Actualizado el 1 de octubre de 2026
Introducción
José de San Martín nunca gobernó el Ecuador ni peleó una sola batalla en su territorio. Y sin embargo su nombre aparece una y otra vez en la historia de la independencia quiteña: fue él quien, como Protector del Perú, envió los primeros refuerzos que permitieron a Sucre ganar la batalla de Pichincha, y fue él quien, dos meses después de esa victoria, llegó a Guayaquil para reunirse a solas con Simón Bolívar en uno de los encuentros más discutidos de la historia americana.
Esa reunión de julio de 1822 —ya narrada en detalle en este sitio— marcó también el final de la carrera pública de San Martín: dos semanas después de abrazar a Bolívar, renunció al gobierno del Perú, se embarcó rumbo a Chile y nunca volvió a empuñar un mando militar. Esa salida silenciosa, tan distinta del final de Bolívar o de Sucre, es parte de lo que hace de San Martín una figura distinta entre los libertadores: el que ganó tres independencias —Argentina, Chile y Perú— y luego, en el momento de mayor poder, se apartó.
Esta entrada recorre esa trayectoria completa: la infancia en una misión jesuita del Río de la Plata, los veinte años al servicio del ejército español, el regreso a una tierra que apenas conocía para ponerse al frente de su independencia, el cruce de los Andes, la liberación de Chile y Perú, la decisión que tomó en Guayaquil y los años finales de exilio voluntario en Francia.
Índice de contenidos
Ficha técnica
| Nombre completo | José Francisco de San Martín y Matorras |
| Nacimiento | 25 de febrero de 1778, Yapeyú, Virreinato del Río de la Plata |
| Título | Protector del Perú (1821-1822); libertador de Argentina, Chile y Perú |
| Cruce de los Andes | Enero de 1817, al mando del Ejército de los Andes |
| Entrevista de Guayaquil | 26-27 de julio de 1822, con Simón Bolívar |
| Muerte | 17 de agosto de 1850, Boulogne-sur-Mer, Francia |
Un niño de la frontera: de Yapeyú al ejército español
José de San Martín nació el 25 de febrero de 1778 en Yapeyú, un antiguo pueblo-misión jesuita a orillas del río Uruguay, en el extremo norte de lo que entonces era el Virreinato del Río de la Plata. Su padre, Juan de San Martín, era el teniente gobernador del departamento; su madre, Gregoria Matorras. En 1784, cuando José tenía seis años, la familia regresó a España, y fue allí donde se educó y donde comenzó, siendo apenas un adolescente, su carrera militar.
El 9 de julio de 1789 ingresó como cadete al Regimiento de Murcia. En los años siguientes ascendió de forma constante: segundo subteniente en 1793, primer subteniente en 1794, segundo teniente en 1795. En 1808 combatió en la Guerra de la Independencia española contra la ocupación napoleónica, destacándose junto al general marqués de Coupigny en la batalla de Bailén, una de las primeras derrotas del ejército de Napoleón en Europa. Ese mismo año fue ascendido a teniente coronel de caballería. Para entonces San Martín llevaba casi veinte años sirviendo a la Corona española, con el expediente militar de un oficial europeo experimentado, no el de un improvisado criollo tomando las armas por primera vez.

El regreso a Buenos Aires y la Logia Lautaro
Esa experiencia es justamente lo que hace llamativa su siguiente decisión. El 12 de enero de 1812, San Martín zarpó desde Londres hacia Buenos Aires, una ciudad que apenas recordaba de su infancia. Allí se puso al servicio de la causa independentista rioplatense, y el 16 de marzo de ese año recibió el nombramiento de teniente coronel efectivo del ejército de las Provincias Unidas. Ese mismo año participó en la fundación de la Logia Lautaro, una sociedad secreta de inspiración masónica dedicada a coordinar la estrategia política y militar de la independencia sudamericana, con ramificaciones posteriores en Chile y Perú.
San Martín entendió pronto algo que otros líderes rioplatenses no veían con la misma claridad: mientras el Alto Perú siguiera en manos realistas, la independencia de Buenos Aires nunca estaría a salvo, porque desde allí la Corona española podía reorganizar sus fuerzas y reconquistar el sur. Su respuesta fue un plan tan ambicioso como indirecto: en lugar de atacar el bastión realista de frente, cruzaría los Andes hacia Chile, liberaría ese territorio y desde ahí, por mar, llevaría la guerra hasta Lima, el corazón del poder virreinal en Sudamérica.
El cruce de los Andes y la liberación de Chile
Como gobernador de la provincia de Cuyo, San Martín pasó varios años organizando en secreto el Ejército de los Andes: reclutó soldados, fundió cañones, cosió uniformes y acopió provisiones para una campaña sin precedentes en la región. El 12 de enero de 1817 inició el cruce de la cordillera con cerca de 4.000 soldados y 1.200 milicianos, divididos en varias columnas que avanzaron por distintos pasos andinos para confundir a los realistas sobre la ruta real del ataque. Fue una hazaña logística tanto como militar: miles de hombres, mulas, artillería y suministros atravesando pasos de más de 3.000 metros de altura.

El 12 de febrero de 1817 el Ejército de los Andes derrotó a las fuerzas realistas en la batalla de Chacabuco, abriendo el camino a Santiago. San Martín declinó el cargo de director supremo de Chile, que recayó en su aliado Bernardo O’Higgins, y se concentró en terminar el trabajo militar: la independencia chilena quedó sellada un año después, el 5 de abril de 1818, en la batalla de Maipú. Con Chile libre, San Martín tenía ya la base naval que necesitaba para el segundo tramo de su plan: la invasión del Perú por mar.

El Protector del Perú
San Martín entró en Lima el 12 de julio de 1821, apenas unos días después de que el último virrey, José de la Serna, abandonara la capital hacia la sierra sur sin presentar batalla. El 28 de julio se declaró formalmente la independencia del Perú en una ceremonia multitudinaria —el cronista Tomás Guido calculó una asistencia de unas 16.000 personas— y el 3 de agosto San Martín instauró el Protectorado, un gobierno provisional en el que concentró el poder político y militar con el argumento de que el país necesitaba, en sus propias palabras, «un gobierno vigoroso» capaz de «frenar los males y evitar la anarquía».
El Protectorado tuvo logros reales —entre ellos un decreto de libertad de vientres que anticipaba la abolición de la esclavitud— pero también encontró una resistencia que San Martín no esperaba: buena parte de la aristocracia limeña, inquieta por su política anti-peninsular y por las medidas contra la Iglesia impulsadas por su ministro Bernardo de Monteagudo, nunca terminó de respaldarlo. Mientras tanto, los realistas conservaban un ejército intacto refugiado en la sierra, y derrotarlo sin ayuda externa parecía, cada vez más, una tarea fuera del alcance del Protector.
La entrevista de Guayaquil y la renuncia
Esa necesidad de refuerzos es lo que llevó a San Martín hasta Guayaquil en julio de 1822, dos meses después de que Sucre ganara la batalla de Pichincha y apenas dos semanas después de que Bolívar incorporara la Provincia Libre de Guayaquil a la República de Colombia. El relato completo de ese encuentro —sus dos entrevistas a puertas cerradas, el misterio sobre lo que realmente se dijo y la anexión de Guayaquil que se consumó esos mismos días— tiene su propio espacio en este sitio; aquí basta con señalar su desenlace para la biografía de San Martín.
El propio San Martín resumió después el objetivo de su viaje: «mi viaje a Guayaquil no tuvo otro objeto que el de reclamar del general Bolívar los auxilios que pudiera prestar para terminar la guerra del Perú». Pero los refuerzos que Bolívar ofreció fueron modestos, muy por debajo de lo que el Protector necesitaba, y el tema de Guayaquil —que San Martín esperaba discutir— ya estaba zanjado antes de que la conversación empezara. Bolívar, por su parte, le escribió a Santander días después que la reunión había sido poco más que «abrazarnos, conversar y despedirnos», y remató con una frase que sonaba casi a despedida anticipada de la vida pública: «ya no me falta más que retirarme y morir».
San Martín regresó a Lima el 19 de agosto con noticias peores que las que había dejado: su ministro Monteagudo había sido depuesto y desterrado en su ausencia, señal de que su propio gobierno se le escapaba de las manos. El 20 de septiembre de 1822 inauguró el primer Congreso Constituyente del Perú y, al día siguiente, renunció al Protectorado. Se embarcó hacia Chile y, meses después, cruzó de vuelta los Andes hacia Mendoza. Nunca volvió a ejercer un mando militar ni un cargo de gobierno en ningún país sudamericano.
El exilio final en Europa
Tras la muerte de su esposa, Remedios de Escalada, en 1823, San Martín decidió llevarse a su única hija, Mercedes, a Europa. Se instaló primero en Bruselas y luego en Francia, donde vivió las últimas décadas de su vida alejado por completo de la política americana, pese a que varios gobiernos —incluido el de Buenos Aires durante el conflicto con el Imperio del Brasil— le ofrecieron en más de una ocasión regresar a tomar un mando militar. San Martín rechazó siempre esas invitaciones.
Murió el 17 de agosto de 1850, a los 72 años, en su casa de Boulogne-sur-Mer, en el norte de Francia, rodeado de su hija y su familia. Sus restos permanecieron en suelo francés durante tres décadas hasta que, en 1880, fueron repatriados a Buenos Aires y depositados en un mausoleo dentro de la Catedral Metropolitana, donde descansan hasta hoy.

El legado disputado de un libertador que se retiró
San Martín es, junto con Bolívar, el único militar que puede atribuirse la liberación de tres países sudamericanos, y es recordado oficialmente como padre de la patria en Argentina, libertador en Chile y uno de los dos próceres —junto a Bolívar— de la independencia peruana. Pero a diferencia de Bolívar, que murió en 1830 todavía enredado en la política de la Gran Colombia que se desintegraba a su alrededor, San Martín eligió el retiro voluntario en el momento de mayor poder, veintiocho años antes de su muerte.
Esa decisión —renunciar en vez de disputar el poder con Bolívar por las armas, como algunos de sus propios oficiales le propusieron hacer— ha sido leída de maneras opuestas por la historiografía: para unos, es la prueba de un desinterés genuino por el poder personal, poco común entre los caudillos de la independencia; para otros, fue simplemente el reconocimiento realista de que, sin el respaldo militar de Colombia, el Protectorado ya no tenía futuro. Ninguna de las dos lecturas es incompatible con la otra, y las fuentes disponibles —la correspondencia cruzada entre ambos libertadores, nunca plenamente reveladora— no permiten zanjar la pregunta con certeza.
Cronología
| 25 de febrero de 1778 | Nace en Yapeyú, Virreinato del Río de la Plata |
| 1789-1811 | Carrera militar en el ejército español; combate en Bailén (1808) |
| 12 de enero de 1812 | Llega a Buenos Aires; funda la Logia Lautaro |
| 12 de enero de 1817 | Inicia el cruce de los Andes con el Ejército Libertador |
| 12 de febrero de 1817 | Victoria en la batalla de Chacabuco |
| 5 de abril de 1818 | Victoria definitiva en Maipú; independencia de Chile asegurada |
| 12 de julio de 1821 | Entra a Lima; declara la independencia del Perú el 28 de julio |
| 3 de agosto de 1821 | Instaura el Protectorado del Perú |
| 26-27 de julio de 1822 | Entrevista de Guayaquil con Simón Bolívar |
| 20-21 de septiembre de 1822 | Inaugura el Congreso Constituyente del Perú y renuncia al Protectorado |
| 17 de agosto de 1850 | Muere en Boulogne-sur-Mer, Francia |
| 1880 | Sus restos son repatriados a Buenos Aires |
Conclusión
La biografía de José de San Martín tiene una estructura poco común entre los próceres americanos: dos décadas sirviendo al ejército que después combatió, una campaña militar de precisión casi obsesiva para liberar Chile y Perú, y un final abrupto, a los 44 años, en el que eligió apartarse en vez de disputar el poder. Para Ecuador, ese final tuvo un capítulo propio: fue en Guayaquil, en julio de 1822, donde San Martín decidió —o terminó de confirmar— que su papel en la emancipación americana había concluido.
Casi dos siglos después, Argentina, Chile y Perú siguen reclamándolo como propio, y la pregunta sobre qué pasó exactamente en aquellas dos reuniones a solas con Bolívar sigue sin una respuesta documentada. Lo que las fuentes sí permiten reconstruir con certeza es la trayectoria del hombre: su formación como militar europeo, su plan continental de liberación por el Pacífico, y la renuncia que lo convirtió, para la historiografía, en el libertador que se retiró en silencio.
Fuentes y bibliografía
- Scarlett O’Phelan Godoy, «La independencia del Perú antes y después de la entrevista de Guayaquil entre San Martín y Bolívar en 1822», Anales del Museo de América, 2021, pp. 141-164 (corpus documental del proyecto).
- Carlos Felipe Cifuentes Rojas, «La diplomacia continental de la República de Colombia (1819-1826)», Ciencia Nueva, revista de Historia y Política, vol. 7, núm. 1, 2023 (corpus documental del proyecto).
- Galo Cruz, «De Pichincha a Ayacucho: de la decisión operativa a la conclusión estratégica», en Bicentenario de la Independencia del Ecuador (corpus documental del proyecto).
- Datos biográficos de la etapa española, el regreso a Buenos Aires y la muerte en Boulogne-sur-Mer verificados externamente en fuentes institucionales: Bicentenario del Perú (bicentenario.gob.pe) y Facultad de Ciencias Aplicadas a la Industria, Universidad Nacional de Cuyo (fcai.uncuyo.edu.ar) — se señalan como fuente externa porque el corpus documental del proyecto se concentra en la etapa sudamericana de San Martín (1817-1822), no en su biografía temprana ni en su exilio final.
Fuentes primarias
Carta de Simón Bolívar a Francisco de Paula Santander, 29 de julio de 1822, citada en Cruz (Bicentenario de la Independencia del Ecuador). Bartolomé Mitre, Historia de San Martín (1944), citado en O’Phelan Godoy 2021. Memorias de Guillermo Miller, citadas en O’Phelan Godoy 2021.
Ver también
- La entrevista de Guayaquil: Bolívar y San Martín (1822)
- Simón Bolívar y el Ecuador: la anexión de Guayaquil y el ocaso de la Gran Colombia (1822-1830)
- La Batalla de Pichincha y la independencia de Quito
Seguir leyendo
Si esto te interesó, hay más
Avisamos por correo cuando sale una entrada nueva. Nada más: sin boletines semanales ni relleno.
Sobre quien escribe
Jefferson
Soy docente en Ciencias de la Educación, con mención en Ciencias Sociales, y ejerzo la docencia desde 2020 tanto en el sector público como privado. La historia universal ha sido una pasión constante en mi vida, y de ahí nació la inquietud detrás de este proyecto: en años de investigar y recopilar información sobre la historiografía de mi país, me encontré una y otra vez con datos dispersos, imprecisos o directamente erróneos circulando en la red.
Ecuador en la Historia nace de esa necesidad —reunir en un solo espacio una historiografía rigurosa, verificable y bien fundamentada— y también de dos pasiones que confluyen aquí: mi fascinación por un pasado que encuentro tan misterioso y mitológico como desafiante, y mi interés por el futuro: la tecnología y las nuevas metodologías para investigar, organizar y compartir el conocimiento histórico.
Cada entrada de este sitio se construye a partir de fuentes académicas, archivísticas y arqueológicas verificables, con un proceso de curación y contraste de fuentes que aplico con el mismo rigor que exijo en mi labor docente.


