Actualizado el 14 de septiembre de 2026
Introducción
Pocos episodios de la historia política ecuatoriana reciente resultan tan difíciles de clasificar como el Taurazo. El 16 de enero de 1987, durante una visita protocolaria a la Base Aérea de Taura, un grupo de comandos de la Fuerza Aérea Ecuatoriana secuestró al presidente León Febres Cordero, a su ministro de Defensa y al resto de su comitiva, y los mantuvo cautivos durante varias horas hasta obtener lo que exigían.
El origen del conflicto era, en el fondo, un asunto entre compadres: el general Frank Vargas Pazzos, jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas y padrino de bautizo del propio Febres Cordero, había denunciado un año antes una compra irregular de aviones, y terminó preso por ello pese a contar con una amnistía del Congreso que el presidente se negaba a reconocer.
Este artículo recorre el origen de la disputa entre Vargas Pazzos y Febres Cordero, los hechos del secuestro en Taura, y las memorias contrapuestas que sus propios protagonistas publicaron después para disputarse la versión de lo ocurrido.
Índice de contenidos
Ficha técnica
| Fecha del secuestro | 16 de enero de 1987 |
| Lugar | Base Aérea de Taura, provincia del Guayas |
| Presidente secuestrado | León Febres Cordero |
| Motivo del conflicto | Encarcelamiento del general Frank Vargas Pazzos, denunciante de una compra irregular de aviones Fokker F28 |
| Relación entre Febres Cordero y Vargas Pazzos | Compadres, padrinos de bautizo mutuos |
| Responsable señalado del operativo | Capitán John Maldonado |
| Exigencia principal de los secuestradores | Liberación y amnistía efectiva para Vargas Pazzos |
| Desenlace | Febres Cordero firmó los compromisos exigidos y fue liberado el mismo día |
| Vicepresidente durante la crisis | Blasco Peñaherrera Padilla, quien se distanció públicamente del presidente tras el episodio |
| Fuentes principales | Conaghan, Catherine M., «Partidos débiles, democracia inestable», FLACSO; Isaacs, Anita, «Los problemas de consolidación democrática en Ecuador» |
| Última revisión | Septiembre de 2026 |
Un compadre en la cárcel
El conflicto se remontaba a marzo de 1986, cuando el general Frank Vargas Pazzos, jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, denunció al ministro de Defensa por la compra, con sobreprecio, de un avión Fokker F28 destinado a la empresa pública de transporte aéreo. Vargas se sublevó en la Base Aérea de Manta en protesta por lo que consideraba corrupción y marginación de la Fuerza Aérea, un levantamiento que se prolongó varios días hasta su rendición.
Pese a que el Congreso Nacional aprobó una amnistía a su favor, Febres Cordero se negó a reconocerla y a publicarla en el Registro Oficial, manteniendo a Vargas Pazzos recluido en la Base Aérea de Quito. Esa negativa, sostenida durante casi un año, fue el detonante directo del secuestro de enero de 1987.

El Taurazo: las once horas de Taura
El 16 de enero de 1987, Febres Cordero llegó a la Base Aérea de Taura en una visita protocolaria, acompañado de su ministro de Defensa y de un nutrido grupo de jefes militares. Durante la propia ceremonia de bienvenida, comandos de la Fuerza Aérea partidarios de Vargas Pazzos secuestraron al presidente y a toda su comitiva, exigiendo la liberación inmediata del general encarcelado.
Tras varias horas de tensión, con medios de comunicación presentes en la base y cobertura en vivo de la crisis, Febres Cordero terminó por firmar los compromisos exigidos, entre ellos la libertad y amnistía efectiva de Vargas Pazzos, y fue liberado el mismo día. De regreso en Guayaquil, recibió expresiones de respaldo popular, pero el episodio había dejado una herida política que no cerraría fácilmente: su propio equipo económico se desbandó, y el vicepresidente Blasco Peñaherrera Padilla se distanció públicamente del gobierno en los meses siguientes.
Una guerra de memorias
El Taurazo generó, en los años inmediatamente posteriores, una auténtica disputa editorial entre sus propios protagonistas por fijar la versión definitiva de lo ocurrido. El capitán John Maldonado, uno de los responsables señalados del secuestro, publicó en 1988 Taura: lo que no se ha dicho. El propio vicepresidente Blasco Peñaherrera Padilla tituló su versión El viernes negro: antes y después de Taura, también de 1988, revelando en el proceso las tensiones internas entre él y el presidente durante la crisis. Febres Cordero respondió al año siguiente con una réplica airada, titulada significativamente Traición: testimonio para la historia.
Esa proliferación de testimonios contrapuestos —a los que se sumaron análisis académicos como los de Gonzalo Ortiz Crespo y la compilación colectiva El secuestro del poder— confirma que, más de tres décadas después, ni los propios protagonistas del Taurazo llegaron a ponerse de acuerdo sobre quién traicionó a quién.
Cronología
| Marzo de 1986 | El general Frank Vargas Pazzos denuncia una compra irregular de aviones y se subleva en la Base Aérea de Manta. |
| Marzo de 1986 | Vargas Pazzos se rinde y queda recluido en la Base Aérea de Quito. |
| 1986 | El Congreso aprueba una amnistía a favor de Vargas Pazzos, que Febres Cordero se niega a reconocer. |
| 16 de enero de 1987 | Comandos de la Fuerza Aérea secuestran al presidente Febres Cordero en la Base Aérea de Taura. |
| 16 de enero de 1987 | Febres Cordero firma los compromisos exigidos y es liberado el mismo día. |
| 1988 | Vargas Pazzos se afilia al partido APRE y se postula a la presidencia, capitalizando su popularidad tras el episodio. |
| 1988 | Se publican los libros de Maldonado y de Peñaherrera Padilla sobre el secuestro. |
| 1989 | Febres Cordero publica su propia réplica, Traición: testimonio para la historia. |
Conclusión
El Taurazo resiste cualquier lectura simple. No fue solo un enfrentamiento institucional entre el poder civil y una facción militar descontenta, sino también la ruptura pública de un vínculo personal entre compadres, resuelta con un presidente maniatado durante varias horas en su propia base aérea. La cascada de libros y réplicas que siguió al episodio confirma hasta qué punto sus protagonistas entendieron que la batalla por la memoria histórica sería tan importante como la propia crisis.
Más de tres décadas después, el episodio sigue siendo, para la historia política ecuatoriana, uno de esos momentos en que la distancia entre el poder formal y el poder real quedó expuesta con una claridad incómoda: bastaron un puñado de oficiales decididos para doblegar, en cuestión de horas, al jefe de Estado.
Fuentes y bibliografía
- Conaghan, Catherine M. «Partidos débiles, democracia inestable», FLACSO.
- Isaacs, Anita. «Los problemas de consolidación democrática en Ecuador».
- Maldonado, John. Taura: lo que no se ha dicho. Quito: Editorial El Conejo, 1988.
- Peñaherrera Padilla, Blasco. El viernes negro: antes y después de Taura. Quito: Editorial El Conejo, 1988.
- Febres Cordero, León. Traición: testimonio para la historia. Quito: Editora General del Ecuador, 1989.
- Artieda, Fernando, et al. El secuestro del poder. Quito: Editorial El Conejo, 1988.
Fuentes primarias
Los tres testimonios directos de los protagonistas del episodio —Taura: lo que no se ha dicho, del capitán John Maldonado; El viernes negro, del vicepresidente Blasco Peñaherrera Padilla; y Traición: testimonio para la historia, del propio León Febres Cordero— constituyen las fuentes primarias centrales sobre el secuestro, cada una desde una perspectiva distinta y frecuentemente contradictoria. Las entrevistas realizadas en 1989 al capitán Maldonado y al general Frank Vargas Pazzos, citadas en los análisis académicos posteriores sobre la consolidación democrática ecuatoriana, documentan de primera mano cómo los propios protagonistas justificaron sus acciones años después de los hechos.
Ver también
- La crisis bancaria de 1999 y la dolarización
- La Guerra de los Cuatro Días y el ascenso de Velasco Ibarra (1932-1935)
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Sobre quien escribe
Jefferson
Soy docente en Ciencias de la Educación, con mención en Ciencias Sociales, y ejerzo la docencia desde 2020 tanto en el sector público como privado. La historia universal ha sido una pasión constante en mi vida, y de ahí nació la inquietud detrás de este proyecto: en años de investigar y recopilar información sobre la historiografía de mi país, me encontré una y otra vez con datos dispersos, imprecisos o directamente erróneos circulando en la red.
Ecuador en la Historia nace de esa necesidad —reunir en un solo espacio una historiografía rigurosa, verificable y bien fundamentada— y también de dos pasiones que confluyen aquí: mi fascinación por un pasado que encuentro tan misterioso y mitológico como desafiante, y mi interés por el futuro: la tecnología y las nuevas metodologías para investigar, organizar y compartir el conocimiento histórico.
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