Salango: seis mil años en la costa de Manabí

El único registro detallado de arquitectura ceremonial formativa de la costa ecuatoriana: el santuario Engoroy, la pesca de atún, los entierros de la Calle 22 y la hipótesis de la ceniza.

Actualizado el 15 de agosto de 2026Publicado el 12 de agosto de 2026

Introducción

Salango, en la costa sur de Manabí, es uno de los sitios arqueológicos más ricos e informativos del Ecuador. Ha estado ocupado durante unos seis mil años, desde una aldea de pescadores del Arcaico Tardío fechada hacia el 4000 a. C. hasta el señorío manteño de Salangome que encontraron los españoles.

Su importancia no está en el tamaño ni en la espectacularidad de sus hallazgos, sino en algo más escaso: es el único lugar de la costa ecuatoriana donde se ha excavado y documentado en detalle una secuencia completa de arquitectura ceremonial. Cuando en 1982 aparecieron los muros de arcilla y las tumbas del recinto funerario Bahía II, no existía ningún informe comparable para el período en toda la costa. Cuatro décadas después, esa situación apenas ha cambiado.

Vista de la isla de Salango frente a la costa sur de Manabí
La isla de Salango, frente a la bahía del mismo nombre. Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).

Este artículo recorre la secuencia del sitio, el santuario formativo y sus estructuras sucesivas, la pesca de altura, el hallazgo funerario de la Calle 22 y su relación con una caída de ceniza volcánica, y el problema pendiente: buena parte de lo excavado sigue sin publicar.

Ficha técnica

UbicaciónSalango, cantón Puerto López, sur de Manabí
Código del sitioOMJPLP-141, con sectores A, B y C
OcupaciónUnos 6.000 años, desde c. 4000 a. C. hasta época colonial
Fases documentadasArcaico Tardío, Valdivia, Machalilla, Engoroy Medio y Tardío, Guangala Muy Temprana, Bahía II, Guangala Media, Manteño
Santuario formativoc. 600-100 a. C. (Engoroy Medio y Tardío)
ExcavacionesPrograma de Antropología para el Ecuador, 1979-1989, bajo Presley Norton; Universidad Técnica de Manabí, 2015-2016
Investigador principalRichard Lunniss
Hallazgo más singularDos entierros infantiles con cascos hechos de cráneos de otros niños, c. 100 a. C.
Fuentes principalesNorton, Lunniss y Nylen (1983); Lunniss (2001, 2008, 2023, 2024); Béarez, Gay y Lunniss (2012); Juengst, Lunniss y otros (2019)
Última revisiónAgosto de 2026

Seis mil años en un mismo lugar

Lo excepcional de Salango es la continuidad. En un mismo punto de la costa se superponen ocupaciones que en otros sitios aparecen dispersas: un campamento de pescadores del Arcaico Tardío, materiales Valdivia, un cementerio y una aldea Machalilla, el santuario Engoroy del Formativo Tardío, estructuras Bahía II y Guangala del Desarrollo Regional, y finalmente las terrazas y talleres de concha del período manteño.

Esa profundidad estratigráfica permite algo poco habitual: seguir la evolución de las prácticas rituales de una misma comunidad a lo largo de milenios, en vez de comparar sitios distintos y suponer continuidad. Los especialistas han señalado que el señorío manteño de Salangome tuvo sus raíces como entidad cultural en una identidad local bien establecida ya hacia el primer milenio antes de Cristo, centrada en el sitio de Salaite.

La ubicación explica parte de su importancia. Salango está a medio camino, unos setenta kilómetros a cada lado, entre La Libertad y Manta, los dos mayores centros de población precolombina del área. Para la época manteña, el comercio lo había situado en el centro de una red de intercambio articulada sobre todo en torno al Spondylus.

Las excavaciones

El trabajo sistemático comenzó en 1979, cuando el Programa de Antropología para el Ecuador, dirigido por Presley Norton, excavó estratigrafía profunda dentro y fuera del patio de una fábrica de pescado recién instalada en el extremo sur de la bahía. El detalle no es anecdótico: buena parte de la arqueología ecuatoriana se ha hecho en carrera contra la obra pública y privada.

En el sector OMJPLP-141B apareció una serie de pisos, casas y plataformas empleados para rituales religiosos durante unos quinientos años, entre el 600 y el 100 a. C., correspondientes a las fases Engoroy Medio y Tardío. Las campañas se prolongaron hasta 1989.

Un segundo momento llegó en 2015, cuando la Universidad Técnica de Manabí emprendió una excavación de rescate en la Calle 22, ciento cincuenta metros al norte, tras el monitoreo de la instalación de un nuevo sistema de alcantarillado. Una zanja abierta a máquina para las tuberías reveló la ocupación pesquera del Arcaico Tardío fechada hacia el 4000 a. C. Otra vez, el hallazgo llegó por la vía de una obra.

El santuario del Formativo Tardío

Durante los siglos que van del 600 al 100 a. C. se construyó en Salango una sucesión de casas y plataformas ceremoniales. La última de ellas, hecha de arcilla amarilla, fue escenario de enterramientos elaborados; a su alrededor, el suelo estaba punteado de pequeños huecos de los que emergían cientos de figurines de piedra interpretados como ancestros.

Richard Lunniss ha propuesto que estas estructuras deben entenderse en clave chamánica: no solo se construyeron para acciones rituales compatibles con esa cosmovisión, sino que las propias estructuras asumieron la identidad y la personalidad de los chamanes enterrados en ellas, hasta ser percibidas y configuradas como chamanes. Es una tesis interpretativa, y así conviene presentarla, pero se apoya en el uso y la disposición de figurines antropomorfos de concha, diente y piedra recuperados en cuatro estructuras.

Los materiales asociados encajan con ese marco: colmillos, cuentas de piedra verde, malaquita, madera fosilizada. En una de las plataformas se colocó, al construirla, un colgante de concha con rasgos humanos en la grada superior y cinco cuentas de piedra verde en la inferior; más tarde se enterró un colmillo liso de piedra blanca rodeado por un anillo de treinta y cuatro cuentas verdes.

Lo que parecía basura

Uno de los aportes metodológicos más interesantes de Salango tiene que ver con qué cuenta como ofrenda. El análisis mostró que los objetos depositados no eran solo piezas grandes, completas y sofisticadas -es decir, lo que se selecciona para exponer en un museo-, sino también fragmentos de artefactos y materiales naturales sin trabajar.

Entre las ofrendas había conchas marinas desgastadas recogidas probablemente en la playa y enterradas sin modificación alguna, y simples fragmentos de concha y piedra. En el Engoroy Tardío, conjuntos de tiestos, herramientas líticas comunes o sus fragmentos, huesos y conchas -que en otro contexto se habrían interpretado como desperdicio- resultaron ser sacrificios enterrados de forma deliberada, asociados a fogones y enterramientos humanos.

La conclusión que extrae Lunniss tiene alcance general: obliga a revisar la interpretación de otros sitios ceremoniales, ya excavados o por excavar, y exige que en el futuro se registre la ubicación exacta de todos los artefactos en contextos potencialmente estructurados. Lo que se descarta como basura puede ser precisamente el ritual.

El caso ilustra además cómo se elaboraba el espacio sagrado: mediante arquitectura visible en la superficie y sacrificios invisibles bajo tierra, ambos ordenados según un sistema complejo que representaba, a su vez, un sistema simbólico de valores cosmológicos.

La pesca de altura

Los recursos marinos suelen reconocerse como importantes en la dieta y la religión del Formativo, pero la pesca en sí rara vez se estudia con detalle. Salango es la excepción, gracias al análisis arqueoictiológico de Philippe Béarez, Patrick Gay y Richard Lunniss.

Lobo marino sobre las rocas de la isla de Salango
Lobo marino en la isla de Salango. Los colmillos de grandes carnívoros marinos figuran entre los objetos cargados de fuerza espiritual documentados en el santuario. Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).

Sus resultados son contundentes. Durante la fase Machalilla, hacia 1500-900 a. C., los escómbridos -atúnes y especies afines- constituyen el ochenta por ciento de los restos de pescado recuperados. No se trataba de pesca costera de subsistencia sino de captura de grandes peces pelágicos, para la que probablemente se usaron los grandes anzuelos circulares hallados en esos niveles.

En la fase siguiente, Engoroy, los escómbridos siguen predominando pero cambian las especies: donde antes dominaba el atún aleta amarilla, ahora prevalece el barrilete negro. Los autores proponen una explicación que merece atención por su prudencia: el descenso en la captura de atún no reflejaría un cambio en los patrones de pesca, sino un cambio en el comportamiento de los propios peces frente a la explotación sostenida.

La Calle 22 y el programa funerario

El descubrimiento de 2015-2016 transformó la comprensión del sitio. En la ampliación hacia el oeste de la zanja del alcantarillado aparecieron dos pequeños montículos funerarios contemporáneos, construidos a uno y otro lado de una zanja estrecha, con prácticas muy distintas de las documentadas en el sector 141B.

Su contenido y posición estratigráfica los atribuyen a una fase Guangala Muy Temprana no reconocida hasta entonces, fechada provisionalmente entre el 100 a. C. y el año 1 de nuestra era. En el tramo excavado aparecieron diez entierros: cuatro bebés en el montículo oeste, y en el este un hombre adulto -posiblemente el entierro fundador-, una mujer adulta, un niño y cuatro bebés, dos de ellos en un entierro doble.

El hallazgo más inusual fue el de dos bebés, uno en cada montículo, que llevaban a modo de cascos los cráneos modificados de otros niños mayores. La práctica no tiene paralelo conocido a escala mundial. Fue publicada en 2019 en Latin American Antiquity por Sara Juengst, Richard Lunniss, Abigail Bythell y Juan José Ortiz, tras el examen bioarqueológico realizado en el laboratorio de la Universidad Técnica de Manabí en 2018.

La hipótesis de la ceniza

Sobre la última plataforma ceremonial Engoroy del sector 141B, su rampa de acceso y el piso frontal, las excavaciones de los años ochenta habían registrado áreas de ceniza volcánica de uno a tres centímetros de espesor. Manabí ha recibido durante milenios caídas de ceniza procedentes de volcanes de la sierra situados a cientos de kilómetros al este.

El estudio de la Calle 22 llevó a reevaluar aquellos datos. Las similitudes entre los entierros de los montículos y varios de la plataforma de 141B, antes asignados al Engoroy Tardío, indicaron que todos formaban parte de un mismo programa funerario Guangala Muy Temprano, que incluyó la reutilización de la vieja plataforma ceremonial. Y la estratigrafía sitúa ese programa después de la caída de ceniza.

De ahí la hipótesis: que las muertes no solo siguieron cronológicamente a la caída de ceniza, sino que al menos en algunos casos fueron consecuencia de ella. El argumento se apoya en un dato desconcertante: todos los individuos de la Calle 22 presentaban patologías marcadas de enfermedad o estrés, siendo la tuberculosis el caso más destacado.

Conviene subrayar cómo formula el propio investigador esa conclusión: ante la incidencia anómala de patologías y las prácticas rituales inusuales, y en ausencia de evidencias para una alternativa, la caída de ceniza parece la causa última más probable. Es una hipótesis razonada, no un hecho establecido, y así se presenta en la literatura.

La lectura que propone Lunniss del conjunto es que el programa funerario buscó estructurar la comprensión y la experiencia de la cadena de acontecimientos -de la caída de ceniza al entierro final- de manera que la comunidad pudiera usar esa respuesta como base para reconstruir su vida. El ritual como forma de procesar una catástrofe.

Ciencia en curso

Salango es también un buen ejemplo de investigación abierta. Sobre los restos de la Calle 22 se desarrollan estudios de patologías óseas, isótopos estables para reconstruir dietas y movilidad, y análisis de ADN a cargo de John Lindo, de la Universidad Emory, que aportarán datos sobre los procesos de poblamiento precolombino de la costa ecuatoriana.

Varias tesis de maestría de la Universidad de Carolina del Norte en Charlotte se han ocupado del material: análisis paleopatológico y mortuorio, isótopos y dieta, análisis de estroncio para determinar si los enterrados eran locales o foráneos. Las conclusiones seguirán afinándose en los próximos años.

Lo que falta por publicar

Hay un problema que el propio Lunniss ha planteado de forma insistente y que este sitio considera parte de la historia del lugar. Una porción considerable de lo excavado entre 1979 y 1989 sigue sin analizar ni publicar.

Concretamente: los artefactos asociados al campamento Valdivia y al cementerio y la aldea Machalilla permanecen en gran medida sin estudiar; las estructuras ceremoniales de Bahía II y Guangala Medio esperan ser reconstruidas y sus elementos funerarios reportados en detalle; y las terrazas manteñas, los talleres de concha y sus rasgos asociados constituyen un campo entero pendiente. Faltan también los informes sobre las mitades delanteras de las estructuras del Desarrollo Regional.

El argumento de Lunniss es que completar esa descripción, análisis y publicación no es solo deseable sino necesario desde perspectivas cultural, científica, histórica y social. Un sitio excavado y no publicado equivale, a efectos prácticos, a información perdida: la destrucción del contexto ya ocurrió, y lo único que puede compensarla es el registro.

Cronología

c. 4000 a. C.Ocupación pesquera marina del Arcaico Tardío (Zanja 1, Calle 22).
c. 1500-900 a. C.Fase Machalilla: pesca de atún aleta amarilla con grandes anzuelos circulares.
c. 600-100 a. C.Santuario Engoroy Medio y Tardío: casas y plataformas ceremoniales sucesivas.
c. 100 a. C. – 1 d. C.Fase Guangala Muy Temprana; caída de ceniza volcánica y programa funerario.
Desarrollo RegionalEstructuras Bahía II y Guangala Media.
IntegraciónTerrazas y talleres de concha del señorío manteño de Salangome.
1979-1989Excavaciones del Programa de Antropología para el Ecuador (Presley Norton).
1982Aparecen los muros y tumbas del recinto funerario Bahía II.
2015-2016Excavación de rescate de la Calle 22 por la Universidad Técnica de Manabí.
2019Publicación de los entierros infantiles en Latin American Antiquity.

Conclusión

Salango vale menos por sus objetos que por su información. No ha dado máscaras de oro ni monumentos visibles desde lejos, pero ha entregado algo más difícil de obtener: una secuencia continua de seis mil años y el único registro detallado de arquitectura ceremonial formativa de la costa ecuatoriana.

Sus dos aportes mayores son metodológicos antes que espectaculares. Uno: que lo descartable puede ser lo ritual, y que un montón de tiestos y conchas gastadas puede constituir una ofrenda deliberada. Dos: que una comunidad prehispánica respondió a una catástrofe natural construyendo un programa funerario, es decir, elaborando ritualmente el desastre para poder seguir viviendo después de él.

Queda la advertencia. Un sitio excavado cuyos materiales duermen sin analizar en depósitos es, en la práctica, un sitio a medio destruir. La deuda de publicación de Salango es también una deuda con lo que ese lugar todavía puede contar.

Fuentes y bibliografía

  • Norton, Presley, Richard Lunniss y N. Nylen. «Excavaciones en Salango, provincia de Manabí, Ecuador», Miscelánea Antropológica Ecuatoriana, 1983.
  • Lunniss, Richard. Archaeology at Salango, Ecuador: an Engoroy ceremonial site on the south coast of Manabí. Tesis doctoral, Institute of Archaeology, University of London, 2001.
  • Lunniss, Richard. «Where the land and the ocean meet: the Engoroy phase ceremonial site at Salango, Ecuador, 600-100 BC», en John E. Staller (ed.), Pre-Columbian Landscapes of Creation and Origin, Springer, Nueva York, 2008.
  • Lunniss, Richard. «Chamanes precolombinos en Salango, costa central del Ecuador, durante el Formativo Tardío (600-100 a. C.)», STRATA. Revista Ecuatoriana de Arqueología y Paleontología, vol. 2, n.º 1, INPC, 2024.
  • Lunniss, Richard. «Después de la catástrofe: investigando un programa funerario del Período Desarrollo Regional en Salango», 2023.
  • Lunniss, Richard. «El caso de Salango: rescatando el patrimonio cultural ecuatoriano».
  • Béarez, Philippe, Patrick Gay y Richard Lunniss. «Pesca de atún en Salango durante la fase Machalilla», Latin American Antiquity 23(2), 2012, pp. 195-214.
  • Juengst, Sara, Richard Lunniss, Abigail Bythell y Juan José Ortiz. «Unique infant mortuary ritual at Salango, Ecuador, 100 BC», Latin American Antiquity, 2019.
  • Bythell, Abigail. A paleopathological and mortuary analysis of Guangala burials from Salango, Ecuador (100 BCE-800 CE). Tesis de maestría, University of North Carolina, Charlotte, 2019.
  • Cobb, E. Guangala isotopes and dietary identity at Salango, Ecuador. Tesis de maestría, UNC Charlotte, 2021.
  • Isaacson, J., y James Zeidler. «Accidental history: volcanic activity and the end of the Formative in northwestern Ecuador», en P. Mothes (coord.), Actividad volcánica y pueblos precolombinos en el Ecuador, Abya-Yala, Quito, 1998.

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