Actualizado el 7 de septiembre de 2026Publicado el 29 de agosto de 2026
Introducción
Cuando la primera presidencia de Velasco Ibarra cayó en 1935, pocos habrían apostado a que su nombre seguiría dominando la política ecuatoriana durante cuatro décadas más. Volvería a la presidencia otras cuatro veces, la última de las cuales terminó en el golpe militar de 1972 que ya documenta este sitio. Entre esa primera caída y esa última, hubo tres presidencias más: 1944-1947, 1952-1956 y 1960-1961.
De esas tres, solo una llegó a su fin de forma constitucional. Las otras dos terminaron, como la primera, derrocadas. Ese patrón repetido —ascensos multitudinarios, gobiernos personalistas, caídas abruptas— es la clave para entender por qué Velasco Ibarra sigue siendo, décadas después, el político más estudiado de la historia republicana del Ecuador.
Este artículo recorre los años de transición entre 1935 y 1944, el regreso triunfal de «La Gloriosa», el mito del «Gran Ausente» que sostuvo su liderazgo, y las presidencias que completan el ciclo velasquista hasta 1961.
Índice de contenidos
Ficha técnica
| Segunda presidencia | 1 de junio de 1944 al 23 de agosto de 1947 |
| Tercera presidencia, la única completa | 1 de septiembre de 1952 al 31 de agosto de 1956 |
| Cuarta presidencia | 1 de septiembre de 1960 al 7 de noviembre de 1961 |
| Movimiento que lo llevó al poder en 1944 | La Gloriosa, 28 de mayo de 1944 |
| Presidente derrocado en 1944 | Carlos Arroyo del Río |
| Constituciones que abolió a lo largo de su carrera | Las de 1935, 1946 y 1970 |
| Fuentes principales | Ayala Mora, Resumen de Historia del Ecuador; Freidenberg, «Los populistas clásicos: José María Velasco Ibarra, el monarca andino» |
| Última revisión | Agosto de 2026 |
Los años de transición
Tras la caída del primer velasquismo en 1935, el país pasó por una sucesión de gobiernos breves. Federico Páez ejerció una dictadura civil entre 1935 y 1937, con un fugaz intento progresista seguido de dura represión. Lo derrocó el general Alberto Enríquez Gallo, que en su corto gobierno como jefe supremo, entre 1937 y 1938, impulsó políticas nacionalistas y expidió el Código del Trabajo. Enríquez entregó el poder a una Asamblea Constituyente, que eligió a Aurelio Mosquera Narváez; a su muerte repentina lo sucedió Carlos Alberto Arroyo del Río.
El gobierno de Arroyo del Río, entre 1940 y 1944, fue represivo desde el principio y estuvo marcado por la tragedia territorial que este sitio ya documenta en el artículo sobre el Protocolo de Río de Janeiro: la invasión peruana de 1941 y la cesión de extensos territorios amazónicos en enero de 1942. Lejos de aprender de la derrota, el gobierno acentuó su carácter represivo hasta convertirse en lo que los historiadores describen como una dictadura constitucional estéril.
La Gloriosa
El 28 de mayo de 1944, una coalición heterogénea de obreros, estudiantes, indígenas, campesinos, mujeres y jóvenes oficiales militares se levantó contra Arroyo del Río. El movimiento comenzó en Guayaquil, con el ataque e incendio del cuartel de carabineros, la fuerza policial represiva que sostenía al gobierno. El ejército, rival tradicional de los carabineros, se declaró a favor del pueblo, y a la mañana siguiente las calles se llenaron de multitudes que exigían cambios profundos.
Arroyo del Río cayó, y Velasco Ibarra, entonces exiliado, fue llamado de regreso al poder. Al principio mostró ciertas inclinaciones hacia la izquierda, en un ambiente donde nacieron y se consolidaron organizaciones como la Confederación de Trabajadores del Ecuador y la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Ese impulso se desvaneció cuando, en marzo de 1946, Velasco rompió la Constitución progresista de 1945, se proclamó dictador, y convocó una nueva Asamblea Constituyente que lo ratificó en el cargo. Un militar lo derrocó en agosto de 1947.

El mito del «Gran Ausente» en el velasquismo
La prensa de la época construyó en torno a Velasco Ibarra una figura casi mesiánica. Durante su exilio, se le llamó «el Gran Ausente», presentado como la solución a todos los problemas del país. Su campaña de 1944 dejó eslóganes que capturan esa promesa desmedida: «Con Velasco churrasco», «Con Velasco azúcar», y en el pequeño pueblo de Sibambe, en Chimborazo, llegó a circular la consigna «con Velasco Ibarra, Hitler pide la paz».
Los especialistas coinciden en que Velasco Ibarra fue el primer político ecuatoriano en llevar la campaña a la plaza pública, recorriendo el país con un discurso moralista y maniqueo que se situaba por encima del respeto a las instituciones representativas. Se convirtió, según ha escrito la politóloga Flavia Freidenberg, en el redentor del país para unos y en la fuente de todos los males para otros, con una base social heterogénea que cambiaba de composición en cada una de sus candidaturas.
El único período completo
Tras un breve interinazgo y el gobierno modernizante de Galo Plaza Lasso, ya documentado en este sitio a propósito del auge bananero, Velasco Ibarra volvió a la presidencia en 1952. Fue, de sus cinco mandatos, el único que llegó a su término constitucional, en 1956. Coincidió con los años de mayor estabilidad económica del siglo, sostenidos por el propio auge del banano.
Ese contraste resulta revelador: el político que mejor encarnaba la inestabilidad institucional ecuatoriana gobernó sin sobresaltos, precisamente, en el único momento de bonanza económica sostenida que le tocó administrar.

La cuarta presidencia y la caída de 1961
En las elecciones de 1960, Velasco Ibarra explotó el sentimiento antiimperialista de la época y logró un triunfo contundente. No pudo sostenerse: fue depuesto en noviembre de 1961, y el poder pasó constitucionalmente al vicepresidente Carlos Julio Arosemena Monroy. Sería la penúltima de sus caídas; la última llegaría once años después, en 1972, cuando un golpe militar puso fin a su quinta y definitiva presidencia, abriendo paso a la etapa petrolera que este sitio ya ha documentado.
Cronología
| 1935-1937 | Dictadura civil de Federico Páez. |
| 1937-1938 | Gobierno de Alberto Enríquez Gallo; se expide el Código del Trabajo. |
| 1940-1944 | Presidencia de Carlos Arroyo del Río; invasión peruana de 1941 y Protocolo de Río de Janeiro de 1942. |
| 28 de mayo de 1944 | La Gloriosa derroca a Arroyo del Río. |
| 1944-1947 | Segunda presidencia de Velasco Ibarra; autogolpe de 1946; derrocado en agosto de 1947. |
| 1948-1952 | Presidencia de Galo Plaza Lasso. |
| 1952-1956 | Tercera presidencia de Velasco Ibarra, la única completada constitucionalmente. |
| 1956-1960 | Presidencia de Camilo Ponce Enríquez. |
| 1960-1961 | Cuarta presidencia de Velasco Ibarra; depuesto en noviembre de 1961. |
Conclusión
El velasquismo posterior a 1935 no fue una repetición idéntica del primero, sino una serie de variaciones sobre el mismo patrón: un liderazgo personalista capaz de movilizar coaliciones multiclasistas bajo un discurso moralista, seguido casi siempre por un choque con las instituciones que ese mismo liderazgo terminaba por desbordar. De sus cinco presidencias, cuatro terminaron en derrocamiento; solo la de 1952 a 1956 llegó a su fin de manera constitucional.
Esa estadística, más que una curiosidad, resume el problema central de la política ecuatoriana del siglo XX: un sistema capaz de producir liderazgos electoralmente arrolladores, pero incapaz, una y otra vez, de sostenerlos dentro de un marco institucional estable.
Fuentes y bibliografía
- Ayala Mora, Enrique. Resumen de Historia del Ecuador. Corporación Editora Nacional, Quito.
- Freidenberg, Flavia. «Los populistas clásicos: José María Velasco Ibarra, el monarca andino», OPERA, n.º 16, enero-junio 2015, pp. 99-130.
- De la Torre, Carlos. La seducción velasquista. Libri Mundi / FLACSO, Quito, 1993.
- Vega Ugalde, Silvia. La Gloriosa: de la revolución del 28 de mayo de 1944 a la contrarrevolución velasquista. Editorial El Conejo, Quito, 1987.
- Paz y Miño Cepeda, Juan J. «Ecuador en la globalización», Historia Actual Online, n.º 18, 2009.
Fuentes primarias
La «Proclama de la Guarnición Militar de Guayaquil» del 28 de mayo de 1944, recogida en la Universidad de Guayaquil, documenta de forma directa las razones declaradas del levantamiento que derrocó a Arroyo del Río. Los eslóganes de campaña citados en este artículo, publicados en la prensa de 1944, proceden de hojas volantes y periódicos de la época conservados en archivos ecuatorianos, entre ellos El Universo de Guayaquil y El Día de Quito.
Ver también
- La Guerra de los Cuatro Días y el ascenso de Velasco Ibarra (1932-1935)
- La etapa petrolera: el golpe de 1972 y el auge que transformó al Ecuador
- El auge bananero: Ecuador, primer exportador mundial (1948-1965)
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Sobre quien escribe
Jefferson
Soy docente en Ciencias de la Educación, con mención en Ciencias Sociales, y ejerzo la docencia desde 2020 tanto en el sector público como privado. La historia universal ha sido una pasión constante en mi vida, y de ahí nació la inquietud detrás de este proyecto: en años de investigar y recopilar información sobre la historiografía de mi país, me encontré una y otra vez con datos dispersos, imprecisos o directamente erróneos circulando en la red.
Ecuador en la Historia nace de esa necesidad —reunir en un solo espacio una historiografía rigurosa, verificable y bien fundamentada— y también de dos pasiones que confluyen aquí: mi fascinación por un pasado que encuentro tan misterioso y mitológico como desafiante, y mi interés por el futuro: la tecnología y las nuevas metodologías para investigar, organizar y compartir el conocimiento histórico.
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