cobre y platino, este último trabajado mediante técnicas que no se documentan en Europa hasta muchos siglos después. Su iconografía figurativa ha sido objeto del estudio sistemático de María Fernanda Ugalde, que la ha leído como un discurso ideológico articulado, en el que el tocado funciona como uno de los símbolos más diferenciadores de los personajes representados.
Los sitios tolita sufrieron un saqueo intenso desde época temprana. Un relato del siglo XVIII, recogido por fray Juan de Santa Gertrudis, describe ya el desmonte de tolas en busca de piezas de oro y la venta de hallazgos a particulares. Buena parte del material conocido carece por ello de contexto arqueológico documentado.
Jama-Coaque

Definida inicialmente por Emilio Estrada en 1957 a partir de material hallado cerca de los ríos Jama y Coaque, en el norte de Manabí, su extensión ha sido discutida: los límites propuestos van desde el cabo de San Francisco hasta Bahía de Caráquez, con revisiones posteriores que reducen el límite norte hasta la bahía de Cojimíes o extienden su presencia tierra adentro hasta Chone e incluso Santo Domingo.

Su rasgo más notable es la duración: la ocupación se extiende desde alrededor del 500 a. C. hasta la llegada de los europeos, atravesando por completo el Desarrollo Regional y la Integración. Estrada propuso dos fases, Jama I y Jama II, correspondientes a cada período.
El Proyecto Arqueológico y Paleoetnobotánico del Valle de Jama, dirigido en los años ochenta por James Zeidler y Deborah Pearsall, refinó esa secuencia. A partir del sitio de San Isidro estableció cuatro fases cerámicas denominadas Muchique -topónimo antiguo del poblado-, de las cuales Muchique 1 corresponde al Desarrollo Regional y las siguientes a la Integración. San Isidro presenta una ocupación continua de unos tres mil años, desde Valdivia hasta Jama-Coaque, y su tola sugiere que funcionó como centro ceremonial y administrativo.
Bahía
Ocupó el centro y sur de Manabí, en torno a Bahía de Caráquez. Es una de las culturas mejor fechadas del período: las muestras de radiocarbono de los sitios de Esteros y Tarqui, junto con las de la transición desde Chorrera en Sequita, sitúan Bahía I entre aproximadamente el 500 a. C. y el cambio de era, cubriendo con solidez la primera mitad del Desarrollo Regional.

La producción cerámica de Bahía incluye figuras de gran formato y botellas silbato, instrumentos aerófonos que continuaban una tradición iniciada en Machalilla y Chorrera. Investigaciones acopladas realizadas sobre la colección de la Reserva Arqueológica del Centro Cultural Simón Bolívar de Guayaquil, el mayor conjunto de botellas silbato del país, se han centrado precisamente en piezas Chorrera y Bahía por su estado de conservación.
Guangala
Se desarrolló en la península de Santa Elena y el suroeste de la actual provincia del Guayas, en un entorno semiárido que condicionó su economía. Karen Stothert, que excavó un sitio Guangala temprano en el suroeste del Ecuador, ha vinculado a estas poblaciones con el desarrollo de las albarradas, obras de retención de agua de lluvia cuya tradición perduró en la península hasta época reciente.

Su cerámica se reconoce por las ollas con soportes trípodes y polípodos, los ralladores de cerámica con base pintada y un repertorio decorativo en el que la pintura negativa ocupa un lugar destacado. La producción figurativa incluye piezas antropomorfas de factura cuidada.

Jambelí y otras tradiciones
En el golfo de Guayaquil y el archipiélago de Jambelí, hacia el sur, se definió una tradición asociada a la explotación de manglares y recursos estuarinos, con abundantes concheros. En la cuenca baja del Guayas se ha descrito además la fase Tejar, integrada en el mismo horizonte cronológico y con rasgos decorativos compartidos, como la pintura negativa aplicada sobre blanco.
Estas tradiciones están peor documentadas que las anteriores, y las secuencias disponibles proceden a menudo de excavaciones antiguas o de sitios muy alterados. Es un área donde la investigación sigue abierta.
Cronología comparada
| Período | Meggers (1966) | Guillaume-Gentil (2013) |
| Formativo | hasta 500 a. C. | hasta 300 a. C. |
| Desarrollo Regional | 500 a. C. – 500 d. C. | 300 a. C. – 700 d. C. |
| Integración | 500 – 1500 d. C. | 700 – 1450 d. C. |
Las fechas que aparecen en la bibliografía dependen de cuál de estos dos esquemas emplee cada autor. Este artículo indica ambas cuando la diferencia es relevante.
Hacia el período de Integración
La transición hacia la Integración no fue una ruptura. Jama-Coaque continúa sin solución de continuidad; en el valle del Jama, las fases Muchique 2, 3 y 4 corresponden ya al nuevo período, y en el sitio de La Mina la secuencia llega hasta época colonial. Lo que cambia es la escala: aparecen unidades políticas mayores, redes de intercambio más extensas y, en la costa central, los señoríos manteños que encontrarían los españoles.
Las fechas disponibles para ese trance son escasas. La más temprana de la fase Chirije procede del sitio Sequita y corresponde aproximadamente al 850 d. C.; una fecha de Puerto Chanduy sugiere que la fase Manteña estaba en pleno desarrollo hacia el 1200 d. C.; y una muestra procedente de los corrales de Cerro de Hojas confirma la existencia de esa cultura inmediatamente antes de la llegada de los europeos.
Conclusión
El Desarrollo Regional es, en la secuencia ecuatoriana, el momento en que la costa deja de leerse como una sola historia. Cada región produce su propia solución cerámica, iconográfica y social, y esa diversidad es el objeto de estudio antes que un obstáculo para clasificarla.
También es un período donde conviene ser explícito sobre lo que no se sabe. Las fechas dependen del esquema que se adopte, la segunda mitad del período está mal datada, buena parte del material orfebre carece de contexto por el saqueo histórico, y las lecturas sociales de la iconografía siguen discutidas. Presentar esas limitaciones no debilita el relato: es la forma honesta de contarlo.
Fuentes y bibliografía
- Meggers, Betty J. Ecuador. Ancient Peoples and Places, Thames and Hudson, Londres, 1966.
- Estrada, Emilio. Los Huancavilcas: últimas civilizaciones prehistóricas de la costa del Guayas. Guayaquil, 1957.
- Ugalde, María Fernanda. Iconografía de la cultura Tolita. Lecturas del discurso ideológico en las representaciones figurativas del Desarrollo Regional. Reichert Verlag, Wiesbaden, 2009.
- Zeidler, James, y Deborah Pearsall (eds.). Arqueología regional del norte de Manabí, Ecuador. Volumen 1. University of Pittsburgh / Libri Mundi, Quito-Pittsburgh, 1994.
- Stothert, Karen. Un sitio Guangala temprano en el suroeste del Ecuador. Smithsonian Institution / Museo Antropológico del Banco Central del Ecuador, 1993.
- Stothert, Karen. «Las albarradas y el manejo de aguas en la península de Santa Elena», Miscelánea Antropológica Ecuatoriana, 8, 1995.
- Stothert, Karen, e Iván Cruz Cevallos. «El arte en los centros del poder», en Ecuador: el arte secreto del Ecuador precolombino. Casa del Alabado / 5 Continents, Quito, 2007.
- Guillaume-Gentil, Nicolas. Propuesta de periodización para la arqueología del Ecuador, 2013.
- Valdez, Francisco, y Diego Veintimilla. Signos amerindios: 5000 años de arte precolombino en el Ecuador. Dinediciones, Quito, 1992.
- Yépez, Alden. «Federkopfputz und Körperschmuck bei den Jama-Coaque», en Mit fremden Federn. Hirmer, Schaffhausen, 2010.
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